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¡OLVÍDATE DE MÍ!.

Película hermosísima, desbordante de la originalidad a la que nos tiene acostumbrados Charlie Kaufman. Con su trabajo está ocurriendo algo bastante inusual en el mundo del cine y, sobre todo, dentro del público: que una película atraiga más por el guionista que por el director o el casting. Al menos la sensación general es que se habla más de "la última (con guión) de Kaufman" que "de la última de Jim Carrey". Y me alegro de ello, porque la mayoría de las ocasiones relegamos a un segundo plano, cuando no lo ignoramos por completo, al que firma la historia y su desarrollo. [+]


 

¡OLVÍDATE DE MÍ!. Artículo enviado por Mandala Azul.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Eternal sunshine of the spotless mind. Año: 2004. Duración: 108'. País: USA

Dirección: Michel Gondry.

Guión: Charlie Kaufman; basado en un argumento de Michel Gondry, Charlie Kaufman y Pierre Bismuth.

Reparto: Jim Carrey, Kate Winslet, Kirsten Dunst, Mark Ruffalo, Elijah Wood, Tom Wilkinson.

Música: Jon Brion.

Fotografía: Ellen Kuras.

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Evidentemente una película es un engranaje manejado por múltiples manos en el que el trabajo de cada uno hace al todo, pero resulta más difícil encontrar un buen guión que un buen director o un buen actor. Ya muchos intérpretes lo afirman: "los guiones buenos son realmente escasos". Y así, ante la falta de ideas, asistimos a una explosión casi indecente de repeticiones y remakes, incluso de películas que no tienen más de cinco años (lo peor es cuando esos remakes no ofrecen una nueva versión sino que se fundamentan en una copia grosera, a lo sumo cambiando el idioma —véase lo que está sucediendo con las últimas películas orientales de terror—. Kaufman no sólo es buen guionista sino que, por si fuera poco, eleva la imaginación al máximo grado. Lo más sorprendente es que, a pesar de lo intricadas de sus historias, enlaza a la perfección las distintas secuencias de modo que el espectador no se pierde, cosa que podría resultar increíblemente fácil ante tanto movimiento narrativo.

Pero, por supuesto, Eternal sunshine of the spotless mind tiene mucho más que el guión de Kaufman —aunque, para mí, sea lo que sustenta todo el proyecto—: buena dirección, buen montaje y excelentes interpretaciones. Con este film se confirman las dotes actorales de Jim Carrey, sobre todo ante aquellos que lo han estigmatizado como una "cara gesticulante". Siento que, por lo general, se lo encasilla en comedias fáciles que sólo le exigen hacer el mayor número posible de muecas. Carrey es buen actor cómico y dramático pero las comedias que le ofrecen me resultan insulsas y de humor barato; en cuanto al drama o, mejor dicho, la "tragicomedia" es donde, a mi gusto, mejor se mueve. Eternal sunshine of the spotless mind es catalogada como "comedia romántica", sin embargo me ha dejado un sabor agridulce. Posee buenos momentos humorísticos — por suerte nada "baratos"— y, en el fondo, la base de la historia es una explosión cómica, pero creo que pesa un poco más el elemento dramático. Sin ir más lejos, el personaje de Joel tiende más a la tristeza que a la comicidad; aquí, lo excéntrico recae en Clementine. Por cierto, nueva demostración del talento de Winslet, cuya peor actuación me sigue pareciendo Titanic.

Si bien la película habla del amor, del desamor y la memoria —temas poco originales y explotados hasta el cansancio por la gran pantalla—, aquí el giro o, al menos, el tratamiento hace que la historia no resulte repetitiva. Todo ello, sobra decirlo, con los puntos fuertes y ya habituales de Kaufman: personajes marcados por la inseguridad, la excentricidad y/o la soledad, junto a cierta sensación de vacío existencial; quizás el que mejor ejemplifica todo esto sea el propio personaje de Kaufman en Adaptation.

Todos, o casi todos, sabemos lo que es estar enamorados y también perder ese amor, ya sea por desgaste, por incompatibilidad, etc. La película nos muestra los momentos bajos de la relación entre Joel y Clementine, los defectos que uno ve en el otro, los desprecios, los cansancios, las acusaciones directas. Es este sabor amargo lo que los empuja —primero a ella, la impulsiva, después a él— a borrar su historia. Sin embargo, a medida que transcurre la película y avanza el proceso de borrado de Joel, los recuerdos buenos, hermosos, de esa relación ganan la batalla. Ahora lo que Joel percibe es el sabor dulce del amor por y de Clementine. Quien más, quien menos ha deseado borrar/olvidar ciertos malos tragos en su relación con otra persona, pero lo malo conlleva lo bueno y viceversa. ¿Vale la pena liberarse de la tristeza si con ello debemos también renunciar a la felicidad? La respuesta de Kaufman —y la de la mayoría de nosotros, me atrevo a decir— es que no. La pareja se sustenta tanto en lo bueno como lo malo, debemos aprender a amar también los defectos de la otra persona. Sería desastroso idolatrar al otro en cada una de sus actitudes. La película nos ofrece una suerte de segunda oportunidad o, también, de pervivencia. Borrados, olvidados, Joel y Clementine vuelven a encontrarse, a conocerse, a enamorarse. ¿De qué ha servido entonces ese olvido?

En resumen: una espléndida película. Hermosa, original, divertida y profundamente triste. Es inevitable no recordar el vacío y la falta de aire que acontece tras una ruptura, tras la ausencia. Pero, al final, la dulzura.

 

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