LOS COMUNEROS III, Villalar 1521.

La Junta, instalada en Tordesillas, con la reina Juana en su poder, ve abrirse ante ella un maravillosohorizonte, vasto campo de oportunidades y esperanza. Todo parece ir viento en popa. ¿Todo? No, un grupo de irreductibles realista, encabezados por Adriano de Utrech, se disponen a resistir ahora y siempre al sedicioso…


 

LOS COMUNEROS II, Villalar 1521. Artículo enviado por Le_Baron.

 

Viene de : Los Comuneros II, Villalar 1521

6.- De cómo cambian las tornas en los últimos meses del año.

Como ya vimos en la anterior entrega, desde septiembre de 1520 los comuneros se hacen con el poder de factoen buena parte del reino. No solo tienen en su poder a la reina Juana. El 30 de ese mismo mes, tropas comuneras arrestan en Valladolid a los pocos miembros del Consejo Real que aún coleaban por la ciudad. Es quizás en este momento cuando el movimiento alcanza la cota más alta de autoridad; no solo es cuando hay más ciudades representadas en la Junta, es que además los representantes del poder real –léase el bueno de Adriano- carecen prácticamente de medios para impedir sus acciones. De todas formas, esto no durará mucho, apenas unos meses. A finales de año, la situación estará lo suficientemente equilibrada como para que la única forma de solucionar todo este embrollo sea recurriendo a las armas. Así, en diciembre de ese mismo año, la Junta no solo habrá perdido a Burgos –que se separa del movimiento comunero de forma definitiva-, si no que también perderán Tordesillas; es decir, a la reina; es decir, buena parte de cualquier clase de legitimidad que pudieran pensar en esgrimir. Hay que señalar que no toda la culpa –aunque sí buena parte- de este cambio de panorama se debe a los errores de la Junta. Dos son los factores que desencadenarán la nueva situación: la evolución del movimiento comunero, y las medidas emprendidas por Carlos y por Adriano. Como ambos factores nos parecen muy interesantes, los tratamos a continuación por separado.

 

7.- De cómo la Junta se mete en un lodazal terrible por no saber qué hacer con el poder.

Juana de Castilla

Como decíamos ayer, con la toma de Tordesillas la Junta se hace con una poderosa baza. Siendo escrupulosamente legales, que Carlos heredara el trono de Castilla estando aún viva su madre podría ser considerado algo así como un golpe de estado. Que la reina no estuviera del todo en sus cabales es algo que no viene del todo al caso. Máxime si es conveniente –y para la Junta lo era- no tenerlo demasiado en cuenta. El problema es que la reina podía estar un poco loca, pero tonta del todo no era, así que los comuneros, aunque podían ir presumiendo por ahí de que Juana les había dado toda clase de apoyos de palabra –decir en una rueda de prensa sólo lo que conviene no es un invento moderno-, no lograron que la reina firmara ni un cheque sin fondos. Así que buena parte de su autoridad seguía descansando más en el aire que en ninguna otra cosa. Por otra parte, la Junta pretendía haber puesto en marcha un proyecto de salvación nacional, con todas las clases y miembros del reino tirando juntos del yugo del carro del Estado. Esto tiene ventajas y desventajas. La principal ventaja es que esta frase queda muy bonita a la hora de hacer campaña para cobrar impuestos y para lograr que la gente obedezca –si desobedeces y pretendes salirte del redil vas en contra del bien común, y todas estas cosas- los mandatos de la Junta. La principal desventaja es que te van a salir más problemas que charcos tras un buen chaparrón. El principal de ellos no se haría esperar. Si el movimiento comunero nace con afán reivindicativo, denunciando los abusos a los que ha sido sometido el reino, pronto descubrirá que no es el único en tener supuestos agravios que denunciar. Desde mediados del verano de 1520, un creciente clamor antiseñorial comienza a desatarse en castilla. Aprovechando el río revuelto, varios lugares –comenzando por Dueñas, el 1 de Septiembre- que habían sido cedidos anteriormente por los reyes a diferentes nobles, se rebelan, deseando ser enajenados de sus señores y volver a ser de realengo. Así que envían representantes a la Junta para que esta apoye sus justas demandas. El problema será que los nobles, aceptando que en ese momento la única autoridad realmente efectiva es la de la Junta, también mandarán emisarios para defender sus no menos justos derechos. La Junta, que nació como un movimiento urbano, se ve en la tesitura de tener que elegir, elegir entre ponerse de parte del pueblo o de los señores en una trifulca campesina sobre la que, en verdad, no tiene demasiada idea. Pero el problema no acaba ahí. Cuando los nobles ven sus posesiones amenazadas –ya saben, campesinos malvados con una antorcha en las manos buscando cosas que quemar, y todo eso- comienzan a unirse, a comunicarse entre ellos y a reclutar tropas. La Junta dice a los señores que nada de eso, que se desarmen y que confíen en ella. Y ellos dicen que nones, que primero se les haga justicia y que luego se desarman. La Junta, que ve tambalearse su autoridad, se impacienta y dice que aquí la única que tiene derecho a levantar tropas es ella, y los nobles dicen que ellos tienen derecho a eso y a mucho más, así que menos charla y más trabajar, o sea, más solucionar las cosas –de acuerdo con sus intereses, claro-. Y al final se llega a un punto de ruptura: por un lado los nobles, que ven a sus vasallos revolucionados pero no ven que la Junta haga algo por remediar esta situación, se van acercando al poder real, mientras que la Junta, que ve como los nobles se arman y no hacen caso de sus instrucciones, acaba acercándose a los campesinos y haciendo suyas algunas de sus reivindicaciones. Nos encontramos así con una nueva y molesta situación: forzada a elegir, la Junta ha acabado poniéndose de parte de los campesinos frente a los señores. Reacción quizás ética, pero sin duda poco práctica, pues los señores verán cómo la defensa de los intereses del rey comienza a coincidir con la defensa de sus intereses de clase, a la vez que son los únicos en poder darle a Adriano los medios de los que carece –y que tan encarecidamente necesita- para hacer frente a la Junta.

 

8.- Que trata de los ases que se saca Adriano de la manga y de los Santos que se le aparecen.

Como ya hemos visto, en el otoño de 1520 las cartas que tenían Carlos y el bueno de Adriano eran, como poco, malas. Era necesario dar un golpe de timón que enderezara el rumbo de los acontecimientos. Al final se logró, gracias a dos factores: por un lado, Carlos se dedicó a hacer concesiones que apaciguaran los ánimos; por otro lado, a Adriano se le apareció la virgen. Vayamos por partes.

Aconsejado por Adriano, Carlos cede –imaginamos que bastante a regañadientes- y decide satisfacer alguna de las peticiones de sus ¿súbditos? castellanos: renuncia al servicio votado en la Coruña(1), vuelve al sistema de encabezamientos, y nombra corregentes a dos nobles españoles, el Almirante y el Condestable de Castilla. Oficialmente quedan satisfechas las principales demandas de los sediciosos: se anula un impuesto impopular, se retoma una forma popular –dentro de lo que cabe, claro- de recaudación fiscal, y el reino está ahora gobernado, en ausencia del rey, por dos castellanos –nobles, pero castellanos, que es lo que importa-. Los efectos de este cambio en la política real no se harían esperar.

Adriano de Utrecht

Por otro lado, ya hemos visto cómo los nobles están empezando a mosquearse con la política de la Junta. Adriano –ahora instalado en Medina de Rioseco, en tierras del almirante- aprovecha la oportunidad –a esto nos referíamos con lo de que se le apareció la virgen- y pronto hace ver a los señores que sus intereses coinciden con los del rey. No es solo que este no tenga la menor intención de tocar sus feudos, es que, con el nombramiento del Almirante y del Condestable, de nuevo los nobles vuelven a tener poder político por primera vez desde los Reyes Católicos, y esto les encanta. Anteponiendo, como siempre, el interés del reino al suyo propio como clase, los señores se pasan al campo realista con armas y bagajes.

Pronto se notarían las consecuencias de este nuevo orden de cosas. Por un lado, Adriano ya cuenta con un importante apoyo del que antes carecía: las tropas que habían ido reclutando los señores apoyarán, de ahora en adelante –aunque de una forma muy particular, como veremos-, los intereses de la regencia, es decir, los del rey. Por otro lado, que todas las ciudades castellanas con voto en cortes al norte de Despeñaperros estuvieran representadas en la Junta no implicaba que su adhesión fuera totalmente sincera o definitiva. Tanto en Valladolid como en Burgos existían importantes partidos realistas esperando una oportunidad para devolver dichas ciudades al gobierno real. En Valladolid el movimiento contrarrevolucionario –encabezado por el infante de Granada(2)- fracasó. No así en Burgos: como ya vimos, en esta ciudad quienes realmente gobernaban eran los grandes mercaderes con intereses en el comercio con Flandes, y estos buenos señores estaban deseando que las cosas volvieran a ser lo que fueron; de hecho, sus procuradores en la Junta eran los más moderados, afirmando que ya que el rey había concedido las primeras -y teóricamente principales- peticiones del movimiento comunero, no había razones para que el reino siguiera alborotado. Percibiendo una oportunidad de oro, el condestable de Castilla se dedicó a hacer todo lo necesario –hasta les prometió un apartamento en la costa y unas vacaciones en Marina D’Or- para separar a Burgos de la Junta. Y al final lo logró: el 1 de noviembre de 1520 el condestable entra en Burgos, que se separa de forma definitiva del movimiento comunero.

La defección de Burgos tiene más importancia de lo que puede parecer a simple vista. Constituye un éxito político de primer orden para la regencia a la vez que es un fracaso para la Junta: de ahora en adelante ya no puede presentar un frente unido contra el rey. Si a esto le unimos que la Junta sigue sin lograr que la reina firme nada de nada, vemos que su situación política no pasa por su mejor momento. Es más, como en toda racha buena que se precie, a la regencia no dejan de caerle buenas cartas: ahora cuenta con el apoyo de los nobles y de una de las más importantes ciudades del reino, y encima Portugal, que ve que ahora Adriano cuenta con una buena oportunidad de frenar los acontecimientos, empieza a prestar dinero a la regencia. El dinero portugués, unido al que prestan los nobles –desinteresadamente, como es de esperar- permite a Adriano reorganizar las tropas de los señores y poner en pie de guerra un ejército en condiciones. Por primera vez el bando realista cuenta con suficiente fuerza militar para hacer frente a la Junta. Pero eso lo veremos en el próximo capítulo.

 

(1).- Que te todas formas nunca cobró, pues ahora los impuestos los recaudaba la Junta.
(2).- No se irán a creer que eso de la realidad nacional de Andalucía es un concepto moderno.

 

Continua en: Los Comuneros IV, Villalar 1521


 


 

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