Sinopsis 1: para los que no han leído el libro.
La leyenda de Terramar nos cuenta la historia de Ged, el hijo de un herrero, destinado a convertirse en el mago más poderoso de Terramar. Como aprendiz destrangis de su tutora, que se hizo cargo de él tras la desapación de su madre, Ged se inicia –sin que le haga gracia a su padre- en los misterios de la magia. Tras salvar a su pueblo de la invasión de una horda karga (los malos de la peli, que quieren dominar el mundo, someterlo y hacer muchas pupas) será rescatado de la Muerte por Ogion, el mago más poderoso del pueblo, quien le tomará bajo su tutela. Sin embargo, la impaciencia y el afán de Ged harán que el joven vaya a Roke, la Isla de la Magia , para aprender de los mejores maestros mientras que, en un alarde de arrogancia, liberará una sombra con la que se estará dando de palos durante toda la película. En su andadura, se encontrará con amigos y enemigos, aliados y villanos, dragones y buenas mozas, que harán el metraje un poco más llevadero.
Y de paso, ayudará –sin enterarse demasiado- a las sacerdotisas de Atuán a sellar de una vez por todas el mal que se cierne sobre el mundo, tanto en su forma física (los kargos) como en su forma extraterrena (demonios feos y primigenios con mucha mala uva).
Sinopsis 2: para los que han leído el libro.
Ursula K. Le Guin, autora de la Trilogía de Terramar, creó un mundo fantástico bastante alejado de otros mundos de ficción, como pueden ser los de Moorcook, Tolkien, Kay o Weis. En este caso, la magia es la fuente principal, pero entendida de una forma filosófica y ancestral. Cada elemento tiene su palabra verdadera, y el conocimiento de esas palabras es lo que confiere el poder para manejar la magia. Sabemos que las comparaciones (y las cenas familiares) son odiosas, pero no nos queda más remedio.
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La veterana, la maciza, el toli y DANNY GLOVER (grande, Danny, grande) |
Ged, un joven espigado, rudo e inteligente, se muestra en la película como un rubiales con cara de duda perpetua, enmarcado en un mundo tan fantástico como el parque de Tribunal en plena redada policial. Antepongamos lo de siempre: se trata de una adaptación de toda una trilogía en dos capítulos de dos horas. Es difícil condensar tanto contenido en tan poco metraje. Pero aun así, hay cosas que rechinan demasiado. Podemos pasar que la falta de presupuesto sea una tara a la hora de exponer un mundo tan rico como Terramar, pero la caracterización de los personajes no nos deja pasar por el aro.
Libro: Ged, marcado por una terrible cicatriz tras su encuentro por la sombra, se volverá tremendamente introvertido. Película: Ged, marcado por una cicatriz irrisoria –peores me las he hecho yo jugando al twister- permanecerá el resto del metraje alternando medias sonrisas con caras de asco.
Ogion, el mago de Gont –interpretado por Danny Glover, ahí es nada-, hombre sabio de apenas palabras, aparece en la película como una mezcla de maestro Miyagi y alma en pena, soltando en ocasiones unas parrafadas que descuadran por completo. Los invasores kargos, impresionantes y sanguinarios guerreros del mayor imperio de Terramar, parecen los vikingos moñas del anuncio de Buckler. El dragón de la torre, impresionante sobre papel, todo un despliegue de astucia e ingenio, queda convertido en un trilero cachondón con alas.
Y la sombra… el ente fundamental de la historia, que en ningún momento queda bien definida… pues nada, nos marcamos un murciélago crecidito con cara de gremlin y nos quedamos tremendamente a gusto. Pero no contentos con eso, la representación física de la sombra, el gebbet –un humano que ha sido poseído por la sombra- se nos vende como un skeletor arrugado y resacoso, frente a la apariencia terrorífica del original.
Y para colmo, en un entorno donde las palabras tienen tanta importancia… en los títulos de crédito finales, el nombre de Ged aparece como Gred. Tremendo.
Intentaremos sacar la parte positiva de todo esto. Isabella Rosellini y Danny Glover salvan un poco la parte interpretativa (ya es triste que Danny Glover sea el que la salve). Y aquél que no haya leído el libro –que ya está tardando- podría considerar todo este invento como ligeramente entretenido.
Muchos rumores corrieron hace tiempo sobre la adaptación cinematográfica de los mundos de Terramar, para al final quedarse en lo que se quedaron: una miniserie americana cutre, atropellada y carente de todo espíritu. Esperemos que algún Peter Jackson, algún día, se haga cargo de algo serio. El libro lo merece. Nosotros también. Incluso Danny Glover.