Con esta frase en boca de Nicolás Cage empieza «El Señor de la Guerra» para continuar inmediatamente después la película con unos títulos de crédito fabulosos en los que te cuenta la vida de una bala desde su creación hasta su destino. Chapó por esos minutos de los títulos de crédito que bien podrían ser un cortometraje en sí. Muy buenos.
Luego ya empieza la película en cuestión con la narración de la vida de Yuri Orlov desde sus inicios en la pequeña Odessa hasta cómo se va convirtiendo poco a poco en un traficante de armas cada vez a mayor escala. Pero no es tan importante la historia de Yuri Orlov en sí sino el entorno en el que se va desenvolviendo y los diferentes escenarios por los que va pasando. Con su voz en off, Yuri Orlov es más un narrador o un espectador de lujo que el protagonista de la película, que sin ninguna duda es un protagonista más etéreo y difuso como es el tráfico de armas global.
De tal manera, Andrew Niccol (director de la inolvidable «Gattaca») podría haber optado perfectamente por hacer un documental en lugar de un largometraje, pero haciéndolo así también tiene opción de meter una buena carga de ironía, hipocresía y mala leche del anti-héroe de esta película que a ratos está bien y a ratos te subleva de mala hostia. Hay una escena doméstica sobre la doble moral de este anti-héroe que tiene cojones.
El caso es que si bien según avanza la película la vida y desgracias del hijoputa Yuri Orlov te la van trayendo más o menos floja, las escenas y situaciones elegidas para que intervengan son impagables, siendo más importante el ‘continente’ que el contenido, el todo que la parte, con una carga crítica mordaz bastante importante. Tampoco profundiza mucho más allá «El señor de la guerra» en la denuncia, no os penséis, pero creo que es mejor así para dejar que cada uno en su butaca profundice y medite hasta donde pueda o quiera.
Lo que sí me parece chocante es que algunos hayan acusado a esta película de poco crítica, no sé qué esperaban. Si hasta Intermón o Amnistía Internacional la han apoyado en parte. ¿Y el final de la película, que no voy a destripar, en el interrogatorio? ¿Acaso se puede acusar más directamente en una película, americana para más inri? Yo creo que es de aplaudir.
Pues eso, que una fábula documental a lo Forrest Gump, irreal y esperpéntica a ratos, con un prota que te lleva por un mundo incómodamente conocido, con un guión inteligente con algunas frases sentenciosas desperdigadas a lo largo de todo el film realmente buenas, con unas actuaciones que están bien, todos correctos, sin más (el mejor tal vez sea Jared Leto que vuelve a hacer de yonqui), con una buena banda sonora y con recadito moralizante final, por si aún no encontrábamos culpables.
En definitiva, película muy recomendable sobre el segundo negocio más rentable del mundo, sólo por detrás del sexo. Amén.
P.D.: Siento necesidad de colgar la letra de “Algo personal” de Serrat como algo que le viene al pairo a esta crítica. Ahí la tenéis, de colofón final:
ALGO PERSONAL (SERRAT):
Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas
que hurtaban flores para regalar sus mamás
y daban de comer a las palomas.
Probablemente que todo eso debe ser verdad
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
y a quién sirven cuando alzan las banderas.
Hombres de paja que usan la colonia y el olor
para ocultar oscuras intenciones
tienen doble vida, son sicarios del mal,
entre esos tipos y yo hay algo personal
Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad
a colgar en las escuelas sus retratos.
Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales,
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal,
entre esos tipos y yo hay algo personal
Y como quiere la cosa, nada tienen que perder
usan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.
Se agarran de los pelos pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar
sofisticados y a la vez convincentes.
No conocen ni a su padre cuando pierden el control
ni recuerdan que en el mundo hay niños
nos niegan a todos el pan y la sal,
entre esos tipos y yo hay algo personal
Pero eso sí los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca disensión
que les permita hallar un marco previo
que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de Este a Oeste y de Sur a Norte
donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y PAZ.