Tal y como prometí, expié mi ignorancia trilogística con la saga Cube viendo su tercera parte: Cube Zero . Afortunadamente, la crítica tenía razón. Tras el descalabro del hipercubo, la última entrega salva el memorable recuerdo del endemoniado recinto y el espíritu de la trilogía en sí, gracias a la inclusión de algunos factores y la reaparición de otros. Veamos.
El comienzo recuerda totalmente a la primera parte. Un hombre dividido entre los sentimientos de mediana resolución y acojonamiento máximo entra en una de las habitaciones del cubo previa comprobación de peligro lanzando la ya legendaria bota de tanteo. Deducción pseudológica: si a la bota no le ha pasado nada, a mí tampoco (se nota que no ha visto las anteriores entregas). Cuando el angelito quiere darse cuenta de su error ya ha dejado de ser persona.
En ese momento la historia cambia por completo de perspectiva. Dos curritos ven a través de un monitor la ejecución de la víctima. Habitación llena de cables, teclados, visores, atmósfera pesada y sombría… todo parece indicar, como así nos lo confirmarán poco después, que Wynn y Dodd son dos empleados que trabajan para el cubo. La personalidad de ambos, tremendamente marcada y bien representada, se hará patente y resultará fundamental para el desarrollo de la historia. Wynn, un prodigio de inteligencia, curioso, preguntón; y Dodd, taciturno, obediente y sin ganas de complicarse la vida. Él está ahí esperando órdenes y las continuas preguntas de Gin le incomodan.
- ¿Dónde están nuestros dos compañeros?
- Uno estará enfermo y el otro de vacaciones.
- ¿Otra vez de vacaciones?
- Supongo que sí, no es mi problema.
- ¿Seguro?
- Sí.
- ¿Escuchaste los ruidos de anoche en el cuarto de Owen, ahí al lado?
- Habrá sido una pesadilla, siempre te quejas de tus pesadillas.
- Y ¿Cuándo volverá Owen?
- No lo sé.
- ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?
- No lo recuerdo, me da lo mismo. Tus preguntas nos van a buscar un problema.
- ¿Como a Owen?
Mientras, la mecánica del cubo, el porqué de la situación, se va revelando poco a poco. Todo aquél que entra en el cubo ha firmado un consentimiento previo a cambio de librarse de una pena de muerte impuesta por acciones pasadas, pero que nunca recordarán una vez dentro. Sin embargo dos acontecimientos cambiarán el rumbo de la historia: la aparición en el cubo de Rains, una atractiva mujer (al menos para Wynn) cuya hoja de consentimiento no aparece por ninguna parte, y la llegada a la salida del cubo de un supuesto afortunado, que no es otro que Owen, uno de los compañeros desaparecidos. Se inicia el procedimiento de salida, una batería de preguntas que la víctima debe contestar. La última pregunta será crucial para determinar la suerte del confinado: ¿Cree usted en Dios?
La cabeza de Wynn es un hervidero. ¿Qué hacen allí? ¿De quién reciben órdenes? ¿Y si todo es mentira? ¿Será cierto aquel rumor de que existe una salida alternativa que lleva directamente al exterior, tal como sugirió Owen? ¿Nuestros dos compañeros fueron metidos en el cubo por saberlo? ¿Y qué mejor forma de comprobarlo, aprovechando que estoy hasta las narices, que desobedecer las órdenes y meterme yo mismo en el cubo?
De esta forma comienza la aventura de Wynn, junto a Rains y compañía, por los entresijos de la estructura, aprovechando su conocimiento del medio y su brillante inteligencia. Para ponérselo difícil aparecerán en la sala de control tres jefecillos de la empresa: Finn, Quigley y Jax, este último como gran manejador del cotarro, que además nos amenizará con una espectacular actuación de malvado rijoso, sarcástico y con muy mala leche.
Y hasta aquí podemos leer. Ya corre por cuenta del lector saber si Wynn y la maciza conseguirán salir del cubo, si todo es legal o ilegal o si Michael Riley –actor que interpreta a Jax– merece un Óscar o una paliza (muchos no se ponen de acuerdo, aunque para mí un Globo de Oro y una colleja hubiera sido justo).
El final, al más puro estilo Cube. Explicaciones con su punto justo de distorsión para no dárnoslo todo hecho… y un guiño muy bien metido a anteriores entregas de la saga. Porque no nos gusta la habitación azul, queremos volver a la verde...
Si quieres leer el artículo sobre la segunda entrega de Cube, Cube2: Hypercube pincha aquí
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