– Llegas tarde. Muy mal. – Es sólo un pequeño reproche, a pesar de que él siempre llega tarde. Incluso el día de su boda. – No deberías estar aquí. Anda, vete. – Ella se dirige a él con dulzura. Es sólo un pequeño reproche, pero sin importancia, porque ambos están enamorados. Prefiere que se marche de la antesala de la iglesia, porque ver a la novia antes de la boda trae mala suerte.
Él aguarda ante el altar, sintiendo la emoción más inmensa de su vida. Los invitados, felices, esperan la entrada de la novia. Y ahí llega ella. Preciosa, radiante con su vestido blanco. Todos se dan la vuelta para ver cómo avanza, y aplauden entusiasmados. Sin embargo, la sonrisa de sus rostros pronto se diluye, desaparece para transformarse en un gesto de preocupación. Algo va mal. Pero la novia sigue avanzando.
La expresión de los invitados cambia de nuevo, dando paso a una mueca de horror. Ella continúa, con paso vacilante. Y sangra.
El templo enmudece. Él corre hacia ella y la recoge antes de que se desplome, con su vestido empapado de sangre. Está muerta. Alguien ha arrancado su corazón.
De esta forma asistimos sobrecogidos a una de las primeras escenas de Sky High, producción japonesa de género fantástico, en la que el detective Kanzaki investiga el asesinato de varias jóvenes a las que alguien está robando, literalmente, el corazón. La persecución se vuelve personal cuando Mina, prometida de Kanzaki, muere a los pies del altar por idénticas causas.
Lo que al principio parece indicarnos que vamos a ver una película de género policiaco cambia pronto. Tras morir, Mina aparece en una estancia donde una mujer que dice llamarse Izuko, la guardiana de la Puerta del Rencor, le explica que ha sido asesinada y le ofrece tres alternativas, tal y como siempre ha hecho con cualquier víctima de muerte violenta: ir al cielo y reencarnarse, vagar eternamente por el mundo en forma de espíritu o volver en alma a buscar a su asesino y matarle, lo que supondría su caída al infierno. Dispone de doce días para decidir.
Mina, a quien Izuko ha mostrado tanto las causas de su muerte como el responsable, se encuentra con un grave problema. ¿Vengarse de su asesino a cambio de ir al infierno para el resto de los tiempos? ¿Reencarnarse y olvidar el asunto? Pero la situación es todavía peor: el desesperado Kanzaki está totalmente decidido a vengarse. ¿Cómo podrá avisar Mina a su prometido, nada creyente en temas paranormales, de que si mata al responsable su alma será eternamente castigada?
Al poco tiempo nos encontraremos inmersos en una doble historia de amor en la que se entrecruzan con gran acierto el mundo físico y el espiritual (tema siempre de gran tirón entre los japoneses), dilemas morales de gran magnitud, trepidantes duelos a katana, la vida, la muerte, la no-vida y la no-muerte, y profundos deseos inherentes al ser humano plasmados a la perfección en esta película.
Porque aquí nada es lo que parece, pero todo lo que parece realmente lo es. ¿Cuál es el límite de lo lícito? ¿Hasta qué punto sacrificar el alma por un deseo terrenal? Y dando una vuelta de tuerca más ¿hasta qué punto sacrificar vidas ajenas por un bien propio?
En esta ocasión no vamos a aburriros con tecnicismos extras, comentarios sobre directores y actores u otros datos externos. Simplemente vamos a animaros a disfrutar de esta gran película, con dos avisos previos: absteneos aquellos que no terminéis de cogerle el gusto a la visión del cine oriental, porque en este caso es absolutamente palpable. Y sobre todo, preparaos para el final, el gran momento estético del final, de esos que nos ponen los pelos para colgar cuadros en marco de roble.
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