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EL MUNDO ALREDEDOR. Mi redención con el cine español.

Me he redimido, aleluya: esta película dirigida por Alex Calvo-Sotelo me devuelve a la butaca del cine español durante dos horas sin sufrir espasmos ni tener ganas de escapar. Y eso que el argumento, un viaje en furgoneta hacia el Viña-Rock, a mí me deja bastante indiferente a priori. [+]



 

EL MUNDO ALREDEDOR. Mi redención con el cine español. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Título original: El Mundo Alrededor . Año: 2006. Duración: 98'. País: España.

Dirección: Alex Calvo-Sotelo.

Guión: Alex Calvo-Sotelo, Ignacio del Moral.

Reparto: Antonio Molero, Oscar Zafra, Críspulo Cabezas, Julieta Gómez y Elena Seguí.

Música: Raimundo Amador, Nacho Mastretta, Los Delinqüentes, Los Enemigos o Josele Santiago.

Fotografía: Juanmi Azpiroz.

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En principio me alarmé: el protagonista es Antonio Molero, actor conocido por su papel en la serie de televisión Los Serrano . Mal asunto, pensé, sobre todo porque me hallaba en el pre-estreno y el propio Molero se había dirigido previamente a la concurrencia con el discursito pegajoso de “tenemos que defender al cine español porque es el nuestro” y bla bla bla. No me sentí incluido en el adjetivo “nuestro”, puesto que yo no poseo ningún cine, así que supuse que se refería al “suyo”, habida cuenta de que el cine español es tan mío como lo es el de Hollywood o el de Pakistán, con la salvedad de que el de aquí lo subvencionan con impuestos en los que intentan que yo participe.

Pero mi alarma, afortunadamente, se fue sofocando merced a varios motivos. El primero fue el planteamiento de la película: un grupo de jovencitos alternativos quieren acudir al festival de música Viña-Rock. Los personajes y la trama fueron explicados de forma solvente, rápida, amena e incluso graciosa. Me recosté en el butacón del cine: asistía a algo inusual en el cine español.

Segundo motivo por el que mi resquemor siguió esfumándose: la distribución de personajes. Las dos jovencitas y el jovencito que formaban el grupo no me provocaron especial entusiasmo ni apego, quizá debido a que encarnaban a unos modelos reales y estéticos por los que no siento ningún apego. Bien, ellos tampoco son responsables de mis fobias, y aún así cumplían. Antonio Molero, contra mis pronósticos, y pese a interpretar a un disléxico cojo y de acento cerrado, se mostró comedido, en su punto, eficacísimo. Ayudado, sin duda, por unos diálogos oportunos y por el lenguaje no verbal, usado de continuo durante toda la película y que hace avanzar la acción a ritmo continuo y muy funcional. Apuntaló mi tranquilidad el recurso de la elipsis: eliminar las partes que no dicen nada, algo también infrecuente en el cine español, “el nuestro”.

Mención especial merece Óscar Sánchez Zafra, el ex-convicto que guía a los personajes espiritual, geográfica y monetariamente. Él acabó de apagar mis dudas, y de hecho, prendió en mí la buena impresión final que me llevé. Óscar Sánchez tiene una capacidad que hasta ahora nadie había demostrado: hacer de macarra sin que yo experimente náuseas instantáneas.

¿A qué género pertenece El mundo alrededor ? Si dicen que existe la road-movie, es decir, la película de carretera, ésta bien puede catalogarse como “Furgoneta-movie”, porque en efecto asistimos al nacimiento de la furgoneta como actriz. La furgoneta llega a dar una voltereta sobre una carretera comarcal, es robada por un matoncete de medio pelo y, en gran parte de la película, es el lugar en el que se desarrolla la acción. Un Oscar, un Goya, o un cambio de aceite gratis para la furgoneta,

Varios cameos, apuntad: el de Raimundo Amador, que sale con sus gitanos cantando en un puesto de la Cruz Roja (no os asustéis: no hablan, sólo cantan), el compositor Nacho Mastretta, que hace de pianista de burdel, y Antonio Resines, matón de gafas de sol que ni siquiera pronuncia palabra.

Conclusión: El mundo alrededor es una buena película. Entretenida, cuenta bien una historia, los actores cumplen con su papel (en algunos casos incluso por encima del impecable guión, de Ignacio del Moral). La imagen fue tomada en vídeo digital, lo cual abarató los costes de manera considerable, pero eso hasta le da su encanto en esas tomas de llanuras amarillas y castigadas por el sol, rodadas en Las Hurdes. Por tanto, concluimos que no es imposible hacer una buena película aquí, pero que para hacerla hay que dejarse de tonterías. Y de tontos.

 

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