EYES WIDE SHUT. Stanley Kubrick.

"No sé cómo saldrá este artículo: voy a escribirlo con los ojos cerrados... pero de par en par."

 


 

EYES WIDE SHUT. Stanley Kubrick. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Eyes Wide Shut. Año: 1999. Duración: 159'. País: USA, Reino Unido

Dirección: Stanley Kubrick.

Guión: Stanley Kubrick y Frederic Raphael; basado en la novela «Relato soñado» de Arthur Schnitzler..

Reparto: Tom Cruise, Nicole Kidman, Sydney Pollack, Leelee Sobieski, Thomas Gibson, Marie Richardson. Madison Eginton, Jackie Sawiris, Leslie Lowe, Todd Field , Sky Dumont, Louise J. Taylor, Stewart Thorndike.

Música: Jocelyn Pook.

Fotografía: Larry Smith.

 

Si por un casual fuera capaz de sentirme identificado con algún mínimo gesto de Tom Cruise, cosa que la genética o la influencia del ambiente no me han permitido aún, seguramente me habría fijado en la manera indecisa de detenerse y mirar atrás con que el actor se desenvuelve durante ese lance de Eyes Wide Shut en el que un tipo lo sigue por las calles nocturnas de Nueva York. Cruise se percata de ello y el husmeador, un tipo en el que apenas distinguimos un solo rasgo ―amenaza informe­―, no hace ademán de correr, ni siquiera se esfuerza en disimular el seguimiento que lo ocupa.

Del resto de capacidades interpretativas de Tom Cruise no existe ninguna que quisiese imitar (como sí que me gustaría encenderme los Ducados a lo Clint Eastwood-Far West). No, no me llegan su sonrisa, sus arrugas faciales o el entrecejo bajo el que Cruise esconde las Grandes Verdades de la Cienciología.

De Nicole Kidman admiro la Zona, esa parte de la mujer que va desde la línea imaginaria que une su espalda a la altura de los riñones hasta los huecos poplíteos (los de detrás de las rodillas); pero supongo que en realidad no es una Zona tan rotunda como percibo, pues me consta que la cámara hace engordar algunos kilos: el paso de las tres dimensiones del espacio a las dos de la pantalla juega estas malas pasadas, amigos de lo virtual.

Y hechos estos apuntes, no creo que haya mucho más que destacar en lo referente a la interpretación. ¿Y el argumento, me diréis? ¿Y los diálogos, la fotografía, el guión, los volcanes...? No sé, yo he venido aquí a hablar de lo mío: la obsesión.

Siempre lo he dicho, en estado natural y sobrio: me gustan las historias que se cuentan del tirón, a tiempo real, que transcurren seguidas, con las elipsis y los saltos temporales justos: Luces de Bohemia, 16 calles, Eyes Wide Shut.

Un matrimonio asiste a una fiesta de postín y, a la vuelta, la señora, borracha, confiesa a su marido una fantasía sexual: fantasía que no ha sido llevada a cabo, que no ha sido materializada, que sólo se quedó en el terreno de lo especulativo. Pues bien, esta circunstancia, unida a una llamada telefónica providencial, de guión, deus ex machina, conducen a Cruise a una noche alucinada, a un viaje aliñado por la obsesión de lo que la esposa ha confesado, a una... Odisea, ¿por qué no? Pero en esta ocasión no son los cantos de las sirenas los que hacen naufragar al protagonista, sino la imagen perturbadora de su señora teniendo un sueño.

Kubrick retuerce al actor que aprobó el casting de Eyes Wide Shut por lugares inverosímiles, de leyenda: ¿qué más legendario que un caserón señorial en el que se está oficiando una misa laica de perversión y orgiástico carnaval? Ni las salmodias cavernosas de los Bacos allí presentes, ni la incertidumbre de la niebla del suspense que cae sobre el día siguiente, ni la muerte de conocidos... nada parido por la realidad resulta ser tan fuerte como la persecución inflexible que acucia a Cruise: la Kidman revolcándose con un fantasmagórico personaje al que ni ponemos cara ni nominamos. Son fantasmas, irrealidades, imágenes en blanco y negro, sí: pero se manifiestan más influyentes que cualquier realidad. Cruise rompe a llorar lágrimas de cienciólogo agobiado, que eso ya es de nota, y se sincera con su esposa. Pero, ¿se sincera de qué? ¿Qué es lo que confiesa? ¿Sus actos? Son lo de menos: confiesa su obsesión.

Se prepara en el play esa maravillosa melodía, la esposa sugiere mantener los “ojos cerrados de par en par” (eyes wide shut), Kubrick muere dejando atrás una carrera sideral, rumbo a las estrellas, y entonces llega la última frase de la película, pronunciada por la Kidman como si estuviese concluyendo la fórmula magistral que explica la composición del universo y que funciona como epitafio del difunto Kubrick: “Tenemos algo que hacer con urgencia: follar”.


 


 

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