“ μολὼν λαβέ ”, ven y cógelas. Esta cita atribuida a Plutarco –quién a su vez la atribuía a Leónidas, que contestaba así al mensaje persa- y recogida en sus “Moralia”, resume el sentido lacónico que siglos después entendemos en ciertos discursos, breves y contundentes. La historia de Esparta está llena de citas similares, y de hechos que no contradecían en absoluto a estas palabras.
No se sabe muy bien qué fue de la Esparta micénica, de su palacio, allá donde se inició la guerra de Troya con el fatuo rapto perpetrado por Paris. Nos gustaría pensar que de los “Vasos de Vafio”(2) bebió Helena, pero al parecer –o al desaparecer-, el palacio de Menelao pertenece de momento al género de la épica, no al histórico. Tenemos el Melenaion(3), en la cima de una colina en el margen izquierdo del Eurotas, encuadrada por el impresionante macizo de Monte Taigeto, floreciente de exvotos arcaicos que la arqueología británica sacó a la luz, algunos de ellos -de época más avanzada- con inscripciones dedicadas a una tal Helena de Menelao. Tenemos el Santuario de Amiclas(4), a unos cinco kilómetros al sur de Esparta, santuario éste dedicado a Apolo y, con seguridad, a Jacinto, representante de la muerte anual y la posterior floración(5). Y tenemos, en definitiva, muchas otras muestras de que las proximidades de Esparta estuvieron tomadas por gentes micénicas. Pero del palacio de Esparta, nada.
Tampoco se sabe a ciencia cierta si los dorios fueron los primeros en poblar Esparta como ciudad, ya en el primer milenio a. C., o si fueron los aqueos en el anterior milenio, y los dorios sólo ocuparon la ausencia de poder generada por la caída del mundo micénico como nos cuentan los mitos. La tradición que quisieron darse los propios espartanos les hacía descender de los mismísimos hijos de Hércules. Los reyes espartanos eran, pues, heráclidas.
Pero ¿cómo es hoy en día Esparta?
Hoy en día Esparta es una ciudad de nueva construcción. Racional, de calles paralelas y perpendiculares. Tras la independencia griega, el rey Otón I recuperó el villorrio en el que se convirtió y decidió crear una ciudad en el lugar que ocupó la antigua. La Carretera E961 la bordea y en un pequeño zigzag se introduce finalmente en la ciudad, encontrándose con la calle principal, más ancha que la propia carretera. No tiene murallas, lo cual es lo único que le hace parecerse a su antecesora. Lo que sí conserva es la tumba donde cuentan que descansan los huesos de Leónidas y las ruinas de un santuario consagrado a Ártemis Ortia, la nodriza cazadora.
El valle de Eurotas, donde se enmarca la ciudad, es un paisaje abrumador, de historia y paisaje. Situado en el norte de la llanura de Laconia, al valle lo rodean por tres lados las montañas. La situación estratégica de Esparta salta a la vista enseguida.
Esparta tras la caída micénica.
Las turbulencias sociopolíticas del mundo micénico trajeron consigo un vacío de poder en las sociedades palaciegas del segundo milenio a. C. Este hecho, unido a las corrientes migratorias de pueblos de pastores que o bien ya estaban allí o bien bajaron desde el norte, colapsaron definitivamente el mundo aqueo. Los nuevos habitantes formaron una sociedad tribal tripartita, como en otros focos griegos, compuesta por las tribus de los Hylleis, Panphili y Dymanes. Eran dorios, mas la clase dirigente, uniendo su pasado a la tradición épica, se debió de considerar predoria, ya que decía descender de Hilas, el hijo de Hércules y Deyanira y adoptado por Eginio que era a su vez el padre de los ascendentes de las otras dos tribus. A estos pobladores se les debieron unir otros dorios de clases inferiores y los restos de la población micénica, que poco a poco había ido abandonando los centros urbanos. Se inicia así una sociedad formada, seguramente, por un pueblo de pastores que compondrían el ejército individualmente, un primitivo consejo de ancianos (inicio de la posterior gerousía), un poder monárquico-sacerdotal-guerrero y unas clases inferiores, posibles antecedentes de los que posteriormente se conocerían como periecos.
Formación de Esparta (sinecismo).
Al igual que en otros puntos de la Hélade, en el territorio laconio surge la necesidad de agrupar los diferentes centros de poder rural. Las aldeas se aúnan en un poder centralizado mucho más efectivo. La colectividad queda configurada por cinco obas(6). Con seguridad, la última en incorporarse sería la de Amiclas, centro religioso ya referido, que era predorio y poseía una capacidad suficiente como para haber funcionado independientemente del resto de la colectividad laconia, y que más tarde se unió, dando quizá sentido a una de las explicaciones de la dicotomía de reyes que posteriormente desarrollaremos(7).
Los centros rurales que quedaron al margen de esta unión formarían, ahora sí, el estamento de los periecos(8), laconios al margen de los derechos cívicos de los espartitas.
Este fenómeno se desarrolló en la primera mitad del S VIII a. C., intensificándose el la segunda mitad con la mítica figura de Licurgo, creador de la rhétra licurguiana.
(1).- Más adelante se darán datos concretos de esta batalla.
(2).- Al sur de Esparta, en un tholos, aparecieron estos maravillosos vasos, con motivos taurinos repujados en láminas de oro. Su belleza y quizá su temática les hace próximos al arte minoico, pero su naturalismo y la concepción de la composición –a nuestro modo de ver y al de muchos otros- inicia el arte heleno, alejándose del cretense. (Img. Nº 1)
(3).- (Img. Nº 2)
(4).- (Img. Nº 3)
(5).- El mito de Jacinto, y las fiestas que se celebraban en su honor en Esparta, se expusieron en este artículo: Jacinto, el dolor de Apolo.
(6).- División en secciones, se correspondería a la fatría ateniense.
(7).- Baste decir, por ahora, que una de las razones que se dan es la dicotomía entre dorios (los Europóntidas) y aqueos (los Agiadas), aunque bien es cierto que esto nada puede tener que ver con Amiclas.
(8).- Perioikoi, gente cuyo oikos, o población, estaba situada en zona periférica.
Continua en: Licurgo: la eumonía e isonomía, la formación de la polis, las guerras mesenias y los hilotas.