Viene de : Los Comuneros III, Villalar 1521
9.- De cómo abren la partida las blancas y de los peones que usa en el envite.
El símil ajedrecístico que ahora adoptamos es menos gratuito de lo que puede parecer. Si tiran ustedes de mapa –y lo recomendamos encarecidamente- vemos que ambos bandos están situados frente a frente, como en un tablero. El Consejo Real está reunido en Medina de Rioseco, mientras que la Junta sigue en Tordesillas, pendiente de las reacciones de la reina Juana. Unos y otros han aprovechado el otoño para reclutar y organizar tropas, de forma que los dos ejércitos están a cara de perro, observándose. Debemos comentar la romántica y muy socorrida idea de presentar a uno como al ejército de los señores y al otro como el ejército del pueblo. Lo cual es bastante cierto, pero no del todo. Si bien sí es cierto que el ejército del Consejo está formado por tropas reclutadas, armadas y pagadas –en parte- por la alta nobleza, que el ejército comunero sea el ejército del pueblo, así, a lo bruto, como si de un Ejército Popular cualquiera se tratase, no lo es del todo. Sí en lo que a la tropa se refiere, claro –más que nada porque el campesinado y el “proletariado urbano(1)” son materia prima básica para la confección de cualquier fuerza armada-, pero recordemos que sus cuadros están plagados de miembros de la pequeña nobleza, empezando por sus mandos, que vienen todos de la nobleza urbana. Es más, cuando la Junta ve que el grueso de la alta nobleza se ha pasado con armas y bagajes –nunca mejor dicho- al campo realista, empieza a remover Roma con Santiago a ver si encuentra algún noble en condiciones que se una a su causa para darle un cierto prestigio(2). Y en una tierra que tiene a bien ser una de las primeras productoras mundiales de resentidos, no tardan en encontrarlos. Por un lado tenemos a don Antonio de Acuña, obispo de Zamora, que está más enfadado que una mona por no haber sido nombrado arzobispo de Toledo –fruslería sin importancia esta, la de optar a la principal sede episcopal de Castilla- cuando quedó la plaza libre; por otro lado, tenemos a don Pedro Girón, que se une a la Junta cuando Carlos no le entregó en ducado de Medina-Sidonia. Dando palmas con las orejas, los miembros de la Junta se apresuran a nombrarle Capitán General del ejército. En mala hora.
En noviembre el ejército comunero se pone en marcha, llegándose hasta Villabrágima, a un tiro de piedra de Medina de Rioseco. Tener en el jardín tan inesperada visita logra que los mandos del ejército realista se despierten –ellos hubieran preferido una solución negociada que los convirtiera en árbitros de la nueva situación- y muevan ficha. Sin implicarse en un enfrentamiento definitiva, de todas formas: amparándose en la sólida posición que ocupan en Villabrágima los comuneros, se limitan a mandar destacamentos que corten sus líneas de comunicación. Todo muy táctico. La verdad es que al Almirante de Castilla le da mucha pereza entablar batalla en sus tierras, así que decide esperar a ver qué pasa haciendo ver que hace algo. Algo, pero no demasiado.
10.- De cómo perder la reina en una jugada tonta.
Estando todos a verlas venir, dejando pasar el tiempo, el ejército comunero vuelve a mover pieza. Sorprendiendo a propios y extraños, el 2 de diciembre abandona Villabrágima en dirección a Villalpando, que está al oeste donde Cristo dio las tres voces. El bando realista no se lo acaba de creer del todo. Tiene que haber truco. Pero no lo hay: los comuneros se van al fin del mundo dejando libre la ruta hacia su base principal. Goteándole el colmillo, el ejército realista se pone en marcha llegando el día cuatro a Tordesillas que, desbordada por la superioridad enemiga, cae el día 5. En un solo día la Junta pierde a la reina –único apoyo en que basar su mínima legitimidad- y a trece procuradores, apresados en la ciudad. Los restantes corren como galgos en todas direcciones. La Junta no volverá a reunirse hasta el día 15, en Valladolid. Y aún así, lo hará muy mermada. Ahora sólo son once las ciudades allí representadas: Toledo, León, Murcia, Salamanca, Toro, Segovia, Cuenca, Ávila, Zamora, Valladolid y Madrid. Los procuradores de Guadalajara y Soria no regresarán, y estas ciudades se apartan definitivamente del movimiento.
11.- De cómo preparar un jaque mate.
La derrota de Tordesillas afectó terriblemente al ejército comunero: don Pedro Girón dimite y se aparta de la causa, y las deserciones entre la tropa se cuentan por centenares. Hace falta un revulsivo, y a finales de diciembre la Junta se propone reorganizar las cosas: se reclutan nuevos contingentes y se vuelve a llamar a Padilla, que tras el nombramiento de Girón se había vuelto a Toledo. La vuelta del más carismático de sus líderes logra inmediatos resultados, y apenas un mes después de la caída de Tordesillas el aparato militar de la Junta está reconstruido. Ahora hay que ver qué hacer con el.
Los sucesos de Tordesillas radicalizan totalmente el movimiento comunero, dispuesto ahora a la guerra total: se confiscan los bienes que los nobles realistas poseen en las tierras controladas por la Junta; también se preparan nuevas operaciones ofensivas. En Enero, el bueno de Acuña marcha hacia Palencia levantando para la provincia para la Comunidad, recaudando impuestos y devastando las posesiones de los señores, llegándose casi hasta las puertas de Burgos.
Por fin, deseando lograr un importante triunfo material y moral, las tropas comuneras se marcan un nuevo objetivo: Torrelobatón, importante plaza fuerte situada a medio camino entre Medina de Rioseco y Tordesillas. El 22 de febrero Padilla se presenta ante ella, lográndola ocupar –salvo el castillo, que resiste- el día 25.
12.- De cómo dar un rápido jaque mate.
Si bien después de la ocupación de Tordesillas las tropas realistas, que aún esperaban llegar a una solución negociada, habían permanecido fundamentalmente inactivas, lo de Torrelobatón es una provocación de primer orden –además, la ciudad también es del almirante, y hasta ahí podíamos llegar-. El ejército realista comienza a concentrar sus tropas en torno a Peñaflor, a tiro de piedra de Torrelobatón. Ante tan molesto vecino, Padilla decide retirarse hacia Toro. Enterado, el ejército realista sale en su persecución.
Le alcanzan el día 23, en Villalar.
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Ejecución de Bravo, Padilla y Maldonado
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La batalla de Villalar ha gozado siempre de un innegable halo romántico, representando la batalla definitiva en la que el pueblo es aplastado por el poder monárquico y nobiliario. Y eso es así, pero no. Es decir, sin duda Villalar representa la puntilla para el movimiento comunero: su ejército es aplastado y sus principales líderes detenidos. Pero de batalla la verdad es que tuvo poco. El ejército comunero contaba con una fuerza considerable –unos 7400 hombres-, pero de poco sirvió. Cansados tras una marcha forzada en un día lluvioso, las tropas comuneras apenas tuvieron tiempo de desplegarse. El grueso del ejército real ni siquiera actuó, bastó con una carga de su caballería para que el ejército de la Junta se desmoronara y huyera dejando un millar de muertos, siendo sus principales líderes capturados. El día siguiente, 24 de abril, un tribunal reunido en el mismo Villalar juzgó a Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, condenándolos a muerte por “haber seido traidores a la corona Real de estos reinos”. La sentencia se cumplió ese mismo día.
Así terminó de facto la rebelión de las Comunidades de Castilla. A lo largo del mes de Mayo toda Castilla la Vieja es devuelta al control real, quedando como único foco rebelde Toledo, que aún resistiría hasta finales de año. Pero esto no es más que anecdótico: la única razón que permitió que Toledo no siguiera el mismo camino que el resto de ciudades fue, junto con la presencia en ella del incombustible Acuña y de la viuda de Padilla, doña María Pacheco, la invasión de Navarra por los franceses –de la que ya hablamos anteriormente- que obligó a desplazar hacia el norte el esfuerzo bélico. El 31 de Octubre Toledo se acuerda tras pactar con las autoridades reales un trato de favor para los líderes comuneros que quedan en ella. Dicho acuerdo será cumplido hasta que se presente una ocasión favorable para saltárselo. Esta se presenta el 3 de Febrero de 1522. Las autoridades reales exigen la cabeza de dña. María Pachecho, el pueblo se levanta y se combate en las calles hasta que la revuelta es definitivamente aplastada, escapando dña. María hacia Portugal. Es reducida así la última ciudad comunera, la primera y la más decidida de ellas. Con este trágico portazo podemos dar por terminado, de forma definitiva y absoluta el movimiento comunero. Desde entonces –como nos dice el romance- ya Castilla no se ha vuelto a levantar.
(1).- Término totalmente anacrónico, lo sabemos, pero no resistimos la tentación de usarlo para seguir con la coña de lo del Ejército popular. No nos hagan demasiado caso, de todas formas, que ya saben como somos.
(2).- Al observador moderno esto puede parecerle una necesidad gratuita. Pero en el s. XVI el apoyo de la aristocracia para cualquier política era absolutamente necesario. No solo por las muchas dificultades que, aún legalmente, podían poner, si no porque en ese momento, en una España marcada por la obsesión por la honra y la sangre, la nobleza gozaba de absoluto prestigio como líderes nacionales del pueblo. De hecho, los ataques de los comuneros contra la nobleza no lo son contra el estamento en sí, si no contra los miembros de este que se han posicionado contra el reino; es decir, contra la Junta.