Beth Raymond (Shannyn Sossamon) es una joven que en poco tiempo tiene que afrontar la muerte de dos de sus mejores amigos. Lo extraño de sus muertes es que se producen tras la escucha de unas llamadas telefónicas producidas dos días antes de que se cumpliera el fatal desenlace. En las llamadas telefónicas los amigos de Beth escucharon los que fueron sus últimos momentos de vida pero con una antelación de dos días, como si recibieran una profecía siniestra de su propia muerte. Otra de las amigas de Beth llamada Taylor Anthony (Ana Claudia Talancón) recibe una llamada premonitoria en su teléfono móvil y pide ayuda a su amiga que no sabe explicarse cual es la relación que hay entre las siniestras llamadas y las muertes de sus amigos. Taylor acude a un programa de fenómenos paranormales pensando que allí va a encontrar una solución a su problema pero muere durante la grabación del mismo. Beth esta desesperada y conoce a un policía llamado Jack Andrews (Edward Burns) que ha perdido a su hermana de la misma manera que los amigos de Beth. Los dos juntos descubrirán la terrible tragedia que se esconde tras la vida de una enfermera y de sus dos hijas pequeñas.
Hollywood vuelve a hacer un remake de una película asiática de terror y esta vez le ha tocado a Llamada perdida (2003) de Takashi Miike y como siempre se ha limitado a repetir la misma historia sin mucha originalidad. Nos encontramos con una historia de fantasmas que utilizan la tecnología para sus macabros planes. La protagonista de la película es Beth, una joven con un oscuro pasado que no puede olvidar. Sus traumas son muy reales pero se va a ver envuelta en una historia de tintes sobrenaturales que escapa a toda lógica.
Esta película tiene un tema principal y es el miedo que el ser humano tiene a su propia muerte. Lo terrorífico de esta historia es que los protagonistas saben en que momento se va a producir su muerte gracias a estas llamadas telefónicas en las que escuchan sus últimos momentos. Incluso Beth es testigo de ello cuando cuando uno de sus amigos muera delante de ella y es lo que le demuestra que el destino fatal de las personas a las que conoce se cumplirá sin poder evitarlo. La agonía de estos personajes esta bien reflejada en la película y el espectador puede sentir el desasosiego que Beth y sus amigos sufren ante la llegada de la muerte. La investigación de Beth Raymond y del policía Jack Andrews los conduce al mundo de los fantasmas y de allí a una terrible tragedia familiar. Esta familia desestructurada es la clave para entender esta historia de fenómenos sobrenaturales.
La película en si no esta mal, pero se limita a repetir lo que habíamos visto en la versión japonesa en lo que es otra muestra de la falta de imaginación que sufre la industria de Hollywood. La dirección es eficiente y los actores están correctos en sus respectivos papeles. Hay secuencias que destacan en la película como es la del hospital abandonado y otros aspectos como la fotografía o la música tienen la típica profesionalidad de estos productos gestados en Hollywood.
Como conclusión podemos decir que es una película de terror entretenida pero que es un ejemplo de la falta de imaginación del Hollywood actual que se dedica a copiar películas plano a plano para conseguir una buena taquilla. Hollywood ha encontrado un filón de oro en estos realizadores asiáticos que han revalorizado el cine fantástico con sus historias de fantasmas que se han hecho muy populares en todo el mundo. Parece que esta falta de originalidad es algo que el cine fantástico americano viene sufriendo desde hace un tiempo y es que ya no se sabe que hacer para contentar al espectador y que la industria gane dinero. Hollywood copia los argumentos y asimila a los profesionales de este nuevo cine fantástico que nos ha llegado desde Asia. Los resultados son siempre los mismos hasta que la formula del éxito se agote de tanto repetirla.