Scoop: titular, notición, primicia. Pero ya no es noticia una película de Woody Allen sea deliciosa; ni que Scarlett Johansson esté ahí, a punto de desbancar a Shakira en la lista de “clonables”. La historia nos cuenta un enamoramiento, el de una joven periodista que entrega los favores de sus encantos a un millonario londinense que, según todo parece indicar, es un asesino en serie.
No desvelaremos si el tipo es o no culpable, pero sí nos quedaremos con la idea de que, cuantos más indicios se acumulan en contra de la inocencia del sujeto, más enamorada se muestra ella, más disculpas y de naturaleza más rocambolesca surgen de su fantasía.
Historia de amor e investigación de una lista de asesinatos. Es el doble proceso de este guión tan bien resuelto, sin fallos, como siempre en Woody Allen, con las dosis adecuadas de humor, de acción, de misterio. Quizá alguna de las casualidades que hacen avanzar la historia a mí me parece forzada, (como el hecho de que él haya olvidado la clave que abre una puerta en la otra chaqueta), pero nada más, porque todo está enmarcado en una hora y media que transcurre del tirón, llevándolo todo a la vez.
El humor de Woody Allen, aquí como el mago Splendini, es como la ginebra: o no te gusta o te parece el más gracioso del mundo.
―¿De qué religión es usted?
―De pequeño fui judío, pero en cuanto crecí me convertí al narcisismo.
Yo nunca había visto la sala del cine llena, pensé de hecho que me había confundido de película. Pero llenó, el viejo de las gafas llenó la sala, salió a hombros y triunfó la otra tarde.
La barca cruzando la laguna Estigia, la vuelta a las gafas de pasta negra, la ironía a la hora de hablar de los modales, las costumbres y el inglés de los ingleses (llega a decir, él, neoyorkino: “no podemos seguir aquí, hablando en otro idioma”). Queridos bacantes: sois estupendos, os lo digo de corazón, sois un ejemplo para vuestra raza.
Consideración final ajena a Scoop. Crítica a la crítica.
Me he dado una vuelta por la web en busca de los trailers de Scoop y gracias a ello he leído comentarios de algunos espectadores. Detecto que existe un patrón en las críticas que se hacen de las distintas películas de Woody Allen, patrón que se repitió, por ejemplo, en el artículo sobre Match Point aquí, en La Revelación. Es el siguiente: tenemos a un grupo de gente al que la película ha encantado, y así lo manifiesta, y luego tenemos a un sector para el que la película no es buena y proclama que Allen ha perdido su genio. Estos últimos citan, por lo general, algunos títulos antiguos del cineasta neoyorkino. Dentro de esta tendencia no he encontrado a ninguno que citara alguna película que tuviera menos de quince o veinte años. Mi impresión es que citan las pelis de los setenta, y alguna de los ochenta, como recurso de autoridad. Pero no veo yo autoridad ninguna en esas citas: existe el emule y el que no ha visto la filmografía completa del neoyorkino es porque no lo ha deseado. Se me antoja fascinante ―incluso olfateo un puntito de neurosis que a mí me enternece― el hecho de que los adeptos a esa tendencia sigan viendo las nuevas películas de Woody Allen y, más aún, que sigan leyendo críticas. A mí me dejó de gustar ir a la playa y lo solucioné no volviendo: es más, como soy un caballero, ni siquiera tengo bañador; ni chándal. Pero vamos, que por mí todo muy bien, eh, sobre todo el whisquito con hielo.
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