Pues sí, y a pesar de la fabulosa película gore que con estas premisas se podría haber construido, obtenemos en cambio en estas “Las hermanas de la Magdalena” de Peter Mullan un muy digno drama que profundiza en temas tan importantes como escabrosos.
Ahora fuera bromas, a modo de resumen, las lecciones de esta película serían:
- Constatar la importancia de la libertad individual.
- Demostrar que la crueldad humana no tiene forma concreta.
- Comprobar hasta dónde alcanzan nuestros límites de odio.
- Recordar la hipocresía social de una época nada lejana en el tiempo.
- Meter el dedo en la llaga a ese sector arcaico de la Iglesia católica que durante tantos años ha manipulado y cometido aberraciones en nombre de un Dios en quien no creen (como no me gusta generalizar con este tema de la Iglesia, es de rigor reconocer sus aciertos y virtudes en otros aspectos o ámbitos).
Todas estas lecciones, contadas al compás y forma de tantas otras películas carcelarias, se despliegan ante el espectador en forma de diferentes vivencias de las 3 protagonistas. Y es juntándolas todas, cada chica con su actitud, cuando te das cuenta del verdadero drama que debieron padecer aquellas chiquillas.
La película es bastante buena en cuanto a actuación, ritmo y ambientación se refiere. Las actrices, monjas inclusive, están soberbias, el ritmo no llega a cansar a pesar de ser un poco lento y la ambientación es genial, con un color apagado, desesperanzador y lúgubre que, para mí, es lo mejor de la película. Os digo yo que pocas cárceles habréis visto en la Historia del Cine más opresivas o claustrofóbicas que el convento regentado por las Hermanas de la Magdalena.
En fin, que se trata de una película testimonial bastante buena (fue “León de Oro” en Venecia en el 2002), cargada hasta los topes de mala hostia y muy recomendable de ver, si bien quizá me hubiera gustado terminar la misma con una descarga de adrenalina viendo cómo las protagonistas linchaban y degollaban en el patio a todas las monjas...
Ale, ahí queda mi recomendación.