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LOS VÍDEO JUEGOS Y EL CINE. Primeras adaptaciones. 

Muchos de nosotros recordamos, y recordaremos siempre, las horas de diversión que Super Mario, Sonic o Lara Croft nos han hecho pasar, con las manos pegadas al pad y los ojos al televisor. Ya sea Nintendo, Sega, Sony o Microsoft, buena parte de nuestra infancia va asociada a alguna de estas marcas. Esto no podía pasar desapercibido al olfato de la industria del cine. Sin importar las consecuencias. [+]


 

LOS VÍDEO JUEGOS Y EL CINE. Primeras adaptaciones. Artículo enviado por Chuca.

 

      Dos de las industrias más prolíficas tenían que juntarse tarde o temprano. Junto con las adaptaciones de cómics, los videojuegos se hacen sitio en la gran pantalla. Como siempre, los resultados son en muchas ocasiones decepcionantes. No sólo por la calidad de la película en sí, sino por la idea preconcebida; y eso que en el caso de un videojuego, la adaptación puede flexibilizarse bastante más.

      En el caso de una adaptación libro-cine, nuestra imaginación nos hace ver a los personajes a nuestra manera. A partir de una descripción en papel, nosotros hacemos lo demás. Un videojuego ya nos da esos parámetros más definidos, por lo que el riesgo de decepción en lo que a la caracterización se refiere será menos, siempre y cuando no se vayan por los cerros de Úbeda. En el caso del salto de las páginas a la gran pantalla, hemos podido ver de todo, desde adaptaciones bastante fieles como El señor de los anillos (sí, ya sabemos sus fallos, pero es una gran adaptación) hasta aberraciones como La historia interminable, que como película está bien, pero como adaptación es de cadena perpetua.

      Pero a lo que vamos. El tirón de un videojuego reflejado en celuloide fue considerado como un filón, y por tanto puesto en práctica. La primera criatura de este tipo en ver la luz fue Super Mario Bros. Los señores Hoskins, Leguizamo y Hopper componían la parte principal de un cartel que se quedaba en eso, en un simple cartel. Un ambiente futurista y destartalado contaba la historia, muy sui generis, del buque insignia de Nintendo. Reyes-dinosaurio con forma humana, entrañables champiñones goompa como armarios roperos con cabeza de jíbaro, un Luigi sin bigote… un despropósito que contó con el mismísimo Shigeru Miyamoto en el equipo de realización, aunque suponemos que atado y amordazado. Volvemos de esta forma a nuestra eterna teoría de que hay que hacer lo que sea por comer, incluso el ridículo.

      Para redondear este cachondeo adaptacional, ese mismo año se estrenó Double Dragon, otro clasicazo consolero. Unos cuantos guiños al videojuego componían la trama de una película en la que el guión fue utilizado básicamente para sostener una de las mesas cojas del estudio.

      El siguiente paso fue adaptar el juego de lucha más grande del momento, Street Fighter. En la que pudimos contemplar como Jean-Claude Van Damme, la pre-famosa Kylie Minogue y Raul Julia personificaban al repertorio de luchadores. De nuevo, la escasez de guión, la nutrida serie de incoherencias y lo lamentable de personajes como Blanka o Dhalsim, nos hacen hablar de una cutrez considerable. Una auténtica lástima que fuera el último papel de Raul Julia.

      Sin embargo, la moda ya estaba abierta y no tardaron en llegar los taquillazas esperados.

Así llegó en 1995 Mortal Kombat, otro repartegalletas a mansalva para la gran pantalla, aunque esta vez con mejores resultados, al menos para los productores. La violencia del juego fue asimilada por el film, encabezado por nuestro entrañable Christopher Lambert haciendo el papel de Rayden (para que luego digan que no existen semidioses con estrabismo). La avalancha de seguidores incondicionales del juego dejó setenta millones dólares en taquilla sólo en Estados Unidos. Dos años después llegaría la secuela, Mortal Kombat: Annihilation, bastante más cutre y de menor tirón.

 

Continúa en: Vídeo juegos y cine II: presente y futuro.

 

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