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EL LUCHADOR MANCO.

Os voy a contar que el otro día vi El luchador manco, por lo visto una peli de culto para los amantes del género. Yo qué sé, yo no rindo culto más que al que lía el Ducados, y ni eso, pero voy a desbarrar un rato. ¡Kwei Uha Chen Chiu! [+]



 

EL LUCHADOR MANCO. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Título original: San Duk Bei Do. Año: 1971. Duración: 96'. País: Hong Kong.

Dirección: Wang Yu.

Guión: Kuang Ni.

Reparto: David Chiang, Lung Ti, Chung Wang, Lei Cheng, Feng Ku, Chen Hsing, Li Ching, Wang Yu.

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La cosa venía en dual, me dijeron. Vale, yo meto el DVD calentito del emule y me aparece una escena de unos chinos en un bar. Hay dos tipos en una mesa, uno de ellos muy contento porque traía un pájaro metido en una jaula, y parece que el animal es un prodigio, pues recibe las alabanzas del otro tipo. Cabeceos, reverencias y todo el pastel que se gastan mis primos los chinos. Bueno, no sé si es que ese bar era un club de ornitología, pero la cosa es que entrar unos diez tipos con mono azul y otra jaula en la mano. Cruzan unas palabras con el primero, y de pronto el cabecilla de los que han llegado se mosquea cantidad y le mete al otro que da gusto. Esta actitud violenta no gusta a otro grupo de tíos que hay en la mesa de al lado. Y nada, se levantan y se lían a toques, puñetazos y patadas voladoras entre todos. Cinco minutos de película y un bar menos.

No os he comentado que yo estaba escuchándolo todo en chino, tal cual, versión original. No me había enterado de qué carajo le pasaba al pájaro ni de por qué se había liado ese pitote en el bar, de modo que enredando con el mando encontré un botón: AUDIO, que hizo que los diálogos se escucharan entonces en español. Bien, me dije, esto es el dual ese famoso, voy a darle para atrás, comienzo a verla de nuevo en español y a ver si me entero de qué va la cosa, a ver si es que el pájaro chamulla latín o qué.

Veo todo desde el principio. Ni flores. Aquello tenía menos sentido en español que en chino, os lo prometo: me había enterado más la primera vez. El pájaro es muy bonito, sí, sí, me lo llevo para mi maestro, oh, no, en qué te he ofendido. En este plan. Y a hostia limpia.

Lo sentí por el del bar, porque yo me pongo triste cada vez que se cierra un bar o abren un banco, pero seguí viendo el asunto. Nada: bandas rivales, tíos alucinantes que se cargan a treinta. ¿A treinta? Uno dijo que a tres mil, y yo me pregunté: eso es genocidio, tronco, si te pilla Garzón te pone guapo y te da lo tuyo. Bueno, la cosa es que al “bueno” de la peli se le presentan en su escuela, porque todo esto va de maestros que tienen su propia escuela y no hacen otra cosa que luchar, y venga de luchar. Al único que vi cotizar en toda la peli fue al camarero del bar de la primera escena, y mirad cómo acabó. ¿Aquí no curra nadie? ¿Qué hacen, sólo luchar y luchar? ¿Les pagan por eso? ¿Quién les paga?

Los “malos” se cargan al maestro y a todos los compis de escuela del “bueno”, y a éste lo deja manco un menda con más cejas que un cruce de Gallardón con el demonio de Tasmania. En el ajo hay también dos tibetanos que se inflan, literalmente, cuando alguien les toca las narices y un supuesto maestro hindú ―claramente se ve cómo es un actor chino pintado de negro: los chinos lo tienen chungo para caracterizarse de otra raza, percibí―. Y al manco, tirado en una carretera lluviosa y con fondo musical melodramático lo encuentran una jovencita y su anciano padre.

El guión da un vuelco y asistí entonces a la bucólica recuperación del luchador manco, frente a una cascada propia de los platos chinos de madera que nuestras madres traían en el ajuar, se ve que hubo una moda en los setenta. Y entonces llega el “elemento mágico”: el padre de la chica conoce el secreto de la fuerza infinita merced a unas raíces con las que lleva enredando desde hace años. Al nota le queman el brazo que le queda y después lo someten a un proceso, dolorosísimo a tenor de las caras que pone el chinlú, que está explicado con una poderosa narrativa.

Y hala, ahora van a ver los de la otra escuela, el maestro contrario, los tibetanos que se hinchan, el hindú ese y, sobre todo, el cejijunto mamón que le cortó el brazo. Dicho y hecho, el manco reparte que da gusto. Lo tiran al suelo y el tío se levanta de golpe mediante el recurso “tírate hacia atrás que ahora lo ponemos al revés en edición”. Bueno, la que se monta al final es de órdago, con el manco repartiendo, y no cupones precisamente, y vengando a su maestro, a sus compañeros de escuela, a mí, a ti y al cuñado del director. El luchador manco, 1971, una pasada lo zumbados que están los chinos, lo friquis que pueden llegar a ser. Y, aunque tiene treinta y cinco años, la película no ha envejecido nada: sigue siendo la mismita locura que el primer día.

El DVD traía El luchador manco 2, pero de ésa ya ni os digo nada, porque era, simplemente, un torneo de artes marciales a lo Bola de Dragón en el que la “técnica de la guillotina voladora” es la estrella principal. No sé, yo me estoy replanteando esto de ir al chino a comer, aunque nunca he tenido pájaro ni jaula. Vosotros veréis.

 

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