GONZALO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, «EL GRAN CAPITÁN»

I

GONZALO FERNANDEZ DE CORDOBA  «EL GRAN CAPITÁN»Gonzalo Fernández de Córdoba era un noble andaluz de la familia Aguilar, la cual provenía de la tierra gallega de Lemos y había descendido hacia el sur según progresaba la Reconquista.

Gonzalo había nacido en Montilla (Córdoba) en 1453, poco se sabe de su infancia, su padre murió cuando Gonzalo tenía dos años de edad y entonces se convirtió en  jefe de la casa de Aguilar su hermano mayor Alfonso de Córdoba. Abocado a ser un segundón en su familia, nada hacía presagiar que Gonzalo llegaría a ser uno de los grandes militares de la historia.

Buscándole un porvenir, su hermano le hizo paje del Arzobispo Carrillo, por entonces aliado fundamental de Isabel la Católica; en la corte de la Princesa  Isabel  el joven Gonzalo, que tenía quince años, destacó en los juegos y con las armas.

Como paje del Arzobispo Carrillo, Gonzalo debió de estar presente en el pacto de Toros de Guisando de 1468  en el que el Rey Enrique IV reconoció a Isabel la Católica como heredera en el trono de Castilla. También Gonzalo debió de estar presente  en la boda de los príncipes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón acontecida en Valladolid en 1469.

En 1473, con veinte años de edad, Gonzalo volvió a Córdoba y contrajo matrimonio; al poco de casarse fue hecho prisionero por el Conde de Cabra pues la casa de Cabra era la tradicional enemiga de la casa de Aguilar en el marco de las guerras nobiliarias que por entonces sacudían al reino de Castilla.

Gonzalo se pasó dos años en prisión, Isabel la Católica recién coronada Reina en 1474 gestionó la liberación de Gonzalo y acudió a Córdoba en 1478 para reconciliar a la casa de Cabra con la casa de Aguilar, objetivo que logró.

Liberado de la prisión, Gonzalo se reincorporó a la corte de Isabel la Católica y quizás estuvo presente en la decisiva  batalla de Toro de 1476, en la que las tropas de Isabel triunfaron sobre las tropas de Juana la Beltraneja.

Donde sí estuvo con toda seguridad Gonzalo fue en la batalla de Albuera de 1479. Al frente de una compañía de ciento veinte hombres Gonzalo destacó en esa batalla formando parte del ejército del Maestre de Santiago Álvaro de Cárdenas, el propio Maestre de Santiago felicitó a Gonzalo por su buen comportamiento en la lucha. En Albuera  se puso punto y final a las aspiraciones  políticas de  Juana la Beltraneja, terminando así la guerra civil en Castilla.

Asentada en el trono de Castilla Isabel la Católica se dedicó a proporcionar a su país unas cotas de prosperidad y grandeza increíbles; esta labor  política la llevó a mirar al sur y a lanzar la guerra contra el último emporio musulmán de la península: Granada. Aunque no debemos olvidar que la guerra fue provocada por el Rey de Granada  Muley Hacem que atacó la localidad de Zahara después de negarse a pagar tributos a Castilla.

La nobleza castellana encontró en la guerra de Granada un punto  al que dirigir sus energías, Gonzalo fue un noble más en incorporarse a la empresa de la culminación de la Reconquista y allí destacó.

Durante los primeros años de la guerra de Granada Gonzalo sobresalió al  frente de sus ciento veinte lanzas, como en la batalla de Albuera, convirtiéndose en un Capitán famoso.

En esos primeros años caen en manos cristianas Alhama, Zahara, Alora, Setenil, Coín, Cártama, Ronda, Marbella, Cambil y Alhabar.

El once de mayo de 1486 comenzó el ataque a Loja. Los cañones cristianos disparan y abren brechas por donde penetrarán las tropas, Gonzalo  entra en la ciudad al frente de sus hombres y llega luchando hasta la torre de Benjebit donde Boabdil  el Chico, Rey de Granada, tiene su real. Boabdil quiere parlamentar pero anuncia que sólo lo hará con Gonzalo Fernández, a quien ya conoce; a todo esto hay que señalar que Gonzalo estudió en su juventud el árabe, lengua que domina.

Satisfaciendo los deseos de Boabdil fue Gonzalo el  elegido para parlamentar con él. Gonzalo intenta convencer a  Boabdil para que se rinda y para que confíe en la magnanimidad de los Reyes Católicos. Boabdil el Chico accede a rendirse y tal y como le prometió Gonzalo es perdonado y puede marcharse.

El episodio de Loja demuestra el enorme prestigio que tenía Gonzalo en esa época pues el mismísimo Boabdil señala que sólo parlamentará  con Gonzalo y con nadie más. Gonzalo se había convertido en un gran soldado que luchaba bravamente por sus reyes y que se había ganado el respeto y la admiración de sus  enemigos.

El Rey Fernando el Católico decide seguidamente atacar la ciudad de Illora que  ocupa  una importante posición estratégica. Ordena la operación a Gonzalo y éste hace disparar la artillería que abre brechas en las murallas. El Alcaide de la  villa Ali Atar comprende que la defensa es imposible y solicita parlamentar. Gonzalo entrará con una pequeña escolta en la ciudad aceptando poco después su rendición. Fue un gran triunfo de Gonzalo por  el que fue felicitado calurosamente por Isabel la Católica, su querida e idolatrada Reina.

Ésta fue la  primera victoria de Gonzalo, preludio de una larga carrera de éxitos que la harían pasar a la historia como uno de los mejores militares que el mundo ha conocido.

Gonzalo fue nombrado Alcaide de Illora y allí desplegará una gran actividad ayudando al bando granadino amigo y organizando acciones de espionaje. En su nuevo puesto Gonzalo lanzará razzias contra las localidades enemigas llegando en  ocasiones a entrar en la misma Granada.

Estas operaciones proporcionaron gran fama y prestigio a Gonzalo, mezclándose en las historias la realidad con la leyenda. Los cronistas hablan refiriéndose a Gonzalo de su habilidad, valor y suerte y de sus muchas actividades.

Más tarde, en 1491, Gonzalo se incorpora al ejército de Fernando para  conquistar la  última plaza musulmana que falta para terminar la guerra, que no es otra que la propia Granada.

Concluida la guerra de Granada en 1492 Gonzalo Fernández se ha convertido en una de las grandes personalidades del reino. Tras un comienzo humilde como paje del  Arzobispo Carrillo supo medrar para terminar codeándose con la eéite del país.

II

No  habían pasado muchos años desde la finalización de la guerra de Granada cuando los Reyes Católicos fijaron su atención en otro foco de conflictos: el sur de Italia.

El origen de la guerra de Italia se halla en las ambiciones del Rey de Francia Carlos VIII. Este Monarca francés se atribuía derechos sobre Nápoles y tierra santa y concibió el plan  de entrar en Italia, deponer al Papa  Alejandro VI sustituyéndole  por otro más afecto a Francia, conquistar Nápoles, donde reinaba un pariente de Fernando el Católico, y desde allí abalanzarse sobre Chipre y Jerusalén para conquistarlos también.

Con la finalidad de tener resguardadas sus espaldas Carlos VIII firmará tratados de paz con los Reyes Católicos y con Maximiliano I de Austria; a los primeros les entregó el  Rosellón y la Cerdaña y a Maximiliano I el Franco Condado.

Con esa generosidad el Monarca Francés pretendía que tanto España como el Imperio Alemán no le atacaran ante la operación que iba a ejecutar y  para España, especialmente para Aragón, fue una gran alegría recuperar el Rosellón y la Cerdaña que habían sido perdidos por el padre de Fernando el Católico.

En 1495 Carlos VIII de Francia se lanza con su ejército sobre Italia donde no encontrará apenas resistencia,  los estados italianos uno tras otro le rinden sumisión. El Rey francés llega a  Roma con intención de deponer al Papa Alejandro VI pero éste se refugia en el castillo de San Angelo y planta cara al  invasor. Carlos VIII, conmovido por el gesto del Papa español, se acabó arrodillando ante él y le reconoció como verdadero Papa renunciando a sus planes de deponerle.

Carlos VIII  continúa su marcha a través de la península italiana y alcanza Nápoles a la que conquista con facilidad,;la primera parte del sueño del Rey francés se ha cumplido, ya es dueño de Nápoles y tiene a Italia sometida.

El Monarca francés ha conseguido algo increíble pues ha conquistado toda Italia y ni el Papa ni el Emperador han sido capaces de detenerle; sin embargo su  suerte dura poco porque Fernando el Católico organiza una alianza contra él, la Liga Santa, de la que formarán parte España, el Imperio Alemán, el  Papa, Inglaterra, Nápoles, Venecia, Génova y Milán.

Además de eso, los Reyes Católicos enviarán un ejército español a Italia para expulsar de allí a los franceses. Isabel la Católica eligió como Comandante Supremo de ese contingente militar a nuestro Gonzalo Fernández  de Córdoba y esa elección fue un gran acierto de la Reina pues allí  Gonzalo se revelaría como un gran caudillo militar.

Cuando el Rey francés Carlos VIII  conoció los movimientos  realizados por  Fernando el Católico, asustado por una posible invasión de Francia, deja la mitad de sus tropas en Nápoles al mando del Duque de  Montpensier y con la otra mitad se dirige de vuelta a su país,  para lo que tendrá que atravesar toda Italia.

Gonzalo llegó a Nápoles en mayo de  1496 con un ejército cuyos capitanes son en su mayoría castellanos; frente a él  están  las tropas francesas dirigidas  por el Duque de Monpensier y Monsieur  D´Aubigny. Gonzalo tiene un pequeño número de hombres pero compensa ese defecto con una buena organización.

Las tropas españolas curtidas en la Guerra de  Granada obtendrán un triunfo tras otro, aunque conocieron la derrota en la batalla de Seminara, hasta que obtuvieron la  gran victoria de Atella que supuso la expulsión de los franceses de Nápoles y la recuperación del reino de Nápoles por su Rey legítimo Fadrique. La batalla de  Atella fue la consagración definitiva de Gonzalo, su sobrenombre de Gran Capitán le fue dado por su comportamiento en esa batalla. Toda Italia le admira, se ven en él cualidades de  gran militar, su disciplina, rapidez de acción, audacia e iniciativa son destacadas por todos.

Seguidamente Gonzalo se dirige al norte y entra en Roma. La ciudad Eterna esta asolada por el hambre y la peste porque en el puerto de Ostia hay una guarnición francesa que impide la llegada de alimentos  y víveres.  El Papa no logra terminar con ese bloqueo y pide ayuda a Gonzalo que se dirige a Ostia a la sazón defendida por un tal  Menoldo Guerri, un bandido al servicio de Francia. Con la valiosa experiencia  de la conquista de fortalezas casi inexpugnables en la Guerra de Granada  los españoles no encuentran dificultades para entrar en el castillo de Ostia y apresar  al  jefe de los franceses.

Roma recibe con alegría a los españoles y el Papa Alejandro VI se entrevista con Gonzalo y le concede la Rosa de Oro.

El  Gran Capìtán  vuelve a Nápoles donde es recibido entusiásticamente por la población y el Rey Fadrique le otorgó numerosos honores, títulos y propiedades. En  Nápoles Gonzalo es feliz disfrutando de la hospitalidad del Rey. Los Reyes Católicos le ordenaron regresar a España en mayo de 1497 pero él se encontraba tan bien en Nápoles que demoró el regreso un año.

Cuando volvió a España en 1498 el Gran Capitán fue recibido en Zaragoza en loor de multitudes: el Gran Capitán iba a caballo al frente de su ejército, toda la corte salió a recibirle y tras un recorrido por las calles de Zaragoza llegaron  al palacio de la Aljafería donde estaban los reyes; éstos le felicitaron e Isabel le dijo: «Sed bienvenido, Gran  Capitán».

III

Del año 1498 al año 1500 Gonzalo permanece en España disfrutando de la vida en familia con su mujer y sus dos hijas.

En Italia, mientras tanto, se complicaban las cosas pues el Papa y Venecia se aliaron a los franceses, los cuales bajo la dirección de su nuevo Rey Luis XII, porque Carlos VIII había muerto en un accidente en 1498, quieren vengar las humillaciones sufridas a manos del Gran Capitán y planean conquistar Milán y Nápoles. El Duque de Milán Ludovico Sforza, asustado por aquella nueva alianza, pidió ayuda al Emperador  Maximiliano I; como éste no quiso ayudarle acudió al Sultán turco Bayaceto II, lo cual ponía en peligro a toda la cristiandad.

Pensando en la amenaza turca Fernando el Católico y Luis XII de Francia se repartieron pacíficamente Nápoles, aunque era deseo de ambos reyes quedarse completamente con el país considerando el tratado de Granada de 1500  por el que se hizo el reparto, como un acuerdo puntual.

Luis XII de Francia entró en Italia y ocupó el Milanesado en 1499 haciendo prisionero a Ludovico Sforza. Poco después los franceses ocupan Toscana y continúan progresando hacia el sur.

Los Reyes Católicos, conscientes de los nuevos problemas que se planteaban  en Italia y viendo inevitable el enfrentamiento con Francia, organizan un ejército y dan el mando del mismo a Gonzalo Fernández de Córdoba. Otra vez fue la Reina Isabel la que le eligió,  aunque esta vez el prestigio de Gonzalo era tal que nadie tenía dudas sobre su idoneidad para el cargo. La Reina se hizo cómplice por tanto de los grandes triunfos que Gonzalo iba a conseguir en esta segunda misión.

Bayaceto IIEl catorce de abril del año 1500 salen del puerto de Málaga cincuenta barcos que llevan trescientos hombres de armas, trescientos jinetes y ocho mil peones. Es el ejército del Gran Capitán y su primer objetivo es  ayudar a  los venecianos en su  lucha contra los turcos. Para este fin se dirigen a Cefalonia a la sazón ocupada por los turcos. Las armadas española y veneciana llegan a Cefalonia en diciembre. En la fortaleza se han hecho fuertes setecientos jenízaros bajo el mando del renegados albanés Gisdar que está al servicio del Sultán turco Bayaceto II.

El Gran Capitán quiso parlamentar con los de la fortaleza para que se entregaran sin lucha pero Gisdar no aceptó el ofrecimiento.

La lucha empieza, la armada veneciana dispara sus cañones y la infantería española ataca por tierra el castillo, Gonzalo va en cabeza, los defensores emplean aceite hirviendo, saetas ardientes, minas, etc.

Gonzalo alcanza las almenas, se combate duramente, Gonzalo va de un sitio a otro acuchillando enemigos por doquier animando de esa forma a los suyos.

El Gran Capitán quería coger vivo  a Gisdar pero éste combatió tan fieramente que resultó imposible. Conquistada la plaza, Gonzalo hizo ondear la bandera real  e invitó a los venecianos a izar sus banderas. La batalla se llamó de San Jorge y resonó en toda la cristiandad con fuerza, con tanta fuerza como la toma de Granada,;con esa batalla los turcos fueron detenidos, devolvieron a Venecia Cefalonia y Santa Maura y se comprometieron a pagar tributo.

Los venecianos entregaron al Gran Capitán numerosos regalos; buena parte de esos regalos Gonzalo se los envió a la Reina Isabel la Católica, la cual también en su mayor parte se los envió a María Manrique, esposa de Gonzalo.

El Gran  Capitán  recibió órdenes de marchar a Sicilia para preparar la guerra con Luis XII de Francia, que se veía inevitable. El Rey Fernando el Católico estaba muy preocupado por el poderío francés, muy superior al español  y que había demostrado  su eficacia en Milán.

El Gran Capitán procedió a la ocupación de las regiones napolitanas de la Basilicata y la Capitanata que  correspondían a  España en virtud del tratado de Granada de 1500. Los franceses, dirigidos por  D´Aubigny, entraron mientras tanto en la ciudad de Nápoles.

El Rey de Nápoles, Fadrique, viendo que España y Francia habían acordado repartirse su reino, acudió desesperado a Gonzalo y le ofreció entregarle la mitad de su reino a cambio de su ayuda. Gonzalo, fiel a sus reyes, no aceptó la oferta y en un gesto caballeresco le devolvió a Fadrique todos los honores, títulos y beneficios que éste le había otorgado.

El Gran Capitán  se reunió con los más importantes capitanes del ejército francés para proceder al reparto de Nápoles. Llegaron a acuerdos pero muy pronto se desató la lucha. Los franceses se sienten muy seguros con sus refuerzos recién llegados mientras que a los españoles no les llegaban los suyos. El General francés D´Aubigny reclama a Gonzalo la entrega de las provincias de Basilicata y el Principado y plantea un  ultimátum al Gran Capitán pues asegura que si no se hace así las tomará por la fuerza. Gonzalo responde al ultimátum diciendo que no sólo no les entregará las provincias que piden sino que incluso les echará de las suyas.

La superioridad francesa sobre los españoles es muy grande y Gonzalo se encierra en  la localidad de Barletta con todo su ejército. El consejo de guerra de los Reyes Católicos  está indignado con la actuación del Gran Capitán quedándose en Barletta pero la Reina Isabel le defiende, no ha perdido la fe en Gonzalo, dice a los miembros del consejo de guerra que hay que dejar a Gonzalo libertad de acción para que decida con su sabiduría en asuntos de guerra lo que más convenga.

Las críticas  al Gran Capitán provienen también de Italia, personalidades influyentes como los Colonna critican la decisión de Gonzalo de quedarse en Barletta.

Gonzalo no se amilana ante tanta crítica, necesita refuerzos para  hacer operaciones importantes y por eso entiende que mientras tanto hay  que esperar pacientemente en Barletta.

(Continúa en Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán, II.)

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