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CRANK.

Con más cardenales que el Vaticano, te despiertas después de una paliza. Han dejado un DVD en el salón; lo pones y sale un tipo explicándote que mientras dormías la mona, él y su panda te han enchufado en vena un carajillo de droga china de diseño. ¿Que qué te pasará? Que o segregas adrenalina por cuenta, así en plan industrial, o te quedarás más seco que el centro del campo del Madrid. Corre, socio, peléate, métete de todo, practica sexo en medio de la vía pública, haz que la poli te persiga por toda la ciudad...: si te paras, te mueres. [+]


 

CRANK. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Léolo. Año: 1992. Duración: 107'. País: Canadá.

Dirección: Mark Neveldine y Brian Taylor.

Guión: Mark Neveldine y Brian Taylor.

Reparto: Jason Statham, Amy Smart, Dwight Yoakam, Efren Ramirez, José Pablo Cantillo y Carlos Sanz.

Música: Paul Haslinger.

Fotografía: Adam Biddle.

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Éste es el argumento de Crank, una película que se me pasó por alto en el cine, como todas, por cierto, desde que le estoy arrimando estopa al emule: en casa no hay ruido de gente que va al cine a merendar, a hacer cosas con el teléfono móvil o a mantener una tertulia. Es curioso, porque luego sales del cine, y vas a los sitios naturales de tertulia, y resulta que allí nadie habla. Sólo se miran entre sí, odiándose todos a la vez. Total, que me quedo en casa viendo, entre otras muchas, Crank.

Los actores me dejan un tanto indiferente, y echo de menos que el protagonista no sea Bruce Willis, ya conocéis mi debilidad por el calvito. Pero la historia no para, los acontecimientos se suceden sin pausa, sin zonas aburridas de guión ―esas malditas zonas despobladas, estériles― y eso me mantiene pegado a la película mientras van cayendo chupitos de un licor chino muy raro. ¿Tendrá algo que ver el licor chino con la droga de diseño china? ¿Otro seguro azar?

Los diálogos pertenecen a esa clase que llaman “ácidos” o “de humor negro”, supongo que porque caen como un mazazo sobre convenciones, como un ácido, precisamente, que descompone los hilachos de la costumbre.

Todo va muy rodado, insisto, a pesar de que el guión se queda sin gasolina justo cuando llega el desenlace, que no me convence, que creo que pierde el tono anterior. Aún así, Crank se me antoja interesante, pues supone un alivio entre tantas historias aburridas. Porque juzgamos las películas y los libros y las canciones en relación con las películas, los libros y las canciones que estamos acostumbrados a ver, y claro, perdemos el juicio: no está mal, esto es mejor que el resto. De acuerdo, pero, ¿es una buena historia? Quizá ser mejor que lo peor sólo te sitúe en una mediocridad cuasi-criminal. Faltan buenas historias, sobra marketing, e intuyo que la razón hay que buscarla en la cabeza de quienes deciden qué se filma y qué se publica. Me han publicado hasta a mí, imaginad si la cosa está mala...

Como es habitual, no me detengo en el final de Crank; tampoco aconsejo verla o no verla: el tiempo de cada cual es sagrado, no seré yo quien se inmiscuya en lo que hacéis con el vuestro.

Y sí que creo que hay que diferenciar entre dos tipos de películas: las que te cuentan lo que pasa y las que te cuentan cómo los protagonistas van asumiendo lo que pasa. Esta diferencia se aprecia perfectamente en las películas de vampiros o de satanismo, ¡en la de La Profecía, por ejemplo, la última versión, que también vi hace poco!: casi toda la película se dedica a mostrarnos cómo el protagonista asume que su hijo es un diablillo irrecuperable. Pasan pocas cosas, casi ninguna, y de hecho el joven demonio apenas interviene y, si no recuerdo mal, sólo habla en un par de ocasiones o tres. Más de la mitad del tiempo, están dedicados a contarnos que el padre no cree que el hijo sea un maldito, cuando además nosotros ya sabemos que lo es, luego no nos están ofreciendo nada. Que lo solucionen como puedan, que lo den por sabido, que hagan elipsis, saltos temporales... lo que quieran, pero que no nos tengan cuarenta minutos viendo cómo un tipo obstruye el desarrollo de la trama.

En Crank, por las mismas, ¿qué habría pasado si el protagonista no hubiese creído desde el primer momento lo que el tipo del DVD le comunica, lo del rollo de la droga china? Habría muerto en el minuto tres de la película, claro está, porque habría dejado de producir adrenalina. La misma que nosotros dejamos de producir cuando detienen las películas para no contarnos nada. Que las hagan más cortas, a mí no me importaría ver una estupenda película de cuarenta y cinco minutos. ¿Por qué se empeñan en meter minutos que no llevan a ningún sitio? ¿Os imagináis a Juan Ramón Jiménez metiendo versos de relleno simplemente porque el poemario debe llegar a las doscientas páginas? ¿Sonetos de cincuenta versos?

En Crank esto no pasa, a pesar de los actores y de su flojo final, sí. Tarantino, por cierto, hace este tipo de películas en que la acción no se detiene (y eso no está reñido con que los protagonistas reflejen sus conflictos internos o muestren una evolución a lo largo de la historia). Precisamente cuando le echaron en cara a Tarantino que Kill Bill tenía poco argumento, él respondió: tenía el suficiente para contar lo que quería contar. Y ya está.

 

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