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TRANSFORMERS, LA PELÍCULA; si Einstein levantara la cabeza.

¿Por qué conformarse con capítulos de 20 minutos pudiendo ver toda una película de casi hora y media? Ese era el socorrido argumento que nos convencía y obligaba a devorar Transformers: la película cuando éramos unos chavalines. Autobots y decepticons dándoselas de todos los colores durante 84 minutos. Qué pasada. Ya era hora de resucitar viejos recuerdos, y de comentarlos en La Revelación. Queridos lectores, transfórmense y avancen. [+]


 

TRANSFORMERS, LA PELÍCULA; si Einstein levantara la cabeza. Artículo enviado por Chuca.

FICHA TÉCNICA:

Título original: The Transformers: The Movie. Año: 1986. Duración: 84'. País: Estados Unidos y Japón.

Dirección: Nelson Shin.

Guión: Ron J. Friedman.

Reparto: Dibujos animados.

Música: Doug Aldrich, Randy Bishop, Anne Bryant.

Fotografía: Masatoshi Fukui.

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      Hace poco cayó en mis manos un mítico largometraje de animación, correspondiente a una no menos mítica serie televisiva, con su también legendaria aunque algo menos conocida versión en comic: Transformers: la película. Pocos serán quienes no guarden entre sus recuerdos de infancia, más o menos talludita según cada cual, el soniquete de las voces que aquí nos llegaron con acento mexicano. Raro sería no recordar la armonía metálica de las transformaciones, el estruendo sibilante de los lásers y aquel legendario “autobots, transfórmense y avancen”.

      Pues bien, en la película tenemos más de lo mismo. Mismos sonidos, mismo doblaje y mismas sensaciones… bueno, las sensaciones, a decir verdad, cambian ligeramente. Todo asiduo recordará, a pesar de los años, ciertas incongruencias en la serie que, aunque vistas con cariño, desafiaban toda ley de guión, de coherencia e incluso de la física más elemental. Pongamos algunos ejemplos:

      ¿Por qué el mismo impacto de láser a veces (las menos) causaba estragos y otras veces (las más) sólo un leve cosquilleo? ¿Cómo era posible que pudieran desplazarse a cualquier parte del mundo en un máximo de un par de horas, minuto arriba, minuto abajo? ¿Por qué los decepticons siempre buscaban la manera más enrevesada de destruir a los autobots, cuando muchas veces lo tenían a huevo pegando un par de tiros a bocajarro? ¿Dónde iba a parar el trailer de Optimus Prime cuando se transformaba en robot, y de dónde salía cuando se transformaba en camión? ¿Y cómo era posible que Megatron, un cacharrazo de cinco metros, se transformara en una pistola del tamaño de una mesilla de noche –y como él muchos otros-?

      Sí, ahora que ya somos adultos nos fijamos mucho más en esos detalles “sin importancia” que quedaban de lado esas mañanas de los fines de semana, en esa época en que memorizar los ríos de España era nuestra principal preocupación. Sin embargo, la película corrige algunas de estas lagunas científicas. Porque aquí un láser hace mucha pupa, porque la puntería no es tan mala como en la serie y porque aquí hay muertos, señores.

      Situémonos. La acción tiene lugar en lo que sería más o menos el punto medio entre las dos temporadas de la serie que llegó a España. En el año 2005, los decepticons finalmente se han salido con la suya y controlan su planeta natal, Cybertron. Los autobots han quedado relegados a un par de bases en las lunas del planeta y en Autobot City, aquí, en la Tierra (Aranjuez, probablemente). Megatron consigue asaltar una nave autobot de camino a la Tierra y, tras masacrar a sus tripulantes, hace lo propio con muchos de los defensores de la base de Autobot City. Y en la cumbre, duelo entre ambos líderes, con resultados catastróficos: muerte de nuestro querido Optimus Prime y defenestración de Megatron que, tras recibir otra puñalada trapera más por parte de su lugarteniente Starscream –el mayor trepa cibernético de la historia- será salvado y reconvertido en Galvatron por Unicron, el cruel planeta pensante destructor de mundos.

      Nos alegra ver en esta película que los Transformers “se han hecho mayores”. Sufren más que nunca, se averían más que nunca y caen como chinches de plomo cuando encajan dos tiros bien dados (lo lógico, vaya). Muchos de los robots más carismáticos de la serie van al cielo de los robots, desde el mismísimo Optimus hasta el entrañable Wheeljack, pasando por Starscream, eliminado de forma espectacular. Porque a todo trepa le llega su hora.

      Sin embargo, muchos fallos se mantienen. Entre ellos, el principal, esos cambios de tamaño increíbles que nos dejan a todos con la boca abierta. Sus creadores siempre podrán argumentar muchas cosas. Licencias de guión, que las leyes de la física en Cybertron son distintas, que es una simple cuestión de perspectiva, que si eso no te convence pues ponte una de vaqueros… faltaría más, teniendo en cuenta que la película cuenta, entre otras, con las voces de ilustres como Leonard Nimoy o el mismísimo Orson Welles. En la versión original, claro.

      Pero el caso es que nos convence. Esas incongruencias forman parte de la serie, de la película y de todo el universo de los Transformers. Y de paso, de nuestra infancia.

      Y eso son palabras mayores.

 

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