No soy experto en cine y mis habilidades a la hora de ejercer de crítico son de andar por casa, pero puedo asegurar que el filme que nos ocupa fue capaz de atraer mi atención por las emociones que provoca, la situación que describe y sobre todo por la realidad que denuncia. He de reconocer que tal vez mi opinión esté condicionada por el hecho de que el director y yo sacamos de nuestro entorno la misma conclusión fundamental: que el adjetivo “racional” aplicado al ser humano está hace tiempo trasnochado cuando no directamente obsoleto.
En una época televisiva plagada de “Grandes Hermanos”, “Supervivientes”, “Operaciones Triunfos”, “Factores X” y demás (variopintas y desquiciantes facetas de la misma fórmula), la propuesta de “El nominado” surge de manera natural. Un grupo de concursantes habrá de permanecer completamente aislado noventa días bajo tierra, en medio de ninguna parte y sin comunicación con el exterior a excepción de una pantalla que tiene contacto directo con el estudio en donde se rueda el programa. Naturalmente, en la “guarida” donde se encuentran hay decenas de cámaras, pero éstas son operadas vía satélite: no hay personal alguno tras ellas. Están solos.
El premio para el ganador es casi lo de menos: al telespectador se le ofrece lo que quiere, es decir, interacción humana en condiciones extremas y el resto es secundario. La cadena de televisión que ha ideado este nuevo reality confía en hacerse con el grueso de la audiencia, objetivo cada vez más difícil debido a lo explotado del campo que una vez más pretende hollar y al hecho, nada desdeñable, de que la competencia tiene los derechos sobre el mundial de fútbol. Y en Sudamérica, donde trascurre la acción, el fútbol es el Rey.
No obstante, cuando los protagonistas llevan ya un tiempo en el refugio subterráneo y han tenido tiempo de conocerse un poco, ocurre algo que no debería haber pasado de mera anécdota y en cambio precipita la tragedia. Se produce la primera nominación por parte del público… y será la última vez que éste tenga algo que decir en el asunto. Porque al elegido en cuestión no le ha gustado nada su veredicto y decide que a partir de ese momento las decisiones las toma él. Se abrazará al lema de que el fin justifica los medios, y estos incluyen el asesinato.
Podría continuar con los avatares de la película, mas considero que revelar más detalles sería injusto para quienes deseen verla. Únicamente decir que desde ese instante resulta complicado apartar los ojos del televisor. Todo se dispara y saca a relucir los instintos más bajos de unos y otros: la ilimitada ambición de la cadena televisiva, la crueldad desmedida del protagonista, el morbo y la insana frivolidad de los espectadores (que llegan a hacer apuestas sobre la próxima víctima)… La mesa está servida con los ingredientes que parecen complacer a la inmensa mayoría de los comensales de hoy: suspense, sexo y violencia. Si no fuera por el acento y los giros latinoamericanos sería fácil olvidar que no se trata de material anglosajón. Se antoja bastante, bastante creíble y ese es uno de sus mayores logros. Que podría ser verdad.
Naturalmente, tampoco descubriré el final. Simplemente apuntaré que, sin ser el que yo hubiera escogido (aunque sólo por un pequeño detalle, también es cierto), está a la altura de las circunstancias. Las imágenes finales, que el director intercala con los créditos a modo de epílogo, no tienen desperdicio. Toda una declaración de principios.
Puede que “El nominado” no gane jamás un Óscar ni sea el colmo de la originalidad pero a mí me impresionó, lo suficiente para que escribir este artículo se me presentara no sólo algo justificado sino casi ineludible.
Os invito a que veáis la película y me digáis si mereció la pena.
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