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VOLVER: seis mujeres y una historia que contar.

Lo hemos vuelto a hacer. Hemos entrado en un cine a ver una película española. Llámenlo masoquismo, inconsciencia o “es que la parienta quería verla”. Nosotros lo llamaremos esperanza. Porque si perdemos la esperanza con don Pedro, nos nacionalizamos estonios. [+]


 

VOLVER: seis mujeres y una historia que contar. Artículo enviado por Chuca.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Volver. Año: 2006. Duración: 110'. País: España.

Dirección: Pedro Almodovar .

Guión: Pedro Almodovar .

Reparto: Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Carmen Maura, Yohana Cobo, Chus Lampreave, Leandro Rivera, Carmen Machi.

Música: Alberto Iglesias.

Fotografía: José Luis Alcaine.

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A estas alturas, cualquier lector asiduo se habrá percatado de que, a veces, nos repetimos bastante con según qué cosas. Particularizando un poco más, cualquier lector asiduo habrá observado lo plastas que podemos llegar a ponernos con aquello de “cuando vamos a ver una película, lo que queremos ver es una historia bien contada”. Pues sí, muy plastas. Y lo que nos queda. Pero es la pura verdad.

En este caso estamos ante lo último de Pedro Almodóvar, Volver. Ronda de apreciaciones personales: en muchas ocasiones don Pedro me rechina. Denso, lento, de mecánicas similares y con aquella figura materna enfocada de esa forma tan sui generis que todos conocemos. En efecto, es una opinión extremadamente subjetiva, que puede resultar –y de hecho así es- como poco intrascendente. Pero lo que es innegable, y esto creo que ya entra dentro de lo objetivo, es que don Pedro sabe contar una historia. Más o menos enrevesada, más o menos cómica, o con más o menos ritmo. Podrá fascinar más de lo normal a sus incondicionales o hacer echar las muelas a sus detractores. Pero el caballero sabe lo que hace, y eso tiene muchísimo mérito.

Y ¿qué es lo que se nos cuenta en Volver ? Dejemos que nos lo explique el propio director: “Volver habla de lo complicado de las relaciones entre madres e hijas y rinde tributo a las vecinas. En mi infancia en La Mancha el patio de mi casa era el sancta sanctorum. Un universo femenino donde yo veía la vida en directo; y las vecinas son elementos esenciales de esta pequeña organización. He vuelto a mis propias raíces y a la memoria de mi madre. Me baso absolutamente en mi vida, mis recuerdos y los de mi familia. Es una evocación de los diálogos internos que mantengo con mi madre”.

Despejando un poco la espesura de semejante parrafada, la película nos cuenta la historia de cómo una mujer y su hija hacen frente a una complicadísima situación familiar, de cómo su hermana hace lo propio ante la aparición de su presuntamente fallecida madre, de las relaciones familiares en un pueblo de La Mancha, de las vivencias de sus habitantes, sus costumbres, sus tradiciones… hasta sus amplias y soleadas casas y patios, o sus sombríos cuartos.

Tanto que contar en dos horas de metraje, tanto que ver en Alcanfor de los Infantes, el pueblo que registra un mayor índice de locura por metro cuadrado entre sus habitantes, por esos malditos vientos solanos. Y tanto mérito del director es contarlo como saber elegir a quienes mejor lo cuenten. Destacar a Penélope Cruz, que además de dar una lección de cómo no parar de llorar en ciento veinte minutos, demuestra que es una gran actriz (caiga gorda a quien caiga). Destacar a Chus Lampreave, cuya presencia durante 10 minutos hace que la película valga la pena sólo por verla actuar. Y por supuesto, destacar a Carmen Maura –y que aquí el lector coloque cinco o veinte calificativos entre “grande” y “tremenda”-. Por último, Yohana Cobo, Blanca Portillo y Lola Dueñas, completando el reparto de féminas, con una faena mucho más que aseada.

Al final de la película, división de opinión entre los espectadores: muy lenta, muy buena, muy graciosa, muy plomiza… había de todos los colores. La crítica, sin embargo y como no podía ser de otra forma, la puso por las nubes. ¿Otra discreta confirmación del pacto de defensa a ultranza del indefendible cine español? Vaya usted a saber. Pero al menos todos coincidimos en lo mismo. Si se trataba de contar una historia, que efectivamente de eso se trataba, se contó de una forma muy acertada. Y lograr eso entre Tarifa y los Pirineos, a día de hoy, es complicadísimo.

Por suerte, siempre nos quedará don Pedro.

 

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