Desde hace unos años, la cartelera ha sido visitada por lo que podríamos denominar “películas con niño raro”. Semejante personaje, de fácil identificación, se caracteriza por las siguientes peculiaridades:
• Edad comprendida entre los seis y los doce años.
• Comportamiento sumamente introvertido y descolocante.
• Forma de pensar y generación de parrafadas dignas de un adulto. Ido de la olla, pero adulto.
• Mirada fija pero perdida, como si tuviera en la punta de la lengua la reformulación de la Teoría de la Relatividad , mezclada con algún tipo de odio paranormal.
• Capacidad para resultar extremadamente mecánico y repelente.
• Y por supuesto, totalmente capacitado para inducirnos toda suerte de inquietudes en el cuerpo.
Veamos algunos ejemplos. David Dorfman, como Aidan Keller en The Ring (2002) , metiendo mal rollo durante todo el metraje. Dakota Fanning, como Emily Callaway, haciendo lo propio en El escondite (2005) . Remontándonos un poco más, Heather O'Rourke en las carnes de la sufrida Carol Anne de Poltergeist (1982) . Y como principal exponente de esta horda de niños, descendientes directos de los chicos del maíz, Haley Joel Osment, en papeles tan diversos –pero todos inquietantes de una forma u otra- como los realizados en El sexto sentido (1999) , Cadena de favores (2000) o Inteligencia artificial (2001) .
En esta ocasión, el bicho raro se llama Cameron Bright, y se las va a hacer pasar moradas ni más ni menos que a Nicole Kidman. Expliquémoslo:
Anna (la señorita Kidman) va a casarse con Joseph diez años después de la muerte de su anterior marido, Sean. Ambos se quieren mucho, se respetan mucho y se ríen mucho juntos. Todo va bien. Hasta que aparece Sean, un niño de diez años, que dice ser la reencarnación del difunto Sean. Por supuesto, el chaval se ajusta perfectamente a las condiciones antes expuestas, sembrando la duda en Anna, la mala leche en Joseph, la confusión en el resto de familiares y amigos, y el caos generalizado en los espectadores. Durante los cien minutos de película; es que no para quieto el crío.
Porque todo gira en torno a ese asunto. Hora y media larga, muy muy larga, intentando convencer al personal de que él es el Sean original, reencarnado, cuya única intención es recuperar a su esposa. Imaginémonos a nosotros intentando recuperar a nuestra novia mediante estudiada parrafada de veinte minutos, como para que esto no se nos haga duro.
Y todo gracias a Jonathan Glazer, director del invento, que aprovechando un reparto de lujo se va a aturullar. Y cuando él se aturulla, nos aturulla a nosotros. En efecto, el elenco de actores es soberbio. Nicole Kidman como actriz principal, y Lauren Bacall, Danny Huston, Anne Heche, Alison Elliot, Michael Desautels, Peter Stormare o el nene Cameron como grandísimos secundarios.
La cuestión es: si tú como director, ellos como profesionales y nosotros como cinéfilos ya sabemos que son excelentes actores, ¿por qué tienes que recrearte en restregárnoslo? Tremenda lentitud, enorme parsimonia e interminables planos estáticos –“se ha quedado pillado el DVD”, comentó un amigo mío- que los actores aguantan de forma impecable, pero nosotros no.
Lástima. Una película de planteamiento original y reparto magnífico, cayendo en el olvido por la concepción estético-plomiza de su director. Por no hablar de un final extraño, poco definido y cortado con hacha. Así que, queridos bacantes, si queréis disfrutar de grandes interpretaciones, echad un vistazo a Renacimiento . Si queréis degustar un planteamiento curioso, echad un vistazo a Renacimiento . Pero si queréis ver una película sin mirar cada cuarto de hora el reloj, incluso algunas checoslovacas de arte y ensayo tienen más ritmo.
IR A LISTA DE COMENTARIOS