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CUBE2: HYPERCUBE, La dimensión del bostezo.

No ocultaremos que las trilogías siempre han sido del agrado de La Revelación. DesdeEl señor de los anillos hasta El padrino, pasando por Dragonlance, Matrix, Un mago de Terramar, El tapiz de Fionavar y otras muchas. Lo malo es que de vez en cuando nos encontramos con segundas (o terceras) partes que se nos indigestan. Y lo veamos venir o no, allá que vamos. Algunos lo llaman masoquismo. Pasen y disfruten del hipercubo más híper y más cubo del cine. Menos que, al igual que las madres, sólo hay uno. O dos. O incluso tres... [+]


 

CUBE2: HYPERCUBE. La dimensión del bostezo. Artículo enviado por Chuca.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Cube 2: Hypercube. Año: 2002. Duración: 95'. País: Canadá.

Dirección: Andrzej Sekula.

Guión: Sean Hood.

Reparto: Kari Matchett, Geraint Wyn Davies, Grace Lynn Kung, Matthew Ferguson, Neil Crone, Barbara Gordon, Lindsey Connell, Greer Kent, Bruce Gray, Philip Akin, Paul Robbins, Andrew Scorer.

Música: Norman Orenstein.

Fotografía: Andrzej Sekula.

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     Cuando hace años tuvimos la inmensa satisfacción de ver Cube -El cubo en cristiano- dimos un más que gustoso voto de confianza a esas producciones extrañas que nunca habíamos terminado de mirar con buen ojo. Nos encontramos con una película que combinaba a la perfección misterio, ciencia-ficción, tensión a montones, un argumento originalísimo, ciertas dosis de violencia más o menos explícita según la ocasión y un final difuso que daba lugar a imaginarnos lo que gustáramos, pero dentro de la coherencia argumental. El señor Vincenzo Natali, oriundo de Canadá y director de semejante joya y de otras perlitas como Cypher, nos dejó más que satisfechos.

       Pero he aquí que cinco años después, en 2002, un polaco llamado Andrzej Sekula, también con fondos canadienses, decidió apretar un poco más las clavijas a nuestro querido cubo y crear la segunda parte: Hypercube. Y como muchos en aquella época éramos jóvenes impetuosos amantes de las secuelas, despreocupados por las consecuencias y suficientemente sobrados como para no echar el más mínimo vistazo a las críticas cinematográficas, allá que fuimos de cabeza. Y con ella nos dimos contra el suelo.

       Pero primero pongamos en antecedentes a aquellos que no sepan de qué va el invento. En Cube, un grupo de personas, cada cual de su padre y de su madre, se encuentran si saber cómo ni por qué en una inmensa estructura cúbica, dividida en innumerables habitaciones también cúbicas. Su objetivo a lo largo de la película será tratar de averiguar qué pintan allí, cómo escapar de la estructura y cómo evitar las trampas mortales que les aguardan en muchas de las habitaciones. Y ahora vayamos a Hypercube.

       Tras los primeros minutos observamos ciertos cambios y ciertas cosas que permanecen como en su precuela. Los cambios: un cubo más moderno, no tan tosco como el primer cubo, con un sistema de apertura de puertas mucho más molón, y un sistema de iluminación por el que cualquiera mataría con tal de tenerlo en su loft de La Moraleja. Lo que permanece igual: el resto. Asistimos a un desfile de personajes que se van encontrando progresivamente según van cambiando de habitación, cada cual con sus peculiaridades. En este caso nos encontramos con un talentoso informático, una anciana, un pirata informático, una abogada fiestera, un chalado con tendencias psicopáticas, un ama de casa y una estudiante ciega que, al igual que en Cube, no tienen ni idea de cómo han llegado a parar ahí. De nuevo, puesta en común, método de escape, formas de descubrir y evitar las trampas, idas de olla de algunos miembros del grupo… más de lo mismo.

       ¡¡Pero no!! ¡¡Aún hay más!! ¿Qué hace diferente al segundo cubo del primero? ¿Qué hace que el primer cubo fuera un cubo a secas y éste pueda tener el calificativo de híper? Hablando en plata: la mente enferma de los guionistas, del señor Hood y sus colaboradores. Porque como todos bien sabemos, un cubo tiene tres dimensiones. Pues tres dimensiones debieron parecerles pocas porque decidieron incluir la cuarta dimensión: el tiempo.

       De esta forma asistimos a una película que es más un remake que una secuela. Mismo argumento, mismos comportamientos, mismo cubo… solo que en este caso es un cubo más cuco, más mono, más blanquito y que se pasa las leyes de la física por salva sea la parte, montando unos cirios temporales de padre y muy señor mío que sólo consiguen un leve enarcamiento de la ceja derecha y un bostezo a través del cual puede verse el color de nuestros calcetines.       

Lo más gracioso de todo esto es que, hasta el momento de escribir esta crítica, desconocía que todo este tinglado pertenece a una trilogía (sí, qué pasa, no lo sabía). La última, la que cierra la saga, es Cube Zero. Pero no se preocupen, que expiaré mi desconocimiento viéndola sin falta e informando puntualmente, si es que sigo vivo. Porque su director es Ernie Barbarash, de ese mismo equipo de brillantes guionistas que comentábamos antes. Pero bueno, supongo que no lo puede hacer peor. ¿Verdad? ¿Verdad?

Si quieres leer el artículo sobre la tercera entrega de Cube, Cube Zero pincha aquí

 

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