Así, lo que podría haber sido una obra maestra (como lo es el comic) con sus licencias creativas y tal, en este «300» cinematográfico se convierte en un despropósito. Para empezar, la perspectiva histórica van y se la pasan por el escroto, ya que resulta que los espartanos luchan por los hombres libres, ahí es nada. Por supuesto, los dos esclavos ilotas que cada espartano llevó a la guerra (y en el comic tienen su importancia) aquí ni asoman el hocico, no les jodan el discursito de los hombres libres a lo William Wallace y tal. Y es que Esparta, según esta película, era más o menos el paradigma de la democracia. Y un huevo, añado yo.
Luego, para peor, las mejores frases del comic pasan por la película totalmente desapercibidas (esos “Marchando”, ese “Y un hombre que se cree un Dios siente por su espalda un escalofrío muy humano”, ese “Él te pidió que te levantaras, yo sólo te pido que te arrodilles”), con lo que en profundidad y emoción pierde lo inenarrable. Para más inri, la personificación del mal en el comic, un tío realmente ávido de poder, ególatra y cruel, el rey persa Jerjes, en la película nos lo presentan como un travelorro del copón, como la peor de las reinonas drag del Carnaval de Chueca (hasta se escuchaban risas en el cine cada vez que aparecía). Y esa voz engolada suya, como diciendo: «Leónidas, te lo voy a comer todo». Eso no es un error perdonable, joder, eso es un crimen.
Pero no os penséis que aquí acaba el flipe, no, porque, agárrense que vienen curvas, a su director Zack Snyder le debió gustar tanto “El señor de los anillos” que no se corta ni un pelo en meter orcos en la película. Tal cual como lo oís, verdad de la buena. Ya me imagino la escena con el productor:
- Jopé, pero yo quiero meter orcos…
- Pero, Zack, majete. ¿No ves que los persas eran un gran ejército pero también eran humanos al fin y a la postre?
- No, no y no. O meto orcos en la película o no os ajunto. Y hobbits también quiero meter. Y elfos…
- ¿Y espadas láser no quieres? Venga, va. Te dejamos que el cuerpo de élite persa, Los Inmortales, sean orcos pero cedes en lo de los hobbits y los elfos.
- Bueno, vale…

Y claro, de esta manera los espartanos no luchan ya contra un gran ejército preparado, no, ya luchan contra todos los putos monstruos del mundo, contra Saruman, contra Jumanji y contra la madre del topo a la vez, a ratos con fondos de música clásica, a ratos con música tecno (aquí todo vale, qué hostias, que se acabó la miseria) y por supuesto convirtiéndose por momentos los espartanos en luchadores de Matrix, sum sum, rodarán cabezas, que quien no utiliza el truco de la acción ralentizada en una peli ya ni es moderno, ni mola, ni nada. Madre mía, madre mía…
Ah, y no os perdáis el detalle final que también es de traca, no sé si se lo debemos al director o al traductor, cuando los espartanos encomiendan sus almas a Hércules, toma geroma, que quien controle un poco de mitología sabrá que Hércules era un Dios romano (el griego se llamaba Heracles)(1). Im-pre-sio-nan-te.
Dicho todo lo dicho, por rescatar algo de esta película, decir que los actores lo hacen pero que bastante bien (salvo esa locaza de Jerjes, repito) y la estética está bien conseguida, con unos colores y unos filtros muy originales. Pero digo yo que sólo una estética no hace una película, ¿no?, sino más bien lo ya dicho, un videoclip lisérgico de dos horas.
En fin, resumiendo, que es un ful, una chapucilla. Sé que mi recomendación caerá en saco roto pero mejor haríais los incautos que queréis verla en haceros con la novela gráfica homónima de Frank Miller por un poquito más de dinero que lo que cuestan dos entradas de cine. Mucha mejor inversión y emociones mucho más fuertes os aguardan en sus páginas, os lo aseguro.
Pues eso.
(1).- NOTA DEL EDITOR: no compartimos la afirmación de que Hércules sea un dios romano; es el mismo semidios griego, con los mismos atributos. No estamos ante un caso ni por asomo similar al de Zeus – Júpiter, por poner un ejemplo. Además, el nombre de “Hércules” es el mismo que el de “Heracles” solo que con una metátesis que lo transforma. Para las traducciones de este personaje en los mitos griegos se utilizan indistintamente ambos términos, incluso hay quien defiende la idoneidad de hacerlo siempre por “Hércules”, ya que es el camino correcto de traducción en palabras griegas que nos transmite el latín. En definitiva, quienes defienden ésto opinan que utilizar el nombre de “Heracles” es un arcaísmo.
- Vease también: 300, de la Historia al Mito, del Mito al Cómic. Por Le Baron