PÁGINA PRINCIPAL DE CINE


ARSÉNICO POR COMPASIÓN: muertes al ritmo de la risa.

Hay círculos cerrados perfectos: está la pescadilla que se muerde la cola, están las rosquillas y los donuts, los neumáticos y los ceros, están Botero y Rubens, los pechos de Sofia Loren y el rostro de Peter Ustinov. Y está Arsénico por compasión. [+]



 

ARSÉNICO POR COMPASIÓN: muertes al ritmo de la risa. Artículo enviado por Javi.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Arsenic and old lace. Año: 1944. Duración: 118'. País: Estados Unidos.

Dirección: Frank Capra.

Guión: Joseph Kesselring, Julius J. Epstein y Philip G. Epstein.

Reparto: Cary Grant, Josephine Hull, Jean Adair, Raymond Massey, Peter Lorre, Priscilla Lane, John Alexander, Jack Carson, John Ridgely, Edward McNamara, James Gleason, Grant Mitchell, Edward Everett Horton, Vaughan Glaser, Chester Clute, Edward McWade, Charles Lane y Garry Owen.

Producción: Frank Capra y Jack L. Warner.

Música: Max Steiner.

Fotografía: Sol Polito.

Todo sobre cine en: DVDgo

 

          En un giro, como el de aquel pescado, Capra hace de la locura ternura, de la ternura histrionismo, del histrionismo humor, del humor locura. Hace del asesinato compasión, de la compasión otra vez locura, de la locura de nuevo ternura y de la ternura asesinato ¿Se imaginan una película de los hermanos Marx sin ellos? ¿Con Cary Grant por Groucho?

        Mortimer Brewster –un genial Cary Grant que parecía haber nacido para ese papel aunque él mismo no estuviera muy a gusto porque sobreactuaba- es un famoso crítico teatral, nervioso y acelerado hasta la extenuidad -realmente sus gestos y muecas, de imitarlas con simbiosis y empatía, te producirían unas horribles agujetas faciales-, cuenta en su haber con una serie de libros y ensayos en contra de lo que él llama fraude del matrimonio, nos imaginamos que escritos con lacerada pluma. Se encuentra en un mismo día con una serie de inconvenientes difíciles de resolver.

        Es el día de su matrimonio con Elaine Harper –Priscilla Lane-, realizado a hurtadillas, lo cual choca frontalmente con su fama:

        “cómo me voy a casar yo contigo, el símbolo de la soltería. He escrito cuatro millones de palabras en contra del matrimonio y me he burlado del amor en todas mis obras. Y ahora me he dejado pescar por la hija de un reverendo, y además nacida en Brooklyn”

        Realizado el compromiso regresan a hacer el equipaje a su barrio, una tranquila y apacible zona residencial. Las casas de ambos sólo están separadas por un camposanto, lo cual es muy significativo como veremos.

        Cuando Mortimer entra a su casa comprueba que hay algo que no funciona debajo del arcón: su casa no es que haya sido nunca muy normal, la comparte con sus tíos, Theodore Brewster , entrañable loco que, al grito de “ Caaaarguen ”, se cree Roosevelt y dos dulces ancianitas, tía Abby y tía Marta , que reparten sus preocupaciones por los demás con infinita ternura; sentimiento que, con escalofriante y muy divertida serenidad –una de las bases del humor negro-, las lleva a envenenar sistemáticamente a ancianos solitarios sin, por supuesto, su consentimiento con unas gotitas de cianuro, antimonio y arsénico. Eso sí, con mucha compasión. Y es que dentro del arcón el sobrino se encuentra con Hoskins, duodécimo caballero en el haber de las viejecitas, que irá a rellenar los huecos que en el sótano excava con docto esfuerzo el tío Theodore pensando que realiza las exclusas del canal de Panamá y tumbas para las víctimas de la fiebre amarilla, pobrecitos. Y es que como Mortimer reconoce “la locura galopa por mi familia”.

        Desde este momento, en una vertiginosa concatenación de diálogos y situaciones, se desarrolla toda la trama. Y todos estos elementos que, en manos normales, quedarían sueltos e inconexos, se despliegan en pantalla unidos como por invisibles telas de araña. Todo tiene un porqué y una finalidad, y la velocidad siempre está al servicio de la historia.

        Hay elementos y situaciones que hacen indispensable el visionado de esta película, a saber: la actuación de un Cary Grant rayando el espectáculo circense, el sentido del humor, negro como un pozo, que las adorables ancianitas despliegan, las interpretaciones de los grandísimos secundarios -recuerden que, por poner un ejemplo, trabaja Peter Lorre- y algunas escenas y diálogos hilarantes dignos de ser memorizados y recordados en cualquier sobremesa, o “sobrebarra” si ustedes lo prefieren.

IR A LAS 50 ELEGIDAS