- Tío, tienes que ver esa película. No te queda otra.
Así de rotundo fue el comentario de un amigo, que supuso el final de la conversación sobre Old Boy; adaptación subjetiva de un manga de culto, premio especial del jurado en el Festival de Cannes de 2004 y ganadora del festival de Sitges del mismo año (premio a la mejor película y premio de la crítica).
Y como soy muy buen mandado y agradezco sobremanera las sugerencias, adquirí un ejemplar en versión original subtitulada (qué valiente), me puse cómodo… y dos horas después tuve que dar las gracias a mi amigo por su recomendación.
Siempre he sentido una extraña atracción por el cine oriental. Su diferente cultura, concepción del cine y forma de interpretación se plasman en una estética peculiar, alejada del tradicional cine hollywoodiense, aunque traten temas similares. Y éste es el caso de la surcoreana Old Boy, segunda de la llamada Trilogía de la venganza de Park Chan-wook, que comenzó con Sympathy for Mr. Vengeance y concluirá con Sympathy for Lady Vengeance . Ya desde el primer minuto nos sumergimos en el ritmo frenético y extremadamente cuidado de una historia sin fisura alguna, llevados en volandas por la magistral banda sonora compuesta por Jun-Seok Bang y Yeong-Wook.
El argumento es el siguiente: Oh Dae-su es un cantamañas que, a pesar de llevar una vida tranquila con mujer y su pequeña hija, es propenso a tener algunos problemas por hablar más de la cuenta. Sin saber cómo ni por qué, es secuestrado y despierta en una habitación donde permanecerá encerrado durante años sin recibir ninguna explicación, cuyo único entretenimiento es un televisor. Dae-su comenzará a reflexionar sobre su vida, especialmente cuando ve en televisión que su mujer ha sido asesinada y el responsable ha organizado todo para que los indicios culpen al propio recluso.
"¿Qué he hecho mal?"
"¿A quién he dañado a lo largo de mi vida?"
"¿Quién me está haciendo esto?"
El protagonista se plantea todas estas cuestiones a lo largo de su cautiverio, mientras entrena en solitario y planea vengarse del responsable de su mal. Quince años después Dae-su despierta y se encuentra en libertad, con una cartera repleta de dinero y un teléfono móvil como única compañía. Al poco tiempo recibe una llamada; es su secuestrador, el cual le plantea un sencillo juego: averiguar en sólo cinco días por qué ha estado encerrado tanto tiempo.
De esta forma se cruzarán ambas venganzas; la del protagonista, en un desesperado intento de que alguien responda sus preguntas; la del secuestrador, que por lo visto no se contentará con haber castigado a Dae-su durante quince años.
En el aspecto técnico pueden destacarse muchas cosas, desde la crueldad poética de determinadas escenas hasta la pelea en el corredor rodada mediante una espectacular técnica de travelling , pasando (y deteniéndonos) en la sensacional interpretación de los actores (principalmente Choi Min-sik y Woo Ji-tae) que multiplican por centenas el rendimiento del guión, dotando a sus personajes de complicados cambios morales a lo largo del tiempo y logrando la nota de dramatismo, dualidad y dolor tan complicada de conseguir.
No voy a desvelar nada más de la película; sólo diré que el final (que como buena película enigmática que se precie da lugar a varias interpretaciones) es uno de los más escalofriantes que recuerdo. Esperemos que el remake en ciernes de este largometraje, que será protagonizado por Nicholas Cage, sea como poco de la misma calidad. Difícil lo tienen.