La peste negra asoló principalmente a Europa occidental, que estuvo aislada por más de 10 siglos y mató a casi un tercio de la población existente. Esto produjo una baja demográfica significativa que terminó por romper todo el sistema medieval en cuanto a lo económico, lo político y lo social, mas, la peste negra aceleró este proceso de cambio y permitió la gestación de un nuevo pensamiento.
ASUMIENDO LA CONDICIÓN HUMANA.
La peste negra pone en tapete la dimensión finita del hombre: todos moriremos. Aunque estoha sido siempre un tema para la historia de la humanidad, en este período hay una profunda fijación en la corporalidad, lo físico y la belleza del cuerpo humano tan exaltada en la antigüedad, tan sacrosanta en la edad media. En este tiempo de enfermedad, esta cosmovisión es aplastada con horror frente a los sinnúmeros de cadáveres putrefactos en descomposición incluso antes de morir. La peste negra cuestiona los ideales de belleza medievales y la santidad del cuerpo, observa con espanto lo que verdaderamente nos constituye: fluidos y carne que están expuestas a cualquier evento de la naturaleza, lo bello se desvanece, y reconocemos que nuestras posibilidades de invertir esta realidad son mínimas.
El miedo invade a Europa. La unidad espiritual se fragmenta con este flagelo (que terminará por dividirse con Lutero), no es que se deje de lado la fe, pero ya se ve con ojos más materialistas que todos los sistemas creados por el hombre no son nada frente a la muerte. Es el primer paso para dejar espacio a nuevas interpretaciones sobre nuestra existencia, lo que se traducirá en un cuestionamiento a la mirada católica surgida desde San Agustín.
En el lenguaje de los símbolos esta época cambia la percepción del cuerpo humano, nuestra imagen de belleza y la muerte. El esqueleto es símbolo que recuerda la insignificancia de los roles sociales, que somos constituidos por una misma cosa: tanto reyes como campesinos están sujetos a la misma suerte y la muerte los invita a danzar con ellos y asumir esta nueva condición natural y cotidiana con la enfermedad. La conocida danza macabra, es un esqueleto con el estomago abierto y las tripas colgando, que refleja otra parte de nuestra materialidad: putrefacción, interior del cuerpo humano, líquidos malolientes, etc.
La baja demográfica que fue consecuencia de este flagelo, provocó un efecto positivo para la sociedad europea: renovación de los sistemas, en cuanto a la decadencia del sistema feudal, donde desaparecen masivamente los lazos feudales (aunque en lugares de Europa como Los principados de Alemania o Rusia se quedarán hasta finales del siglo XIX) rompiéndose gradualmente la rigidez estamental; introducción del pensamiento moderno, o lo que es decir, que este “hombre nuevo” está mas consciente de su participación e incidencia de la realidad, analizándola con el método científico mas que la pura fe, evitando dejarse llevar instintivamente por designios extra terrenos que determinen su actuar.
Esto es a partir de la reestructuración de una nueva espiritualidad racionalizada, consciente de la finitud, el valor a la experiencia y lo empíricamente demostrable, es una mirada del hombre introspectivamente desde el yo humano, desplazando al teocentrismo imperante: el parámetro del análisis de la realidad partirá desde el alejamiento de lo divino fuera del hombre, para hacer una mirada desde lo divino en las cosas y en el hombre.