Sigamos una exhaustiva cronología:
- 1979: Alien. Antológica película de ciencia-ficción, como pocas en su género se han visto.
- 1986: Aliens. Secuela de la anterior, sin tanta originalidad pero que produce la misma sensación de gayumbo mojado que la anterior.
- 1987: Depredador. Originalísima película en la que un ser extraterrestre hace sudar fanta a todo un curtido grupo de soldados, sólo por el simple “hobby” de cazar.
- 1989-1990: los chicos de Dark Horse Comics, de la mano de Stradley y Norwood, nos ofrecen el curiosísimo comic-book Alien Vs. Predator , en el que veremos a dos de las razas alienígenas más agresivas del universo darse de palos hasta el abono transporte.
- 1994: aparecen los dos primeros juegos de Alien Vs. Predator, el primero a modo de clásico shoot'em up tipo Doom y similares, y el segundo como legendario arcade al más puro estilo Final fight .
Hasta aquí todo bien. Películas de canguelo con bicho horripilante, secuela más que aceptable, libre adaptación al cómic bastante acertada y videojuego apasionante para cualquier quinceañero machacateclas con la testosterona revuelta.
Posteriormente surgieron nuevas secuelas: segunda parte de Predator protagonizada por un Danny Glover más perdido que Lauren Postigo en Gladiadores Americanos; tercera y cuarta entrega de Alien , con argumentos cada vez más enrevesados, innovaciones menos acertadas y técnicas de cámara demoledoramente mareantes; nuevos videojuegos en los que ambos bichos, juntos o por separado, seguían repartiéndose cera; y nuevos comic-books de estilos variados y argumentos semejantes.
La situación ya estaba un poco forzada, pero todavía era admisible, producida por el eterno estiramiento de un merchandising rentable.
Pero había quien aún no estaba del todo conforme y decidió dar un giro de 360 grados (que no de 180) a la situación, para encontrarnos con la adaptación de la adaptación de la adaptación: la versión ortopédico-cinematográfica de Alien Vs. Predator .
Cuando partimos de un tema más que sobado, una mala adaptación y un guión pésimo, encontramos algo como lo que tenemos delante, una puñalada trapera asestada tanto a cinéfilos en general como a amantes de ambas sagas en particular.
Una película en la que hay que ir con gafas de visión nocturna al cine para poder enterarse de algo, personajes poco creíbles, monstruos dotados de una humanidad grotesca y una innoble traición a los argumentos originales:
- Los depredadores siempre han sido cazadores con un noble y clásico orgullo de guerrero; en esta entrega el orgullo acaba convirtiéndose, a pesar de unos primeros momentos que prometen, en un comportamiento de madraza con casco.
- Asistimos a topicazos dignos de las más lamentables series B como “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” o “tengo que sobrevivir por mis dos hijos”.
- Los aliens, muy inteligentes en algunas ocasiones, en otras sólo les falta la boina.
- Los depredadores, que si en algo se hace hincapié en anteriores entregas es en su aparición y efectividad en momentos de calor extremo, montan su chiringuito de entrenamiento y rinden a la perfección en un entorno tan soleado y agradable como es el ártico.
Si a todo lo anterior le añadimos la comparación con anteriores entregas, nos da como resultado la nominación al Razzie al peor remake o secuela (que finalmente se llevó, con todo merecimiento, Catwoman). Si algo funciona, somos de la opinión de que se puede apretar un poco para ver si rinde más. Pero con un mínimo de criterio.
Del final de la película nos abstenemos de hablar…
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