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EL APARTAMENTO, BILLY WILDER: el amor cabe en un piso de alquiler.

¿Y si después de una larga, tediosa y monótona jornada laboral tuviéramos que esperar a la puerta de nuestro piso, sin poder acomodarnos en el sofá y cenar tranquilamente? ¿Y si tuviésemos que esperar a que alguien acabara una romántica cita en nuestro salón? Entonces, con seguridad, nos llamaríamos Jack Lemmon y estaríamos en la genial película El apartamento, de Billy Wilder. [+]


 

EL APARTAMENTO, BILLY WILDER: el amor cabe en un piso de alquiler.
Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Título original: The Apartment. Año: 1960. Duración: 125'. País: USA.

Dirección: Billy Wilder.

Guión: Billy Wilder y I.A.L. Diamond.

Reparto: Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray, Ray Walston, Jack Kruschen, David Lewis.

Música: Adolph Deutsch.

Fotografía: Joseph LaShelle.

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Billy Wilder venía de hacer Con faldas y a lo loco. Sin arrugarse, atreviéndose a dar un triple salto mortal y huyendo de vivir de las rentas, al año siguiente, en 1960, vuelve a echar mano de Jack Lemmon -Wilder dijo de él que era el mejor desde Cary Grant- y escribe, junto a L. Diamond, un guión que pasa directamente al manual de guiones del cine.

Son dos horas de metraje, en blanco y negro, con música sólo cuando debe entrar la música: ahora apenas hay silencios en el cine, parece que le temen al silencio, y quizá lo que están temiendo es escuchar lo que han preparado, no me extraña. Pero Wilder estaba seguro de su guión, tampoco me extraña, era un maestro.

Y lo dicho: un pusilánime oficinista trabaja en una empresa de estas que residen en un rascacielos y en la que el ascenso laboral se deja traslucir por el número de planta que ocupas. El buen hombre se siente inseguro, no cree en sí mismo, y opta por un curioso sistema de autopromoción en la empresa, que es el siguiente: deja la llave de su apartamento a los jefes de sección, cincuentones casados, para que allí se desfoguen con sus subordinadas. El lunes le toca al de recursos humanos, llueva o nieve; el martes, al jefe de publicidad y venta, aunque el pobre de Jack Lemmon esté resfriado y cansadísimo; el miércoles, al siguiente, y Lemmon en un bar, esperando a que den las doce, la una… hasta las seis de la mañana.

A mí me llegó a dar grima la pusilanimidad del personaje; pero entonces entendí por qué lo hacía: para ascender. En ese momento la grima se me tornó en asco. Tenía lo que se merecía, ese tipo no era un hombre, era un pelele. Y, en efecto, va ascendiendo. Primero, un despacho; después, aumento de sueldo y de cargo; planta a planta, noche a noche, Lemmon se va convirtiendo en un tipo importante en la empresa. Importante y muy cansado.

Pero llega la ruptura, el elemento mágico de este cuento de dos horas. Un cuento en blanco y negro, ¿es eso posible? Para Wilder sí. Lo hace posible cuando se abre el ascensor y la chica empleada para llevar a la tropa de planta a planta es Shirley McLaine, divina, morenita de pelo corto, gorrito de ascensorista, versión culta y atrayente de Sacarino.

Sólo ella logrará hacer dudar a Jack Lemmon. Sólo ella logrará parar el ascensor de un tipo que, si bien asciende y asciende en la escala social, por otro lado se está precipitando a un foso en el que está enterrada su autoestima y su dignidad.

¿Logrará Shirley McLaine sacar por completo del marasmo a Jack Lemmon? ¿Es esto una comedia, una tragicomedia, una comedia romántica, un melodrama? Os dejo a vosotros la respuesta, porque sólo tardaréis dos horas en encontrarla. Las dos horas que dura El apartamento.

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