CREEP, atención, señores viajeros.

Seguimos con esa racha de películas que intentan ser diferentes para sumergirnos, en esta ocasión, en los más sórdidos recovecos del metro londinense, donde nuestra heroína se enfrentará a un desquiciado humanoide retorcido empeñado en hacerle la vida imposible. A ella, y de paso, a nosotros.


 

CREEP, atención, señores viajeros. Artículo enviado por Chuca.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Creep. Año: 2004. Duración: 85'. País: Reino Unido y Alemania.

Dirección: Christopher Smith.

Guión: Christopher Smith.

Reparto: Franka Potente, Vas Blackwood, Ken Campbell, Jeremy Sheffield, Paul Rattray, Kelly Scott, Sean Harris, Kathryn Gilfeather, Grant Ibbs, Joe Anderson, Sean De Vrind, Ian Duncan, Debora Weston, Emily Gilchrist, Craig Fackrell, Elizabeth McKechnie, Jonathan Taylor, Morgan Jones y Daniel Joseph Scott.

Música: The Insects.

Fotografía: Danny Cohen.

 

        Decir que Creep es una coproducción de terror (en cualquier sentido de la palabra) británico-alemana probablemente ya sería suficiente. Podríamos dejar así la crónica y que el lector la digiriera y sacara sus propias conclusiones. Pero se lo vamos a poner un poco más fácil.

        Un par de jóvenes solteras con las hormonas ligeramente revueltas consiguen pases para una fiesta a la que asistirá George Clooney. Una de ellas, tras lidiar con el plomo baboso de un amigo, decide ir en metro a la fiesta, con la desgracia de quedarse dormida en el andén y por ende (y por la hora) quedarse encerrada en el metro. La situación, que ya de por sí podría resultar poco agradable, se complica primero con la aparición del amigo soporífero-calentorro y después con la puesta en escena de un humanoide psicópata medio retrasado con más mala leche que Umbral en una inspección de Hacienda.

        Se impone la lógica. Cualquier mujer en edad de merecer y con perspectivas de una fiesta con el señor Clooney es más que capaz de quedarse dormida sentada en un andén de metro presa de la emoción del momento, sin que nadie le avise, encontrándose con que un amigo pulpo la ha seguido y con un psicópata que vive en los túneles justo por la zona en la que ella se duerme.

No me mires así, que yo también me he asustado

        Cuando nos referimos a esta mujer hablamos de Franka Potente, la supuesta joya del cine alemán, que si bien es cierto que hace una buena faena en la curiosa Corre, Lola, corre y Anatomía , en esta ocasión no da el pego: crisis de pánico en momentos insignificantes, con sangre de horchata en momentos en los que cualquier legionario se haría caquita y por lo general poco convincente en su actuación.

        El guión tampoco da mucho más de sí; infinitas carreras por el metro, desapariciones de gente por obra del descerebrado de turno, vagones y más vagones, túneles y más hartón de túneles, charcutería barata totalmente innecesaria y una pareja de drogadictos cuyos síntomas parecen derivados de una fuerte intoxicación de goma de borrar.

        El angelito demenciado de turno es el punto clave de la película. A diferencia de otros largometrajes en los que no se ve al malo en cuestión hasta casi el final, aquí podemos recrearnos con su presencia desde algo más de la mitad. Un hombrecillo feo cual hermano Calatrava, deformado, costroso, dotado de la capacidad de chillar como una rata histérica y de una fuerza tremenda a pesar de su tamaño y víctima de un trauma infantil que, aunque no termina de quedar claro (ni nos importa) parece ser debido a un abandono prematuro por parte de papá y mamá (probablemente porque ya se veían venir al cabrón del niño).

        Como venganza a esa sociedad que tan malamente le ha tratado, decide capturar a todo bicho viviente para matar, apalizar y matar, o en última instancia apalizar, torturar y matar (tremendamente grimosa la recreación de una consulta ginecológica con una sierra y montones de mugre).

        De la lucha final entre Franka y el animal de bellota no se podía esperar otra cosa: la señorita Potente, con toda la frialdad del mundo (porque todos nos hemos visto en alguna de éstas en más de una ocasión) propina tremenda paliza al bicho, que queda en un estado de muerte espachurrada y escandalosa.

        Película que da más bostezo y asco que miedo, y que se exhibió como película de clausura en Sitges, probablemente como venganza hacia algún espectador.

        Quien quiera pasar miedo en el metro, que se vaya a Pitis a la una de la mañana. Eso sí que acojona.

 

 


 

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