Hasta el último momento no supe si Primer era una de las mayores castañas o simplemente dejarla en comentarios de cine. La película, a pesar de su aparente originalidad y del aluvión de premios que suelen llevarse este tipo de producciones extrañas –Premio del Jurado a su director en el Sundance Film Festival y otro puñado de nominaciones en Sitges y los Independent Spirit Awards, entre otros– me pareció un soberano petardo. Pero ¿y si realmente la película es buena, y mi apreciación es solamente fruto de mi limitada inteligencia? Replanteando la cuestión: ¿y si la película es buena pero se escapa a las castigadas entendederas del menda y de la nutrida tropa de amigos míos que también la vieron? ¿Dios los cría y ellos se juntan? Puede ser.
"Días después, tras otra
amenísima charla sobre un
proceso de aceleración en la
formación de proteínas del hongo
aspergillus, se nos presenta de
pronto y sin anestesia el
siguiente paso del argumento"
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Miren que le puse todas mis ganas. Desde el día que la vi anunciada, oigan. Pero el caso es que, señores, yo no me enteré de nada. Bueno, quizá eso sea demasiado decir. De algo sí que me enteré: una voz en off nos cuenta la historia de cuatro jóvenes lumbreras (físicos, matemáticos, ingenieros o cerebritos de ese palo) que trabajan en sus respectivas empresas y tienen aparte sus negocietes de patentes e inventos varios para sacarse unos durillos extra, pero las cosas últimamente no van demasiado bien. Hasta ahí todo perfecto, llegados a este punto es cuando empiezan los ejercicios de comprensión y libre interpretación.
Dos de estos Stephen Hawking en ciernes comienzan a desarrollar cierto aparatito cuya utilidad no se presenta especialmente clara. Podría deducirse que se trata de un cacharro para reducir la masa de los objetos, pero bien podría tratarse de un tostador termonuclear que deja las tostadas montón de crujientes y a mí se me ha escapado. El caso es que ni siquiera ellos mismos saben qué aplicación darle al invento. Un buen día descubren que el chisme hace cosas extrañas. ¿Qué cosas? Bien, después de una animada charla de cinco minutos en la que ambos genios se lanzan explicaciones teóricas, numéricas, trifásicas y retóricas cual pedradas a la cabeza que, a pesar de ser yo de ciencias puras, me dejaron muy pero que muy frío, llegamos a la aparente conclusión de que en el interior del artilugio se produce una especie de bucle temporal de connotaciones magnífico-inexplicables.
Días después, tras otra amenísima charla sobre un proceso de aceleración en la formación de proteínas del hongo aspergillus, se nos presenta de pronto y sin anestesia el siguiente paso del argumento: uno de los dos Einsteins ha decidido construir un cacharro más grande que el anterior y probarlo en sus propias carnes. Resultado: el bucle temporal ha funcionado sobre el inventor, desdoblando su identidad en dos existencias espacio-temporales y cuasiparalelas. Hablando llanamente, al amigo le ha salido un clon que pulula por ahí en un momento temporal que coincide con la actualidad, mientras que el original ha retrocedido unas horas en el tiempo.
Las aplicaciones de semejante descubrimiento son obvias: inversiones en bolsa con conocimiento previo (presciencia lo llaman), apuestas con conocimiento de causa… dinerito fácil, en resumen. Y llegados a este punto, llegados a este momento en que haciendo cierto esfuerzo captamos el argumento, se me fundieron los plomos. Más explicaciones científicas, teorías de la causalidad y la casualidad, distorsiones de la realidad por la acción de teléfonos móviles, sangrados extraños de oído, padres de novias o ennovias o qué sé yo que no sabemos qué pintan, tíos con escopetas en fiestas que tampoco sabemos qué hacen ahí…
Como siempre, no será La Revelación quien destripe el final a los queridos lectores. En este caso, porque aquí, el representante de La Revelación para este artículo, no tiene ni idea de cómo acaba la película. No me quedé dormido, simplemente no comprendí el final. Puedo hacer mi propia interpretación de los hechos e intentar dar una explicación, pero creo que jamás coincidiría con la que se le pasó por la cabeza al director de Primer.
Dios le tenga en su Gloria, le cree un bucle temporal para él solito y le pida que no haga más pelis extrañas. ¿O será que soy muy tonto?