Sinopsis: Chico de León, o por ahí, que llega a Madrid a ganarse la vida como fotógrafo de revista y a comenzar a convivir con una novia con la que lleva siete años de relación. La película puede enmarcarse dentro del género de la ciencia ficción, ya que a los cinco minutos el tipo ya tiene trabajo, está instalado en un pisito amplio del centro y se relaciona estupendamente con sus compañeros de trabajo, un grupo nutridito de estereotipos capaces de andar y pronunciar palabras. Lo que le pasa a todo el mundo en Madrid, vamos.
Leo en una crítica de algún amiguete del director (o que está “untado”, evidentemente): “ Bienvenido a casa es una travesía a la madurez, una historia de amor que aspira a retratar las contradicciones de la vida”.
¡Corten! Mentira todo. Por partes:
A. “ Bienvenido a casa es una travesía a la madurez”. No: es una travesía, y larguísima, hacia un destino claro: que la película acabe de una maldita vez. Dura unos 110 minutos. Pues bien, la primera vez que no pude más y consideré que el asunto debía de estar a punto de terminar, ¡sólo habían transcurrido 45 minutos! Tres cuartos de hora, con lo cual me quedaba más de la mitad de la tortura. Segunda vez que miré el reloj: quedaba más tiempo aún, ¡el tiempo iba hacia atrás! Pareció durar más que Ben Hur.
B. “Es una historia de amor”. No:
B1: No es de amor. Amor es lo que yo tuve que experimentar, y a raudales, para no cortar de raíz la existencia de la persona que me había arrastrado a ver Bienvenido a casa , aun sabiendo que este tipo de películas acelera mi existencia y la coloca más cerca del fin. Lo que le pasa a esos personajes, más planos que la Mancha , no es amor. Los hamsters sienten y transmiten más amor, estoy seguro (no a mí, pero he visto casos).
B2: No es una historia. El protagonista tiene menos evolución que la mentalidad de una momia. Una historia tiene varios pasos: principio, desarrollo, fin. Bienvenido a casa consta de estos pasos: primero, en la pantalla comienzan a aparecer imágenes (no confundir con Principio o Planteamiento, que es cuando se presenta a los personajes y al conflicto a resolver a lo largo de la historia); segundo paso: durante casi dos horas se suceden distintas escenas (sin estructura, sin clímax, sin evolución de nada ni nada, todo además con una obviedad aplastante, nada es consecuencia de lo anterior: no confundir con Desarrollo de una historia); y, tercer paso: la pantalla deja de ofrecer imágenes (no confundir con el Fin).
C. “Aspira a retratar las contradicciones de la vida”. Si se refiere a la contradicción de plantearse: “¿Qué hago empleando mi tiempo, que es limitado, en ver esto?”, pues sí, retrata esa contradicción. Y hasta ahí los retratos, amigo.
No pienso hablar ni un segundo de ninguna de las tramas y subtramas que estos tipos, guionistas, director, asesores, los que hayan sido, han fraguado en dos horas. Baste con decir que se vuelve a cumplir la ley inmutable que dice que, salvo Garci y Berlanga (algunos más, pero cito a estos dos porque se salvan sistemáticamente, siempre, de hacer mal las cosas) LAS PELÍCULAS ESPAÑOLAS “INDUSTRIALES” DEJAN TRAMAS SIN RESOLVER. Eso suele dar pie a animadas conversaciones posteriores, a la salida del cine: “yo creo que ella lo que quería decir es que…”, “a mí me parece que sí, que se dan cuenta de que se quieren…”, “no, él sí que decide quedarse, pero…”. Antinarrativa. Cuando alguien tiene que contar algo, lo cuenta y punto. Si cada uno de los espectadores de una película tiene una versión acerca de lo que realmente ha pasado, la única deducción que puedo hacer es que realmente nadie contó una historia. Porque probablemente no tengan nada que contar. Pues que se dediquen a otra cosa. A leer o a ver películas. Que no sean tan pretenciosos, que empiecen por historias cortas, que hagan las películas de media hora. Pero que no sigan, por favor.
¿Algo positivo? Una cosa: que existe la posibilidad de que Chuca vea Bienvenido a casa y de que, en ese caso, le dé por hacer un nuevo artículo acerca de ella. Yo daría lo que fuera para que eso ocurriera. Me imagino a mi primo, desencajado y soltando perlas entre calada y calada. Chuca, hazlo, anda, que yo hoy no puedo más. Me falta mala leche. Me sobra angustia.
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