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LA DALIA NEGRA: para lo bueno y para lo malo, Brian De Palma.

Definitivamente me gusta el cine negro, aunque surja de las manos de Brian De Palma. Me gusta esa voz en off, aunque me diga poco. Me gusta esa atmósfera, aunque denote trampas y excesos. Me gustan las mujeres, aunque... aunque nada. Y me gusta el humo, el cigarrillo consumiéndose en los dedos, en las comisuras de labios o bajo las suelas de los zapatos, aunque no pueda fumar en el cine. [+]



 

LA DALIA NEGRA: para lo bueno y para lo malo, Brian De Palma. Artículo enviado por Logopita.

FICHA TÉCNICA:

Título original: The Black Dhalia . Año: 2006. Duración: 120'. País: EEUU.

Dirección: Brian De Palma.

Guión: Josh Friedman.

Reparto: Josh Hartnett. Scarlett Johansson. Hilary Swank. Aaron Eckhart. Graham Norris. Rose McGowan. Mia Kirshner. William Finley. Judith Benezra.

Música: Mark Isham.

Fotografía: Vilmos Zsigmond.

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Antes de nada he de decir que la sola presencia de Hilary Swank me produjo tal satisfación que dí por buenas las dos horas de mi vida empleadas en la visualización de la película. En cada uno de los planos en los que tiene presencia –incluso en los que no los tiene- llena toda la pantalla. Noté como el mito de Scarlett Johansson -sí, ese tipo de mito- descendía y como en su lugar se situaba Ella. Desconozco la composición química que azota el cuerpo en estas situaciones, esa que los antiguos alquimistas presumían multiplicar o desvanecer con sus filtros, lo realmente cierto es que puerilmente la experimenté jugueteando por todo mi cuerpo.

La sinopsis es la siguiente: dos policias ex boxeadores que van ascendiendo a golpes de guantes y política se obsesionan con un truculento crimen, el asesinato de una joven aspirante a actriz que aparece brutalmente asesinada. Entre numerosas tramas (triángulos amorosos, corrupciones, pasado de los protagonistas y diversas pesquisas) se desarrolla la acción que nos conduce a una resolución final. La obra está basada en la obra homónima de James Ellroy al estilo de Brian de Palma, es decir, sin importarle lo más mínimo el espíritu de aquella –que, por cierto, no seré yo quien critique este proceder-. La novela, a su vez, refleja unos hechos verídicos acaecidos en la década de los 40. Hechos estos, al parecer, terribles y nunca aclarados.

Y hablemos un poco del lenguaje de esta película. Como bien sabéis, Brian De Palma es todo estética. En la obra aparecen decorados, objetos y vestuario que no tienen el sabor rancio de lo pasado, sino que más bien evocan presente “retro”. Sus maniobras con la cámara se me antojan excesivas, sus contrastes en los colores también. Bien es cierto que el cine negro observa esos principios, pero en un orden, que todo lo exagerado tiende al caos. En la mayoría de críticas que ojeé se resalta lo enrevesado del guión, la incomprensión del mismo por los cruces entre las distintas tramas (siempre lineales) que a la postre sólo sirven para la confusión; no iría yo tan lejos, no me pareció en absoluto mal resuelta porque temo que era lo que se buscaba. Sus intentos de genialidad y originalidad se pierden al tener en mente a otros ilustres próceres, pues no creo que esa tentativas sean ni guiños ni homenajes ni estén movidos por el pragmatismo de lo necesario. Ahí está la archifamosa escena de “Ojos de serpiente” con su plano secuencial, está Orson Welles y su “Sed de mal” con su travelling teatral, está la pelea inicial, coreografiada como un musical, incluso está Eisenstein y sus escaleras –no me preguntéis qué diablos quiere hacer en esta escena, pero la hace incomprensible.

En cuanto a los actores, lo dicho con la Swank, que ahora que lo pienso me he quedado corto. Máxime comprobando a sus compis de reparto. Scarlett es la blancura de la película, tan llena de luz que resplandece. Lástima que este hecho sólo sea motivado por los recursos estilísticos del director. Josh Hartnett, actor que parecía ir creciendo, temo que sólo me mueva a la vulgaridad al reconocer que su bonito trasero tiene más registros que su expresión facial. Aaron Heckhart me deja indiferente y la histriónica Rose McGowan ejercita mi nerviosismo. Sin embargo la actriz que presta su cuerpo a La Dalía Negra, Mia Kirshner, consigue enternecerme.

El caso es que, en resumidas cuentas, salí con un buen sabor de boca y con un cigarro en los labios. Era por la mañana, una sesión alejada de las horas golfas. Me quedaba todo el día por delante y mucho por fumar.

 

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