UNA VERDAD INCÓMODA.

“How can we dance when our earth is turning? How do we sleep while our beds are burning?”, rezaba hace años ya el estribillo de la más famosa canción de la excelente banda australiana Midnight Oil. ¿Cómo podemos bailar mientras nuestra tierra está cambiando? ¿Cómo dormimos cuando nuestras camas están ardiendo?

 

 

UNA VERDAD INCÓMODA. Artículo enviado por Ivan Ilitch.

FICHA TÉCNICA:

Título original: An Inconvenient Truth. Año: 2006. Duración: 96'.

País: Estados Unidos.

Dirección: Davis Guggenheim.

Guión: Davis Guggenheim

Reparto: Al Gore.

Música: Michael Brook.

Fotografía: Davis Guggenheim.

 

Sirva esa cita del “Beds are burning” como entradilla a esta película documental, ya que de eso trata, eso intenta hacernos ver, lo “dormidos” que estamos todos ante un problema global y de trascendencia incalculable: el calentamiento global. Un problema que a menudo parece como si no fuera con nosotros, como si fuera como el cuento del pastor mentiroso, que de tanto decirnos que viene el lobo, que viene el lobo, ya hemos dejado de creer en la amenaza y la vemos como algo irreal y lejana en el tiempo.

Sin embargo, la amenaza no es para nada irreal. Y mucho menos lejana en el tiempo. Eso intenta enseñar “Una verdad incómoda” de la mano de Al Gore, ese ex-candidato demócrata que fue injustamente derrotado por Bush en el mayor tongo electoral de la historia reciente de EE.UU. (ver el imprescindible y de lectura obligatoria primer capítulo del “Estúpidos hombres blancos” de Michael Moore). De tal manera, Al Gore se nos presenta en el papel de pedagógico comunicador (con algunos dejos de político estadounidense que no ha sabido quitarse y dan un poquito de grima, por qué no decirlo), hablándonos de tú a tú, diciéndonoslo abierta y nítidamente: la amenaza esta ahí, palpable, verídica, real. Y el tiempo es cercano, apenas un par de décadas, para empezar a sufrir las graves consecuencias, cuyos anticipos estamos padeciendo ya (que levante la mano el que recuerde un invierno cálido como éste).

Y es vehemente Al Gore en su exposición de los hechos. Se le nota cuánto cree en lo que está contando, no escatimando nada para demostrar sus postulados, enfatizándolos con datos concretos, gráficos, filminas, fotografías, noticias y hasta un extracto de un capítulo de Futurama. Todo vale para hacer llegar al público el problema, de tal calado es el mismo.

Así, a modo de resumen, es como comprobamos que el calentamiento global crece en progresión geométrica o exponencial, nunca aritmética, repercutiendo un grado de temperatura de más en el Ecuador en cuatro grados de temperatura más en el Ártico, que a su vez vuelve a repercutir en las corrientes que inciden sobre el Ecuador y vuelta a empezar, en un bucle que orbicularmente se repite sin cesar. Así, comprobamos cuán importante son los hielos de la Antártida y cuánto dependemos de ellos. Así, comprobamos cuánto repercute ese exceso de calor y humedad en la proliferación y poder destructivo de los huracanes, que se alimentan de esas condiciones como se alimenta un monstruo en un festín pantagruélico (impresionante la representación del Katrina). Así, comprobamos lo interrelacionado que está el calentamiento global con otros problemas, a priori ajenos al mismo, como son la pérdida de faunas y floras autóctonas, aumento de la altura a partir de la cual pueden vivir insectos y, por ende, aumento también de contagios y propagación de enfermedades.

Asustan los datos que ofrece “Una verdad incómoda”. Asustan porque está pensado para asustar, para “concienciar” si se prefiere la palabra. Pero es bueno asustarse al respecto, es extremadamente positiva esa concienciación. La alternativa es peor. La desidia como método de acción y la desinformación como fuente de tranquilidad ya no son plausibles. Es la hora de ponerse las pilas y hacer algo al respecto porque como género humano nos vamos todos al garete, pasito a pasito, juntos de la mano hacia la extinción.

Ante esto, como seres inteligentes que somos surge inherente en la mente de todo espectador una pregunta: ¿Pero qué podemos hacer para cambiar esta situación? En el documental se recogen unas cuantas salidas al problema. El catastrofismo, el “apocalipsis va a llegaaaaaar” de Arrabal, no forma parte del discurso de Al Gore. Se puede cambiar ergo se debe cambiar, desde los Gobiernos hasta nosotros mismos aportando nuestro granito de arena.

Como individuos, en el documental se nos ofrecen al final del mismo una serie de sugerencias para producir ese giro de 180º necesario, siendo una de las actuaciones, quizá la más sencilla de realizar, el hacer extensible esta problemática al gran público, conseguir que todo el mundo mire a los ojos el problema y sepa de su dimensión, que todo el mundo sea consciente de la verdad, por muy incómoda que ésta sea. En pocas palabras, recomendar sin ambages el visionado de esta película.

Dicho lo dicho, justo eso acabo de hacer…

 

 


 

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