Viene de : Los Comuneros I, Villalar 1521
4.- De las Cortes en Galicia y de los Magnos sucesos que allí se sucedieron.
Como ya hemos visto, la situación en la primavera de 1520 era así como que tensa. Los flamencos se dedicaban a saquear alegremente el reino y el rey no solo no ponía freno a sus depredaciones, si no que encima se le metió en la mollera lo de ser califa en vez del califa, y no paró hasta lograr ser elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico(1). Como uno puede imaginarse esto no sentó del todo bien en Castilla. De hecho, desde antes de que se convocaran las Cortes de Santiago –que debían comenzar a finales de Marzo de 1520- Toledo se puede decir que estaba ya en avanzado estado de rebeldía.
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Un representante de las germanías de Valencia imitando a Chiquito de la calzada ante el cardenal y futuro Papa Adriano de Utrecht
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A la hora de convocar las dichas cortes, el poder real había sido bastante claro, mandando a los corregidores de las ciudades con derecho a voto una circular interna en la que indicaba la urgente necesidad de que los procuradores queiban a ser enviados fueran maleables, digamos influenciables, y favorables a la política real. Ni que decir tiene que los resultados obtenidos no fueron los esperados. Las sesiones de las cortes se desarrollaron siguiendo un curioso guión: por un lado, los ponentes reales sacaron a relucir todas las malas artes que en retórica pueda uno imaginarse: que si era un honor para Castilla que su rey hubiera sido nombrado emperador, que si iba a ser bueno para la economía, que si era deseo divino, etc. Por otro lado, los procuradores de las ciudades castellanas respondieron con argumentos no menos sutiles: que sí, que sí, pero que no, que esto cuánto dices que nos va a costar, ¿emperador de Alemania, donde dices que está eso? Un lío. La verdad es que los representantes del rey, por mucho que doraron la píldora a los procuradores, no lograron resolver tres cuestiones fundamentales, a saber:quien se iba a ocupar del gobierno del reino en la ausencia del rey; si los ingresos de Castilla iban a ser empleados para financiar las políticas del imperio; y en qué medida los intereses de Castilla quedarían subordinados a los intereses generales de este.. Viendo que no había forma de obtener un voto favorable al subsidio que el rey pensaba pedir a las Cortes –es decir, los dineros que necesitaba para irse a Alemania- , las sesiones se suspendieron hasta mayo, cuando todos se volverían a reunir en la Coruña.
Los representantes reales estuvieron muy ocupados durante todo este tiempo. Con gran entusiasmo pusieron en práctica todas las posibilidades de la diplomacia(2) logrando convencer a los suficientes procuradores para arrancar –aún así a duras penas- un voto favorable al subsidio solicitado(3). Una vez logrado esto, a Carlos le faltó tiempo para embarcarse hacia Alemania. Dejando gobernador, eso sí. Naturalmente, un flamenco(4).
5.- De las Juntas de Ávila y Tordesillas.
Las noticias de lo sucedido en Coruña no sentaron del todo bien en Castilla. Toledo, ya en abril, se había sublevado habiendo sido ocupadas las fortalezas y expulsadas las autoridades reales. En ambas castillas la llegada de los procuradores a sus ciudades fue, como poco, accidentada. En Segovia y Burgos corrió la sangre, y en varias ciudades más las masas, de forma absoluta, total y radicalmente espontánea(5), se apoderaron de las fortalezas locales y echaron a las autoridades –o a cualquier otra persona favorable a la política real. Aprovechando el río revuelto, Toledo mandó cartas a las demás ciudades con voto en Cortes convocándolas a juntarse en Ávila con vistas a analizar la situación y los intereses del reino. La verdad es que no se puede decir que tuvieran mucho éxito. Inicialmente, solo acuden Toledo, Segovia, Salamanca y Toro. De todas formas, este aparente fracaso pronto se vería favorecido por una impresionante demostración de talante, mano izquierda y buen rollito a cargo de las autoridades reales.
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Juan de Padilla: Revolucionario castellano |
Puesto que los acontecimientos más graves –tres muertos- se habían producido en Segovia, la regencia tuvo la genial idea de mandar a investigar los hechos al alcalde Ronquillo. Este buen señor sin duda tenía muchas y muy marcadas cualidades, pero la mano izquierda no era una de ellas. Aún antes de llegar, ya comenzó a amenazar a los segovianos con todos los males del mundo. Y como pa chulos, nosotros, los segovianos le mandaron al cuerno, impidiéndole la entrada a la ciudad. Cuando Ronquillo amenzó con sitiar la ciudad, esta respondió pidiendo auxilio a Madrid y Toledo, que comenzaron a preparar sus milicias urbanas con vista a mandarlas hacia Segovia.
Visto el rumbo que tomaban los acontecimientos, Adriano decidió enviar tropas para apoyar a Ronquillo. Como sitiar una ciudad no es asunto baladí, las tropas reales se encaminaron en primer lugar hacia Medina del Campo con la idea de hacerse cargo de los cañones allí acantonados, y marchar luego hacia Segovia. El problema fue que las autoridades de la ciudad, imaginando el uso que le iban a dar a los cañones, dijeron que nones. La situación se fue encendiendo –que me los des, que no, que son míos y me los llevo, que un cuerno….- hasta que a la soldadesca se le fue un poco la mano y la situación se encendió del todo. Es decir, que la que se encendió fue la ciudad. Mejor dicho, se incendió. Así como que la mitad de ella. Como se pueden imaginar, el ver cómo el mayor centro financiero del reino era pasto de las llamas no sentó del todo bien. De hecho, buena parte de las ciudades que no habían respondido al llamamiento de Toledo, indignadas, decidieron mandar representantes a Ávila. A fines de agosto, forman parte de la Junta Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid. Adriano y el consejo real pierden la poca autoridad que les quedaba. Como las desgracias nunca vienen solas, las tropas –ya llamadas- comuneras(6), comandadas por Juan de Padilla se presentan en Tordesillas, toman la ciudad, se apoderan de la reina Juana –que está allí, digamos, retirada de la circulación- y comienzan a llamarla majestad. En Septiembre la Junta –Santa Junta, naturalmente- se traslada a Tordesilla y comienza a intentar convencer a Doña Juana de que firme algún documento que legitime la actuación –ligeramente ilegal- de la Junta. De lo que sucede a continuación hablaremos en el próximo capítulo.
(1).- De cuyas graciejos consustanciales ya hablamos cuando tocamos el tema de Pavía.
(2).- Básicamente, sobornaron y amenazaron a partes iguales.
(3).- Que de todas formas no llegó a ser cobrado nunca.
(4).- Su antiguo preceptor Adriano de Utrech, futuro papa Adriano VI.
(5).- Siempre que, de un día para otro, las masas se levantan, es un movimiento espontáneo. Que de buenas a primeras un cierto grupo de políticos locales salga claramente beneficiado, no es más que una tonta causalidad que no viene al caso.
(6).- Formadas inicialmente por las milicias urbanas de Segovia -al mando de Juan Bravo-, de Toledo -al mando del propio Padilla- y de Madrid –al mando de Juan de Zapata.
Continua en: Los Comuneros III, Villalar 1521