Aprovechar el tirón de anteriores entregas exitosas es el pan nuestro de cada día en la industria del cine. Una vez más, siguiendo nuestro eterno gusto trilógico, entramos a ver una “segunda parte de”, en este caso la de Piratas del Caribe, tremenda película –de la primera hablamos- que a todos satisfizo, en lo visual y lo espiritual. Y por espiritual entendemos esa sensación sumamente agradable que se nos queda, cuando pensamos en que empeñar el reloj para pagar la entrada del cine ha valido la pena. Con creces.
En este caso –de la segunda hablamos ahora- lo visual ha sido recompensado sobradamente. Disney sigue siendo un monstruo que nos sorprende desde la misma presentación de su logo. Dos horas y media de frenesí para las retinas, giros, luchas, personajes de ficción más reales que la realidad… el sueño de cualquier sueño. Pero, ay, cuánto sufre nuestro espíritu cinéfilo con esta nueva entrega.
La primera parte se caracterizó por su coherencia, sus efectos y un Johnny Deep magistral. En la segunda, valga el trabalenguas, hemos perdido lo primero. Y se nota. La factoría Disney se aferra a la táctica del catenaccio y no se moja los pies más que para ducharse.
¿Que los personajes de la primera entrega funcionaron? Pues todos a capón en la segunda. ¿Qué las coñitas de la Perla Negra sirvieron? Pues no nos complicamos y repetimos. Todo esto lo mezclamos en batiburrillo con la simplísima idea de buscar un cofre como eje central, le metemos unos efectos especiales brutales para que la gente se olvide de a qué ha venido, y… hale. “Los niños disfrutan de la película, faltaría más, que para eso somos Disney.” Los mayores que se alquilen una de Von Frier si quieren algo de chicha.
Ojo a esto, que no digo que entráramos a ver El cofre del hombre muerto con la idea de ver película sesuda, ni mucho menos. Sólo que la primera entrega tenía más sustancia, más agarraderas, más coherencia… un guión en vez de un videojuego, en definitiva.
De todas formas, haciendo gala de una pizca de optimismo, el atraco de taquilla + cocacola + palomitas se compensa por otros motivos. Ya hemos hablado de esos espectaculares efectos especiales, del soberbio señor Depp, y añadiremos un par de cosas más. Además de una gran ambientación, nos quedamos con los diálogos de Pintel y Ragetti, la única nota medianamente ingeniosa del metraje.
Resumiendo. El cofre del hombre muerto resulta válida si vamos con el chip de friáis de la animación y el diseño puesto en la cabeza, y con ánimo no sólo de desconectar, sino de que no se mueva una neurona de su sitio. Que los ojos hagan su trabajo y el cebero se eche una siesta.
Disney es un monstruo en auge de capa caída.
IR A LISTA DE COMENTARIOS