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DESMONTANDO A HARRY. Woody Allen.

“No sabemos nada de dios, pero las mujeres están ahí: están. Y algunas compran lencería fina...”, Woody Allen, Desmontando a Harry. [+]



 

DESMONTANDO A HARRY, Woody Allen. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Deconstructing Harry. Año: 1997. Duración: 96'. País: USA.

Dirección: Woody Allen.

Guión: Woody Allen

Reparto: Caroline Aaron (Doris), Woody Allen (Harry Black), Kirstie Alley (Joan), Billy Cristal (Larry), Demi Moore (Helen), Elisabeth Shue (Fay).

Música: Varios.

Fotografía: Carlo di Palma.

 

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Me da la impresión de que en esta página impera, por ahora, cierta opinión acerca de las películas tendente a centrarse en la historia y en el modo de contarla. Q decía literalmente en su comentario sobre Alatriste: “Una película es un guión”. No comulgo con tal afirmación ―una película son diversos elementos que se unen en un todo, y el guión es uno de ellos, sí―, pero parece que por aquí gusta que nos cuenten una historia. Somos muy clásicos en eso, nos pone lo del “planteamiento-nudo-desenlace”. Pero, ¿cómo se cuenta una historia, de dónde salen las ideas, los personajes, los argumentos? En Desmontando a Harry, Woody Allen nos da su visión, nos deja entrar en la cocina para ver cómo prepara los platos. Entremos, pues.

El protagonista, ya sabéis: va al psicólogo, no acierta con las mujeres, está obsesionado con la muerte y el sexo y, sí, lleva gafas de pasta negra. Alfonso Guerra y Woody Allen han debido de pasarse la década de los ochenta yendo a la óptica a que les hicieran un 2X1 en gafas de pasta negra.

Pero en esta ocasión, en Desmontando a Harry, Allen interpreta a un escritor al que, sí, le pasan todas estas cosas del párrafo anterior, pero además es un tipo que inventa historias, crea personajes y situaciones. Pero, ¿los crea... o los recrea? ¿Qué diferencia hay? ¿Cómo es que, según vamos viendo a lo largo de los minutos, toda esa gente que ha salido de su mente tiene siempre, de algún modo, un origen en la vida real del escritor?

Cierta vez leí a Elvira Lindo, con el tono socarrón de sus artículos de domingo, diciendo algo así como que escribir es lo que ella hacía, y no lo de su marido, Antonio Muñoz Molina, que lo que hacía era contar las cosas que le habían pasado en la vida real pero de otro modo. Ironías aparte, de eso se trata. Al menos, hay una manera de contar las historias que comienza en la vida real, capturando personajes, maquillando situaciones, arreglando lo poco artístico que resulta el quehacer diario la mayoría de las ocasiones.

“Siempre llevo dinero para putas”, dice Allen, y se larga con una de ellas a ser homenajeado en su antigua Universidad. Ella se llama Cuqui. Pero detengámonos un momento a observar la escena, porque puede resultar inquietante. Estamos hablando de una película en la que Woody Allen encarna a un escritor que, a su vez, recrea su propia vida. Tenemos por tanto, frente a nosotros, la vida de ese escritor y la recreación de la misma que él hace (y que la película también nos cuenta, mezclando el avance de la historia con esos cortos que salpican Desmontando a Harry). Pero, si partimos del hecho de que el director y guionista Woody Allen hace algo muy parecido a lo que su personaje escritor, ¿no es cierto que tenemos un plano más, una tercera fase, en la que a las historias escritas por Harry y a su propia historia se suma la vida del propio Woody Allen? Peor aún: ¿y si le sumáis lo que yo os estoy contando? Y el remate: ¿y se yo le sumo lo que estáis leyendo? Estáis frente a un ordenador, leyendo lo que yo he escrito; yo he escrito acerca de lo que he visto en otra pantalla, en la que aparece un director actuando y encarnando a un escritor que nos cuenta su vida y los relatos que recrea a partir de ella. ¿No parece esto una pesadilla digna de Borges en la que la realidad se refleja a sí misma para formar un infinito de paredes que se alejan de nosotros?

Desmontar es el verbo que han elegido para traducir el original del inglés: deconstructing. O sea, deconstruyendo, construyendo al revés, pelando las capas de la cebolla que todos tenemos dentro. Porque estamos hablando de escritores, directores de cine, contadores de historias en definitiva. ¿Pero alguien cree que los no contadores de historia son menos complejos? Yo no lo creo. Deconstruyamos, desmontemos, digámoslo como queramos. A mí esta película me parece que cuenta el asunto con un acierto notable. ¿Qué os parece ahora, pues, si deconstruimos a Q, a ver qué nos encontramos? Bacantes, cuidado, porque un casco de moto puede encerrar tanto dentro...

 

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