Madrid da, Madrid recibe
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Goya como testigo de la guerra |
Los fusilamientos de 43 españoles en la Montaña del Príncipe Pío – que Goya, testigo del suceso, pintó seis años después –, ocurrieron hacia las cuatro de la madrugada, a la luz de faroles colocados sobre el suelo y en tres tandas, siendo rematados con tiros de gracia o a ballonetazos. Sólo Juan Suárez consiguió sobrevivir, al deshacerse de sus ligaduras cuando estaba de rodillas ante el pelotón; rodó por una ladera y aunque le dispararon varias veces pudo escapar ileso.
Los restos de sus infortunados compañeros descansan en el minúsculo Cementerio de la Florida , en cuyo centro hay una sencilla cruz, próxima a la fosa donde fueron inicialmente enterrados, y una capilla con un altar bajo el que reposan sus cenizas. La mayoría de ellos están identificados, conociéndose sus profesiones: sacerdote, jardinero, albañil, cantero, escribano, cochero, palafrenero, ayuda de cámara, carpintero, soldado, mercero, mozo, cerrajero, empleado del Estado, cadete – de doce años –, guarnicionero y platero. El cementerio sólo se abre al público el 2 de mayo.
La Puerta de Alcalá, antiguamente uno de los límites y entrada principal de la capital, se construyó 30 años antes de la invasión francesa y aún conserva visibles impactos de su artillería. Se encuentra en la Plaza de la Lealtad, llamada así en homenaje de la lucha del pueblo español contra las tropas napoleónicas.
Como anécdota cabe señalar que las dos caras de la Puerta son diferentes, pues a Carlos III le gustaron los dos proyectos que le presentó Francisco Sabatini y al no dejar claro cuál prefería, el arquitecto realizó ambos.
Cuando Napoleón conoce que el levantamiento de Madrid ha sido sofocado, emplea diversas presiones y amenazas para conseguir que Fernando (VII) devuelva la Corona a Carlos (IV), quien la entrega al Emperador francés y éste la cede a su hermano José (I). Sucedió en Bayona, el 5 de mayo, y en apenas unos minutos España tuvo cuatro reyes.
En la zona del Paseo del Prado donde durante la noche del 2 al 3 de mayo se produjeron numerosos fusilamientos, está la Plaza de la Lealtad – entre el Hotel Ritz y el Museo Thyssen, muy próxima al del Prado, la Fuente de la Cibeles y la Bolsa –, de forma semicircular y ajardinada. Allí se erige el Obelisco de 28 metros , sobre base octogonal y gradas de acceso a un cuerpo cuadrado de granito rojo en cuyo lado frontal está el sarcófago de piedra blanca donde se guardan las cenizas de los capitanes Daoíz y Velarde, el teniente Ruiz y otros héroes de la Guerra de la Independencia. Muchos madrileños trabajaron desinteresadamente en las zanjas de cimentación del monumento, junto al que arde una perenne llama votiva. Desde hace años está dedicado a cuantos dieron su vida por la Patria. Además , en la calle Ferraz se levanta un grupo escultórico en bronce, obra de Aniceto Marinas, ofrendado a los Héroes del Dos de Mayo. En la Plaza de ese mismo nombre, sobre los terrenos del Parque de Artillería de Monteleón, se conserva su arco de entrada original bajo el que están las esculturas de Daoíz y Velarde, realizadas por Antonio Solé en mármol de Carrara. Así mismo el teniente Ruiz tiene dedicada una estatua de bronce costeada por suscripción militar, cuyo autor es Mariano Benlliure; está en la Plaza del Rey, entre el inicio de la Gran Vía y la Cibeles.
Los Jardines del Buen Retiro fueron uno de los escenarios bélicos de la Guerra de la Independencia. Donde hoy se levanta el monumento al Ángel Caído – magnífica obra de Ricardo Bellver y única en el mundo occidental que representa al Diablo– estuvo la Real Fábrica de Porcelana, de tan extraordinarias calidades y diseños que hacían la competencia a Sèvres, por lo que los franceses la destruyeron (otra cachondada francesa más).
A poca distancia se encuentra un árbol enorme llamado Ahuehuete, traído de México en 1633. Las tropas napoleónicas talaron casi todo el abundante arbolado del Retiro para construir defensas, empleando este singular ejemplar, de gran horcajadura, como protección de una pieza de artillería. Por fortuna sobrevivió a la contienda y es el árbol más antiguo de la Comunidad madrileña. Hace unos años fue cercado por una verja para evitar que el vandalismo de los gamberros consiga lo que no pudo la guerra.
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