1.- Introito:
Y, bien por verlo como un levantamiento nacional contra una dinastía extranjera, bien por verlo como la rebelión del pueblo contra sus tiranos, ha sido sentida como algo propio por todos por igual. Salvo –quizás- la guerra de la Independencia, es difícil encontrar otro acontecimiento histórico que, en este país, goce de igual prestigio entre las derechas y las izquierdas. Pero ¿qué fue realmente ese movimiento que terminó, de forma abrupta, una lluviosa mañana de abril? ¿Reacción tardomedieval? ¿Movimiento social, independentista, parlamentario? Líbrenos Dios de –tan siquiera- intentar sentar cátedra sobre el particular. El presente texto no pretende afirmar una idea, imponer una tesis sobre las demás. Quizás, sobre todo, porque seguramente la verdad no sea –como casi siempre- sino una amalgama de todas ellas. Sin más ánimo que dar lugar al libre debate, que abrir un espacio para la reflexión, permítannos llevarles hasta un pueblecito de Valladolid donde, un lluvioso día de Abril, sobre un suelo embarrado, se jugó una partida que quizás cambió, para siempre, el destino de Castilla y de España.
2.- Castilla antes de la llegada de Carlos.
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Gracias! Que pase el siguiente! |
Las dos primeras décadas del siglo XVI fueron para el conjunto de reinos que formaban lo que en el exterior era conocido como España –aquí nos aferrábamos a nuestras seculares prerrogativas y, aunque juntos, nos negábamos a ir revueltos a ningún lado- de extrema importancia. La unión formal –que no real- de los reinos peninsulares –menos Portugal- a manos de los Reyes Católicos, el fin de la reconquista y el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo, dota a Isabel y Fernando de una capacidad de actuación y de una representatividad en Europa como nunca antes la tuvieron los reinos de España. No es extraño que los cronistas de épocas posteriores, mirando hacia atrás, consideren el reinado de ambos monarcas como una Edad de Oro en la que inspirarse, que añorar. La política matrimonial conduce al aislamiento de Francia dejándola sin aliados entre las potencias europeas. Las conquistas de Nápoles –a manos del Gran Capitán- y de Navarra –por el Duque de Alba- reconfiguran el mapa de Europa Occidental. La naciente monarquía hispánica, dotada de un dinamismo extraordinario, se convierte en actor principal en los destinos de Europa y del mundo. Paralelamente, ahora que se ha puesto fin a los desórdenes políticos que tanto en Castilla como en Aragón dinamitaron, a fines del siglo XV, la vida económica de ambos reinos, la expansión comercial será pareja a la territorial. La conquista de Nápoles estabiliza las rutas tradicionales del comercio mediterráneo aragonés, a la vez que el Descubrimiento potencia la importancia, ya de por si enorme, del comercio Atlántico castellano. La ruta principal del comercio Castellano sigue siendo –y aún lo será durante algún tiempo-la que une los puertos del Cantábrico –Laredo, San Vicente de la Barquera, Santander, Santoña y, principalmente, Bilbao- con los grandes centros de Flandes. Si en el momento del cambio de siglo parecía que la paz y la prosperidad se habían instalado definitivamente en ambos reinos, los primeros años del siglo XVI demostraron lo falso de esta creencia. En primer lugar, varios años de malas cosechas estuvieron a punto de romper el equilibrio económico y social en Castilla. Por otro lado, la inestabilidad será la tónica dominante en lo político al menos hasta 1516. Las dos regencias del cardenal Cisneros centran la crisis sucesoria de Castilla. La única heredera de los R.R.C.C. que sobrevive, Juana, no era precisamente lo que entendemos pormentalmente estable, así que gobernarán en su lugar primero su marido Felipe de Habsburgo y, a la muerte de este, Fernando el Católico. A la muerte de Fernando todos los territorios de la monarquía pasan, de forma inexorable(1), a manos de una nueva dinastía. El 14 de Marzo de 1516 es nombrado rey de Castilla y Aragón Carlos de Habsburgo, que será conocido como Carlos I, muchacho de apenas 16 años que se ha criado en las posesiones de su familia en Flandes de forma que, cuando llega a España –octubre de 1517- no solo no habla ni una palabra de castellano, si no que casi todo lo referente a su nuevo reino le resulta desconocido.
3.- Antecedentes económicos y políticos de la revuelta comunera.
Como ya comentamos anteriormente, el principal polo económico de Castilla está centrado en el comercio atlántico, fundamentalmente de lana, que es comprada por los grandes comerciantes –principalmente de Burgos- para ser después enviada hacia Flandes. Esta importante corriente comercial, que no es nueva, se verá reforzada por la llegada a Castilla de Carlos, señor patrimonial de los territorios flamencos. Por otra parte, si este mercado de la lana significa grandes beneficios para los grandes comerciantes castellanos que actúan de intermediarios, así como para los grandes señores poseedores de los grandes rebaños que producen la lana, significa la ruina para la industria textil castellana que se ve obligada a trabajar con lanas de mediana calidad –las mejores son las enviadas a Flandes- que, lógicamente, solo pueden producir tejidos mediocres, incapaces de competir con las piezas de gran calidad importadas, miren ustedes que cosas, precisamente desde Flandes. Se genera así una dinámica que impide el despegue de una industria fuerte, quedando así la economía castellana –por interés directo de algunos de sus protagonistas- condenada a ser mero exportador de materias primas e importador de productos manufacturados. Paralelamente, la llegada de Carlos y su corte resulta ser escandalosamente gravosa para la economía del reino. Con
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Carlos I mostrando como se hace un perro con la mano |
Carlos llegan dos tipos de cortesanos a Castilla: flamencos, que se dedican a saquear alegremente las arcas del reino, y castellanos(2) emigrados y retornados que se comportan todavía peor. En pocas palabras, la población castellana ve cómo los más altos cargos del reino son dados a extranjeros mientras que las riquezas del reino son enviadas al exterior.
Es entonces cuando tiene lugar un hecho capital, del que ya hablamos en otro artículo de esta serie: la candidatura –y posterior elección- de Carlos al trono del Sacro Imperio. La elección cuesta dinero, mucho dinero y, en lo que a Castilla se refiere, este se obtiene, por un lado, aumentando al máximo posible los impuestos directos ya existentes. Por otro lado, en lo que a los impuestos indirectos se refiere, se cambia –a la hora de recaudarlos- el relativamente justo sistema del encabezamiento –el importe a pagar por un distrito es repartido de forma proporcional a sus medios entre sus habitantes- por el sistema del arrendamiento, en el que los impuestos son obtenidos por recaudadores particulares –que realizan frecuentes excepciones- bastante odiados por la población. Y, como suele ser habitual, a medida que aumentan los impuestos aumenta el descontento de la gente.
En 1519 Carlos es finalmente elegido emperador y la discusión política cambia de tono: sin olvidar la problemática fiscal, surgen ahora dudas sobre qué papel será el que desempeñará Castilla dentro de la nueva situación, ahora que Carlos es, además de Rey de Castilla, emperador de Alemania. No solo hay dudas sobre qué titulación –rey o emperador- hay que dar a Carlos dentro del reino; tampoco se sabe si el rey residirá o no en Castilla, y además se teme que los intereses particulares del reino queden subordinados a los intereses generales del imperio. De todas las ciudades castellanas, la más belicosa, la más implicada y la más condenadamente protestona es Toledo, ciudad que acaudillará el movimiento –aún sin forma definida- desde sus inicios siendo también la última en volver al orden cuando todo acabó. Pero esa es otra historia; en el momento que nos ocupa, Toledo se limita a ser la más vocinglera de las ciudades, pidiendo una y otra vez la convocatoria de las Cortes del reino para que el rey de explicaciones. Finalmente, en febrero de 1520, Carlos accede a convocar las cortes que se han de reunir, en marzo, en Santiago de Compostela. Pero eso lo veremos en el próximo capítulo.
(1).- Inexorable a pesar de que Fernando, en el último momento, hace cualquier cosa –segundas nupcias con Germana de Foix inclusive- para evitar que la corona de Aragón pase a manos extranjeras.
(2).- Casualmente, castellanos que habían sido expulsados de la administración por Cisneros y que habían corrido como galgos a Flandes para hacerle la pelota al nuevo rey y obtener nuevos cargos.
Continua en: Los Comuneros II, Villalar 1521