CÓRDOBA: Cirios, un arcángel y Anguita paseando

Dijo Lorca que «Córdoba, lejana y sola». Nunca la he visto así, quizá porque el poeta era granadino y venía allende los campos y, claro, yo soy cordobés, y eso me ha producido una curiosa afección consistente en cercanía y multitud respecto a la ciudad de los Omeyas. Veamos.

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HÉRCULES, VII. En busca de esposa.

Con Hércules todo era similar, y cuando se trataba del dulce tálamo más. Así se las gastaba nuestro protagonista: casando a antiguas esposas con sobrinos, rompiendo pactos maritales hechos en el infierno con héroes muertos y jugándose una esposa en una competición de arco. Que se abra el telón.

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HÉRCULES, VI. Los dos últimos trabajos.

Conozcamos cómo acaban las doce pruebas de Hércules, conozcamos cómo se bate con el mismísimo Cerbero, conozcamos sus dotes de geógrafo y conozcamos por qué, gracias a Prometeo, a los mapamundi no se les llama hérculos en vez de «atlas».

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BIENVENIDO, MISTER MARSHALL: americanos, os recibimos con alegría

Villar del Río, un pueblecito en blanco y negro, todos los lugareños disfrazados de andaluces y, en el balcón que cuelga de una pared encalada, Manolo Morán y Pepe Isbert se dirigen a la concurrencia. En Bienvenido, Mister Marshall, Berlanga nos deja impresa una marca imborrable: a través de ella entendemos aún hoy a la España profunda, ésa que reaparece todos los días en cualquier tren de cercanías, en la cola del pan, en una conversación telefónica…

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HÉRCULES, V. El décimo trabajo por tierras hispanas.

¿Existían los catalanes en el final del segundo milenio a. C.? ¿El nombre de los piri-neos es una mezcla de «matrix» y chirigota? ¿Las columnas de Hércules se las inventó Chaves? Por favor, leed el artículo y resolved vuestras dudas.

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HÉRCULES, IV. Un paréntesis en sus trabajos: la primera guerra de Troya

—Oh diosa, no nos cuentes otra vez la guerra de Troya y la cólera del Pelida Aquiles, aquella que innumerables males causó a los aqueos; canta ahora la ventura del Álcida Hércules y su paso por la ciudad de las altas murallas, anda.
—Antes me dejo barba.
—Venga, venga, venga, venga… ¿No me la quiere contar nadie?
—Ale, lo haré yo.
—No, tú no, por caridad, tú no…

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