Una vez más, nos encontramos ante un caso de incomprensión absoluta. Incomprensión por la gran cantidad de premios o nominaciones recibidas, como las del Art Directors Guild al diseño de producción y la dirección artística, así como nominaciones en el Festival de Berlín para la dirección, o desde Las Vegas, los Golden Trailer o los Satellite para algunos de sus actores.
" la TREMENDA (así, con
mayúsculas) presencia de
Cate Blanchett, capaz como
pocas de fundir los gayumbos
al cuerpo de cualquier
hombre con una simple
mirada. "
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Incomprensión por el resultado final de la película a pesar del impresionante elenco de actores que desfilan por su metraje, muchos de ellos incluidos en nuestra galería personales de dioses hollywoodienses con los que siempre nos faltará suelo para dar tripazos ante su paso. ¿Cómo por ejemplo? El casi siempre genial Bill Murray –“casi”, por su intervención en bodrios como el que nos ocupa–, el crack de la comedia en los últimos tiempos Owen Wilson, el socorridísimo y nunca suficientemente valorado Jeff Goldblum, la enorme elegancia de Anjelica Houston, el gran despliegue de medios de Willem Dafoe o la TREMENDA (así, con mayúsculas) presencia de Cate Blanchett, capaz como pocas de fundir los gayumbos al cuerpo de cualquier hombre con una simple mirada.
Incomprensión por un argumento que por la originalidad y diversidad de papeles que genera debería ofrecer un acabado muchísimo más digno, o mínimamente digno al menos: el capitán Steve Zissou, a bordo del Belafonte, es un marino de capa caída cuyos documentales oceanográficos cada vez pierden más tirón entre el público. Su más grande y probablemente última aventura se centrará en encontrar al tiburón jaguar, especie de escualo desconocida, para vengar la muerte a sus fauces del mejor amigo de Zissou, Emilio, y de paso recuperar el prestigio perdido.
Entonces, visto lo visto… ¿qué es lo pasa? ¿Qué falla aquí?
" ¿Recuerdan esas frases
metidas a presión, esas
parrafadas soltadas sin mover un
solo pelo de la ceja, esas
exclamaciones tipo “¡Oh, ha
desaparecido!” dichas con la
emoción propia de aquél que entra
a la fábrica un lunes a las 6 de la
mañana? " |
Queremos pensar que, como tantas otras veces, el doblaje ha tenido mucho que ver. Simplemente nos basta recordar la enorme diferencia existente entre la versión original y la que llegó a España de Lost in translation, que pasaba de ser un peliculón con soberbia interpretación de sus actores a una extraña tragicomedia tirando bastante a la inexpresividad.
Porque no es normal lo que nos encontramos al ver Life Aquatic. Una parodia de la vida acuática, de la presión e inconvenientes de la fama (y la pérdida de la misma), de los reencuentros de la vida familiar a bordo de un barco, todo ello aderezado con un tono de humor ligeramente negro al más puro estilo Murray, que en esta ocasión se nos antoja un “quiero y no puedo”: falta de continuidad, carencia de expresividad, pobre guión argumental, nulo guión a efectos de personajes y diálogos… qué decir de los diálogos. ¿Recuerdan cuando de niños hacíamos alguna obra de teatro, o en su defecto cuando asistimos a alguna representada por el hijo o sobrino de algún familiar? ¿Recuerdan esas frases metidas a presión, esas parrafadas soltadas sin mover un solo pelo de la ceja, esas exclamaciones tipo “¡Oh, ha desaparecido!” dichas con la emoción propia de aquél que entra a la fábrica un lunes a las 6 de la mañana? Pues eso es lo que aquí nos encontramos.
Probablemente los señores Anderson y Baumbach, responsables del guión de semejante castaña submarina, estuvieran los suficientemente ocupados como para delegar ciertas tareas en sus respectivos churumbeles, que haciendo un hueco entre sus deberes de Ciencias Sociales e Historia Americana bien podrían haber escrito el storyboard y los diálogos de estas dos horas de agonía marítima, en la que los Murray, Owen y compañía son prácticamente anulados como actores.
Pero seremos buenos e intentaremos salvar algo. Al menos Willem Dafoe como segundo de a bordo resentido y falto de cariño, o Jeff Goldblum como competidor despiadado y ligeramente afeminado de Zissou, consiguen hacer aflorar una media sonrisa. Y respecto a la parte femenina, la buena, elegantosa y ambigua interpretación de la señora Houston… y una muda limpia de urgencia a la salud de Cate Blanchett.