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GHOST RIDER. La fantasmada del motorista.

Lo malo de aquéllos a los que nos gusta el cine –tanto las películas, como el acto de asistir a…- es que muchas veces nos vemos forzados a cometer ciertas imprudencias. Pasado un tiempo, deja de asustarnos el precio disparatado de las entradas y la ausencia de bombazos de cartel, nos liamos la manta a la cabeza y entramos a ver lo que sea. Aunque en el fondo, sabiendo lo que me esperaba, lo hice por escribir algo. Algo en mi línea, claro está. Que ya iba siendo hora. [+]



 

GHOST RIDER. La fantasmada del motorista. Artículo enviado por Chuca.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Ghost Rider . Año: 2007. Duración: 114'. País: Estados Unidos.

Dirección: Mark Steven Johnson.

Guión: Mark Steven Johnson; basado en el personaje de Marvel Comic.

Reparto: Nicolas Cage, Eva Mendes, Wes Bentley, Sam Elliott, Donal Logue, Peter Fonda.

Música: Christopher Young.

Fotografía: Russell Boyd.

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No ocultaré que los dos primeros meses me han deparado un empacho de mis tan queridas versiones cinematográficas de cómic. Dos revisiones de Sin City, otra de V de Vendetta, la tercera tanda de Constantine, y X-Men 3. Salvo la parafernalia mutante, que me quedaba marcada como pendiente, del resto ya casi me sabía los diálogos de carrerilla.

Necesitaba savia nueva, nuevos personajes que saltaran del papel al plástico de las bovinas, aun sabiendo que lo más probable era que me dieran otra en la frente. Y he aquí que el motorista fantasma del universo Marvel se pone a tiro de cámara. El trailer en versión original, mes y medio atrás, me había dejado con una expectativa más bien tirando a fría. Cierto es que no esperaba mucho más: poco bombo previo, poco revuelo y el irregular señor Cage como protagonista.

Como introducción para los menos frikis, el motorista fantasma –en sus versiones más modernas del cómic, tampoco vamos a soltar el rollo completo- es un motorista feriante que pacta con Mefisto (demonio chungo) la curación de su padre adoptivo, afectado de importante cáncer. Mefisto, no contento con quedarse con el alma del chaval (Johnny Blaze para más señas) le hace la envolvente y hace que su padre piñe con la moto poco tiempo después, acabando lo que no pudo el tumor. La hermanastra de Johnny consigue evitar mediante un hechizo la posesión del alma del chico, pero no sin que a Mefisto le diera tiempo de dejar la esencia del demonio Zaratos en su cuerpo. Resultado final: Zaratos emerge de vez en cuando, convirtiendo a Johnny en una bestia parda con cráneo de calavera, hecho que dejará a nuestro motorista sumido en una dualidad que le machaca, la trastorna y, en resumen, le jode durante años. Posteriormente, Mefisto se daría de palos con los 4 Fantásticos, la Patrulla X o el mismísimo Thor, entre otros, pero eso ya no viene al caso.

Y ¿qué nos encontramos frente a la pantalla? Motorista de feria, padre con cáncer, pacto con Mefisto y castañazo de papá. Correcto, hasta ahí todo bien, a pesar del aderezo de historia de amor pastel entre adolescentes con picores de bajíos propios de su edad.

Luego llega el desparrame. El chaval crece y se convierte en Nicolas Cage, que sigue actuando ante las masas haciendo lo único que sabe: pegar botes con la moto y colocarse los implantes de pelo para la ocasión. Johnny desafía a la muerte en incontables ocasiones con sus acrobacias, nadie se explica cómo lo hace. Nadie sabe cómo sobrevive a los tremendos guarrazos que se lleva, hasta que el horrible pacto se cumple. Mefisto viene a reclamar lo que es suyo para que “su motorista” le haga el trabajo sucio, cual Luis Milla, de pegarse contra su malvado hijo y secuaces, que han venido para reclamar mil almas de un antiguo pacto hecho por su padre, y que otro jinete fantasma anterior se saltó a la torera.

En ese momento de la película, media sala ya estaba soltando espumarajos por la boca. Total, que Johnny se empieza a transformar en la calavera fantasma cuando la esencia del mal se hace muy densa a su alrededor, al tiempo que por esta mutación queda continuamente como un guarro con su novia de juventud a la que, qué curioso, se vuelve a encontrar años después, en el mejor momento. Igual que cuando quedábamos con la chiquita que nos hacía gracia, y la noche anterior nos salía un grano atroz en mitad de la frente.

El guión, lento en ocasiones, acelerado en otras y sin sustancia siempre, es un dechado de falta de ganas. Uno no se entera de nada, porque no hay nada de lo que enterarse; los malos mueren de forma atropellada y absurda; Eva Mendes sólo lleva desabrochados dos botones de la blusa, cuando debería ir sin blusa (eso no es un fallo de la adaptación, pero hubiera estado bien). Y principalmente, Johnny, que en el cómic sufre de terribles comeduras de cabeza por su condición, en la película apenas lo nota. Quitando la primera transformación, que no parece molestar más que una migraña estándar, el resto es de lo más natural. Hasta el punto de que el señor Cage, no sufre. Se mola. Y mucho.

El final de la película pone la guinda a la tarta de la aberración. El megamalo, por las pistas que nos dan durante el metraje, sólo puede morir de una forma. De una forma impensable, porque está en su propia mano evitarla. Pues toma. Lejos de evitarla, la busca, lo pone a huevo, manda tarjetas de invitación y se reboza en su propia desgracia.

Sólo puedo sacar una cosa en claro. Que mi querido Q, después de tanto tiempo, leerá esto.

 

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