La película que hoy os comento tiene elementos de ambas categorías, tan compensados que resulta complicado incluirla en una u otra. Es quizá por eso por lo que me ha gustado, pues aunque en mi condición de escritor de corte fantástico valoro mucho la trama y el “mensaje”, no desdeño tampoco una dosis adecuada de adrenalina.
Equilibrium agradará a quienes en su momento vibraron leyendo tres pilares del género, de calidad tan reconocida que trascienden su ámbito original, como son 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. De hecho, los guiños argumentales son tan evidentes y directos que, de no ser porque el guión no se decanta expresamente por ninguno sino que amalgama los tres, podría pensarse en un remake o una versión cinematográfica moderna de esos libros. Desde un punto de vista más cercano a la gran pantalla y menos al terreno literario, la película complacerá también a los seguidores de la primera Matrix.
El tema del largometraje es sólido y sugerente. En un futuro cercano en el tiempo, el Hombre ha logrado lo que parecía imposible: erradicar el odio y la guerra sobre el planeta. No hay asesinatos, ni robos, ni secuestros… el crimen y la animadversión entre las personas han desaparecido de la faz de La Tierra. Por desgracia, el precio pagado ha sido demasiado alto.
Para conseguir semejante hito se yergue sobre todos la figura del Padre. Éste es una especie de Gran Hermano que aparece en innumerables pantallas por todos los rincones de cada ciudad (¿1984?), predicando la necesidad y conveniencia de no sentir para evitar todos los problemas de violencia (pertenecientes ya al pasado) que aquejaron durante miles de años a la Humanidad. Para reprimir los sentimientos y eliminar así la agresividad innata del ser humano existe una droga que forma parte del día a día (si bien habría que decir casi del hora a hora) de los ciudadanos: el Prozium (¿Un mundo feliz?). Cada hombre y mujer debe tomar su dosis a intervalos férreamente establecidos, tanto que para su control disponen incluso de relojes cronometradores.
Mas no todos están dispuestos a dilapidar su libertad y el derecho a tener emociones en aras de un sistema que previene los enfrentamientos pero convierte a los individuos en poco más que autómatas. Frente al Padre y su dominio se alza la Resistencia, que trata de acabar con esa opresión aparentemente bienintencionada pero sofocante. Sus miembros se niegan a tomar la droga, por tanto sienten… Y eso es algo que el poder no piensa tolerar.
El brazo policial del Padre lo constituye un grupo de élite llamado Clero y entre sus filas se cuentan hombres altamente cualificados en el arte de la lucha, tanto a distancia como cuerpo a cuerpo, llamados (por lógica) clérigos. Su función es detectar entre la gente aquellos susceptibles de cometer un crimen sensorial (es decir, rechazar el Prozium), quemar sus impías posesiones (¿Fahrenheit 451?) y capturarlos para su posterior proceso y, con frecuencia, incineración final.
El protagonista de la película es uno de esos clérigos que, a tenor de la eficiencia demostrada en los primeros minutos de la cinta (¿Matrix?), puede ser considerado el mejor y el más frío de todos ellos. Un servidor modelo del Sistema. Pero… ¿es en realidad tan rígido e indolente? ¿Lo continuará siendo cuando conozca de primera mano lo que son las emociones?
En resumen, Equilibrium: un buen filme que, sin ser la octava maravilla, disfrutarán los amantes del cine fantástico en general y de la ciencia ficción en particular.
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