Nos ponemos cómodos y viajamos en el tiempo.
Vamos a bordo de una pentecóntera focense, esto es, un barco de unos venticinco metros de longitud con cincuenta remeros. Nos acompañan algunas primitivas y, pese a todo, impresionantes trirremes. Son pocas, menos de las necesarias, pero son todavía muy caras -en material y en personal- de equipar. Nos toca remar, arriba sólo hay gente para maniobrar las velas y guiar la nave. No es el caso de las trirremes, que cuentan con una pequeña, aunque feroz, fuerza de infantería para los desembarcos y eventuales asaltos.
Pero antes de intentar contar la batalla no nos vendría nada mal explicar unas cuantas cosas.
Estamos en pleno Siglo VI a. C., en el Mediterráneo occidental. Los focenses, debido a la presión de los lidios, han fundado una de sus principales apoikiai (casas lejanas) llamada Alalia al este de Córcega. Focea, la ciudad madre, es una ciudad situada en Asia Menor, a escasos kilómetros al noroeste de Esmirna. Pero ya estaban aquí antes, traficando desde Ampurias o Massalia. Mas ahora han colapsado los recursos y esquilmado las reservas de la zona pues, por si fueran pocos, están llegando nuevas oleadas de refugiados, de épecos, esta vez por culpa de los persas que han devorado a los lidios y amenazan hacerlo con toda Jonia. La figura de Ciro se extiende, y los foceos, peligrosamente para sus vecinos, se están tornando más agresivos, rayando incluso la piratería.
Hasta entonces el equilibrio en la zona había sido ejemplar. La colonia fenicia de Cartago había ido cogiendo peso, hasta lograr independizarse de la metrópoli, de Tiro, heredando todos sus puestos comerciales en occidente precisamente por similares presiones por las que aumentó el número de griegos en la zona, sólo que en este caso se debió a asirios y neobabilonios. Para ellos el comercio con el mineral de plata conseguido en el sur de Iberia era fundamental, así como otros productos salidos de sus factorías como la salazón de diversos pescados muy apreciados. Etruria, por su parte, controlaba el paso del comercio centroeuropeo hacia esta parte del Mediterráneo. Los griegos habían aportado productos manufacturados y cerámica de lujo. Todos estos productos convivían en todas las colonias, ya fueran púnicas, etruscas o griegas.
En el siglo anterior, en definitiva, los focenses se habían instalado en las diversas apoikiai que iban creando. Massalia y posteriormente Ampurias daban fe de ello. La necesidad de los griegos de buscar otras zonas en donde asentarse se debió a varias circunstancias. Cabe decir, a modo de resumen, que estas fueron principalmente dos: los aristoi griegos centralizaron todo su poder agrario y militar en torno a la polis, en un fenómeno denominado sinecismo. La opresión de la que fueron objeto entonces los pequeños terratenientes o arrendatarios fue muy fuerte. Esto también conllevó el aumento de poder de los basileîs (élite aristócrata), los cuales tuvieron las manos libres para enriquecerse aún más mediante el comercio. Todo esto derivó en otro fenómeno, la stasis, que en definitiva es una lucha interna formada por los distintos estamentos de la sociedad que cambiaron su actitud respecto a la propiedad del suelo. Este es el caldo de cultivo para que los aristoi modificaran las reglas del juego, haciéndolas más flexibles, o para el surgimiento de los tyrannoi (tiranos). Pero lo que nos compete ahora es la colonización –este termino es vago, ya que no se trata exactamente de colonias, pues las ciudades fundadas actuaban de forma independiente-, motivada principalmente por dos de estas causas, unidas a una crisis en el concepto de la familia. Cuando sobreviene la stasis, muchos griegos buscan otras tierras donde poder desarrollar su economía, eminentemente agraria, bien porque la polis se haya quedado pequeña, bien porque las reglas de el juego hayan cambiado –o bien por cuestiones políticas-. El otro motivo aludido es la aspiración de los aristoi de comerciar gracias a los excedentes humanos. Esta, pues, es netamente comercial.
El caso es que el equilibrio en el Mediterráneo se debió resentir, y mucho, por los acontecimientos ocurridos en Oriente en el Siglo VI a. C., pero de eso hablaremos en el siguiente capítulo.
Continua en: La Batalla de Alalia II: Catálogo de naves