Blog personal de Mandala Azul
Lo que posees, acabará poseyéndote. El mundo es un enorme supermercado atiborrado de productos volátiles, con fecha de caducidad y falsas garantías; tú eres una mercancía más. Que consume y es consumida. Un subproducto obsesionado con un estilo de vida de marcas y objetos innecesarios, muebles de diseño de adorno, condimentos sin comida, vajillas defectivas en su perfección. Pero no es la Perfección. Es la Autodestrucción.
Tú no eres tu trabajo; tú no eres lo que tienes en el banco. Eres uno de los hijosdesarraigados de la historia. Sin guerras, sin revolución, sin gritos emancipatorios. Eres la mentira de llegar a ser alguien, el engaño con un código de barras.
Únicamente cuando se pierde todo, somos libres para actuar. Libérate de tus posesiones, no te dejes poseer. No controles tu vida, no mantengas el orden. No seas un autómata. Sal y rompe la estructura de poder.
Soy la vida desperdiciada de Jack. ¿Pero quién es Jack? Jack no es nadie, Jack es cualquiera. Jack es un colon, una garganta, unos riñones. Jack es la vida insomne, la ración intermedia entre estar despierto y estar dormido. Jack es la autocompasión. Una copia de una copia de una copia. ¿Te despertarías siendo otra persona?
Estoy aquí porque necesitabas un refugio. De la rendija entreabierta entre sueño y realidad la solución es la duplicidad, la construcción de lo que no eres ni te atreves a ser. La autodestrucción a cuatro manos. Jack no es nadie, pero todos confiamos en Tyler. Tu alter ego imaginario, tu amigo, tu hermano, tu héroe. Es la fuerza y la voluntad que tú no tienes, no tiene el miedo que tú eres. Aguanta el dolor, no se desliza entre mujeres pingüino, no se evade entre dolores ajenos. Él tiene nombre y apellido. Tú no eres nadie, sólo Jack. Entonces Tyler empieza a hablar por ti. De tu boca salen sus
palabras. Tyler dice, y todos confiamos en Tyler.
Soy la venganza autosatisfecha de Jack. Aprende la habilidad de pasar de todo aquello que no tenga verdadera importancia. Haz visible lo que todos desean. Dale forma a lo que todos necesitan. Destruye algo hermoso. Persigue a los que te persiguen sin saber que dependen de ti.
Deja de querer controlarlo todo, suéltate. No dependas de Tyler. Tú eres Tyler Durden.
¿Estaba dormido? ¿He dormido? ¿Era Tyler mi pesadilla? Del insomnio a la vida doble, de la imposibilidad a la fuerza, del fracaso a la autosatisfacción. Eso es Tyler Durden. La mente crea el alter ego deseado, el yo al que se le concede nombre, mientras el original se convierte en una copia de la copia. Jack. Cualquiera. Para que Jack comience a vivir, Tyler debe nacer. Tyler debe decir para que Jack pueda confiar.
Y lo que Tyler dice es que no eres lo que te venden, ni el dinero que tienes, ni tu trabajo; no eres las cosas que posees, ni el falso sueño de éxito fácil. Sólo eres uno más de los millones de seres perdidos en este planeta, eres la carroña de los poderosos, el desperdicio humano de los que te controlan. Debes liberarte de todo lo que no sea verdaderamente importante; tu casa de diseño, tu ropa de marca, tu trabajo seguro. Debes destruirte. La Perfección no es el camino; la Autodestrucción, sí. Deshazte de todo, sólo entonces podrás actuar con libertad. Toca fondo para sentirte libre.
El personaje interpretado por Edward Norton es el yo insatisfecho, derrotado, sometido a la voluntad del consumismo encarnizado. Un ser solitario y autómata que no encuentra otra vía de escape para su insomnio que la autocompasión en grupos de apoyo de enfermos terminales o supervivientes de cánceres traumáticos. El consuelo morboso del verdadero sufrimiento.
La gestación del alter ego —ese único Tyler Durden nombrado— se inicia, no por casualidad, junto a la máquina fotocopiadora: una copia de una copia de una copia. Aparece también en el consejo libre de recetas del médico, y con un perfil más claro aunque fugaz de ahí en adelante. Es el deseo, la necesidad de convertirse en otro Tyler Durden. La imagen completa, real, se produce momentos antes del incendio del piso, es decir, una vez destruidas todas las posesiones materiales. Cuanto mayor es la ruptura con la vida anterior —primero la casa, poco a poco el trabajo— más fuerza cobra la existencia y actuación del Tyler personificado por Brad Pitt.
La nueva realidad se despoja de todo lo accesorio para quedar reducida a una particular, famélica y lúgubre forma de supervivencia.