Y eso que a priori, pensaba yo, esta película contaba con todos los elementos para convertirse en una gran película. No en vano el director, Christopher Nolan, estaba acompañado en el guión por su hermano Jonathan, al igual que hicieran para crear esa obra maestra que es “Memento”. No en vano los actores eran de lujo, desde el intranquilizador Christian Bale al mutante Hugh Jackman, acompañados por la bellísima Scarlett Johansson y la presencia siempre de agradecer de Michael Caine y David Bowie. No en vano venía amparada por unas grandes críticas en EE.UU.
Y sin embargo, este “El truco final – El Prestigio” resbala por todos lados. No digo yo que no sea una película entretenida, lo es, sino que por un cúmulo de sucesos no termina de ser una película redonda.
Para empezar, la fragmentación de la trama en saltos temporales, auspiciada por la lectura de sendos diarios de sus protagonistas, además de no tener ninguna motivación ni aportar nada a la película, contribuye a dar cierta sensación de desorden e incluso al principio este montaje hace que te pierdas en las líneas temporales que propone. Los actores, a su vez, si bien están correctos no consiguen transmitirte las sensaciones de odio y rivalidad que podrían haber transmitido, siendo los dos protagonistas igual de fríos y planos a ojos del espectador, Scarlett Johansson un mero elemento decorativo (bonito elemento decorativo, eso sí) y levantando un poco el vuelo solamente en las escenas en las que Michael Caine se come la cámara o David Bowie presta su intachable hechura a su personaje. Y en otra categoría hay que situar el guión, tramposo, manipulado y que hace aguas por un buen montón de partes.
Porque el mayor fallo de esta película es el guión. Aparte de la narración en saltos, el guión propone un interesante duelo y una incógnita que realmente sí consigue despertar la atención del espectador. Así, desde prácticamente el principio, no habrá quien se pueda mover de la butaca pendiente del truco que hay detrás de “El hombre transportado”, a ver qué oculta, a ver cómo termina el director el tinglado propuesto. Y, por lástima, el tan ansiado final lo termina a lo chapuzas. No quiero desvelar nada pero la historia corta por la tangente al final y con una licencia creativa sin igual, realmente “mágica” que podría decirse, echa todas tus expectativas al suelo. Además, ese final se alarga tanto y tan innecesariamente que para cuando por fin se resuelve todo no queda hijo de vecino ya que no sepa el cómo y el por qué de cada cabo suelto, desangelando el resultado sin la pretendida sorpresa que debiera, y no lo hace, sorprender.
Por ello, ese final mediocre hace que salgas del cine con cierta decepción, decepción que aumenta cuando analizas a posteriori algún que otro comportamiento de la película y no le encuentras explicación (preguntas para los que la hayan visto - posibles spoilers: ¿por qué Hugh Jackman ha de terminar así de drásticamente cada espectáculo suyo al final de la película? ¿no hay otra opción mil veces más sencilla e igual de válida para el truco? ¿y cómo sabe qué día no debe aparecer “El Prestigio” del otro lado para hacerle la encerrona a Christian Bale? ¿y cómo justificar que sea Christian Bale quien conduce maliciosamente a Hugh Jackman hacia Tesla, siendo a la postre éste quien inventa un aparato ad hoc para el truco de la película? ¿qué carambolas son esas? ¿¿¿???). “El truco final – El Prestigio” es la típica película, por lo menos así lo veo en mi caso, que te deja con la sensación de que el director ha jugado contigo durante su proyección proponiéndote al final una solución poco inteligente para rematar el meollo de alguna manera.
En resumen, una película entretenida que aspira a ser algo más que eso pero no llega y que hará las delicias de aquellos que se dejen engatusar por su propuesta sin pormenorizar los detalles ni ir más allá de donde propone. Como dice Arthur C. Clarke en su tercera ley: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Y tanto que lo es. Pero así cualquiera…
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