Cuando en una de tantas ocasiones nuestros padres sacaban la ametralladora de la nostalgia televisiva, raro era no oirles mencionar Los vengadores , una serie sesentera de culto en la que el señor Steed y la señora Peel, agentes secretos para más señas, luchaban una y otra vez por detener invasiones extraterrestres, actos crueles y continuos intentos de conquista mundial por parte del malvado de turno, por lo general perteneciente a una superorganización criminal, que siempre se rie mucho y dispara tarde.
El argumento, aderezado por lo disparatado de algunas situaciones y un sutil humor inglés (sí, parece ser que existe el humor inglés) constituyó todo un bombazo en aquella época. Familias enteras pegadas al televisor, propio o del vecino.
" ...se incorporaban intentos desesperados por conseguir conversaciones rápidas, ocurrentes e ingeniosas (tan graciosas como un snorkle retrasado contando chistes de Jaimito). " |
Treinta y tantos años después, concretamente en 1998, se estrenó la adaptación moderna al cine, con un reparto que llamaba poderosamente la atención: Ralph Fiennes y Uma Thurman como agentes secretos, y todo un Sean Connery como Sir August de Winters, el megamalo para esta ocasión. Todo un lujo.
Resultado final: decepción absoluta. Hasta niveles sólo imaginables por el dolor de cartera y meninges que padecieron los pocos desafortunados que pasaron por caja, muchos de los cuales fueron incapaces de acabar la película siquiera. (Alarma de experiencia traumática: dos días después del estreno, éramos ocho en la sala del cine; sólo aguantamos tres).
Y ¿por qué? Porque el señor Chechik, director elegido para llevar al celuloide semejante castaña, tiró de un guión en el que, o bien las adaptaciones eran inexistentes (no hacen gracia cosas que la tenían treinta años atrás) o bien se incorporaban intentos desesperados por conseguir conversaciones rápidas, ocurrentes e ingeniosas (tan graciosas como un snorkle retrasado contando chistes de Jaimito).
Los actores, por motivos que el ser humano jamás sabrá, se debieron oler la situación a lo largo del rodaje. Ninguna expresividad, ninguna gracia, ausencia de talento… ni siquiera ellos pudieron salvar una catástrofe mediante cualquier alarde interpretativo.
La puntilla final fue la obtención de un Razzie (los anti-Óscar) a la peor secuela, y otras ocho nominaciones para repartir entre todos: peor actor, actriz, pareja de escena (palos juntos y por separado), actor secundario, screenplay, director…
Al menos sus productores tuvieron la gran suerte de coincidir en año de estreno con Arde Hollywood, Armaggedon y Spice World (aghsf), que coparon el reparto de Razzies como buenos hermanos.
Y todavía algún cachondo preguntaba si saldría la versión extendida en DVD…