ROMA, LA ETERNA (II). Sabinas y Horacios.

VII (7) son las maravillas del mundo antiguo, 7 los pecados capitales, 7 los sabios de Grecia y siete las colinas originales de Roma. Por eso este artículo de la historia de Roma iba a ser llamado “Las siete colinas de Roma”. Pero el título no me hacía ninguna gracia y el artículo (éste) iba a ser más de leyendas que de historias, así que opté por titularlo “Sabinas y Horacios”, aunque entre ellos nada tengan que ver, excepto ser parte de ese pasado legendario de Roma.

 

 

ROMA, LA ETERNA (II). Sabinas y Horacios. Artículo enviado por Caesar.

 

Viene de: Roma, La Eterna (I)

En el artículo anterior vimos como Rómulo asesinó a su hermano Remo, quedando como único gobernante de esa ciudad que acababa de fundar. Estamos en el año 753 ANE (ya habíamos quedado en no volver a poner los malditos puntitos). Roma surge pues, como una aldea, en el monte Palatino, una de las 7 colinas originales. Las otras seis eran el Monte Capitolino, el Quirinal, el Celio, el Aventino (donde Remo quería originalmente fundar la ciudad), el Esquilino y el Viminal.

Las siete colinas de Roma.

Según la leyenda, Rómulo llamó Roma a su ciudad, en su honor. Otra leyenda cuenta que Roma era el nombre de la hija o nieta de Eneas, el héroe troyano. También es posible que Roma fuera una variación de Rumon, vocablo etrusco que significaba “el pueblo del río” o algo así. Y que el nombre Rómulo, que significa “pequeña Roma”, fue adicionado después a la leyenda para darle visos de credibilidad. Fuera de una forma o de otra, Roma fue fundada y su primer rey (de los, ¿adivinen cuántos?, que tuvo, ¡en efecto!, ¡¡7!!) fue, claro está, el propio Rómulo.

Cuentan que el rey, a fin de atraer población a su ciudad, la declaró centro de asilo de criminales huídos de sus ciudades, con lo que el pueblo creció rápidamente (Imagínense si pasara en una ciudad en nuestros días). Producto también de esta costumbre, pronto fue mucho mayor el porcentaje de hombres que de mujeres, lo cual dio lugar a un legendario episodio que se conoce como el rapto de las sabinas, inmortalizado por Jacques-Louis David(1748-1825) en uno de sus cuadros.

Los sabinos eran un pueblo que habitaban entre el Tíber y los Apeninos, al este de Roma. Por aquel entonces, Roma ya se había expandido del Monte Palatino al Capitolino y al Quirinal. Nos dice la leyenda que habiendo enviado Roma embajadas a los diferentes pueblos de la región, ninguno de ellos quiso emparentar con los romanos y estaba claro que de continuar las cosas así el pueblo desaparecería, pues no podían asegurar su descendencia. Así las cosas, se decidió efectuar unos juegos en honor de algún dios y se invitó a los pueblos de la región. En algún momento, los romanos se apoderaron de las mujeres sabinas por la fuerza y los sabinos se marcharon, indignados por lo que consideraron una falta total de hospitalidad y vergüenza.

Como estas cosas normalmente provocan una guerra, pues eso fue lo que hicieron los sabinos, marchar a la guerra contra Roma, la primera para la ciudad, entonces aún un pueblito, de la lista interminable de las guerras que sostendría contra el mundo.

El rey de los sabinos, Tito Tacio, ya fuera por apuesto o por rey, contaba entre sus admiradoras a Tarpeya, hija del comandante militar del monte capitolino, a lo que parece. Esta señorita, concertó con los sabinos, según cuenta nuestra historia, la entrega de la ciudad a cambio de lo que los soldados llevaban en su mano izquierda.

Pero la traidora no reparó en que, además de los brazaletes de oro que ellos usaban, llevaban sus escudos a la izquierda. Pienso yo que esto fuera porque al acordar con ellos la entrega de la ciudad, estos no andaban con los escudos, harto pesados seguramente. El caso es que al entrar los primeros soldados a la ciudad, por la puerta abierta que Tarpeya les facilitó, arrojaron sus escudos sobre ella, pagando de esta forma su alevosa traición con la muerte.

Otra versión de esta leyenda dice que los mismos romanos la despeñaron por una roca que se encuentra en un extremo del monte Capitolino. Hasta hoy, esta roca es llamada Roca Tarpeya, y es famosa por haber sido en tiempos posteriores el lugar desde donde se despeñaba a los criminales condenados a muerte.

Tras perder el monte Capitolino por la traición de Tarpeya, romanos y sabinos siguieron luchando, sin definir un ganador indiscutible, hasta que las mujeres sabinas, que habían aprendido a amar a sus maridos romanos y estaban ya cansadas de perder a sus padres y hermanos de un lado y a sus esposos de otro, se impusieron entre los dos bandos y les obligaron a firmar la paz.

Puestos de acuerdo Rómulo y Tito Tacio, en lo adelante se fundieron sabinos y romanos y Roma tuvo dos reyes, hasta que a la muerte del rey sabino, Rómulo quedó gobernando sobre romanos y sabinos. La sede del gobierno, claro está, se mantuvo en Roma. En homenaje a estas 30 mujeres que lograron la unidad de estos pueblos, según se dice, el pueblo romano fue organizado en 30 curias, cada una llevando el nombre de una de estas sabinas.

El rapto de las Sabinas de David.

Según algunos autores, es posible que esta leyenda refleje el hecho de la fundación de Roma más certeramente que la historia de Rómulo y Remo. Roma debe haber surgido como la fusión de varias aldeas en las colinas y es posible que la primera Roma fuera una fusión de latinos, sabinos y etruscos. La realidad es que nunca lo sabremos.

Rómulo murió, según cuentas las crónicas romanas (crónicas de siglos después, pero a las que no tenemos otra opción que creerles) hacia el 716 ANE. Dejaba un pueblo ya formado, y se lo dejaba a un rey sabino, Numa Pompilio. Alrededor de la muerte de Rómulo también hay su leyenda. Cuentan que se desató una terrible tempestad y en medio de ella, el rey desapareció. Fuentes más modernas estiman que, de haber existido (Recuérdese que Rómulo pudo ser un personaje mitólogico) puede haber sido asesinado por elementos opositores dentro de Roma, quienes hicieron ver a la gente común que Rómulo había subido a los cielos como un dios y en lo adelante protegería Roma y la haría invencible. Rómulo fue pues deificado y convertido en el dios Quirino, dios de la guerra sabino.

Estamos pues, en el 716, con Numa Pompilio en Roma. En Egipto ahora gobiernan cuatro dinastías simultáneamente, las XXII, XXIII, XXIV y XXV. Sargón II reina en Asiria y Babilonia, y el reino de Israel, con su capital en Siquem (Samaria), acaba de caer bajo sus demoledores golpes. En Grecia, Laconia libraba la guerra por la conquista de la llanura de Mesenia. En China, el rey Ping, de la familia Zhou, en 722 ANE decide trasladar su corte a Chengzhou, cerca de la actual Luoyang, acción que minará poco a poco el poder y la influencia de la dinastía en la región, mientras en la India comienzan a perfilarse los 16 reinos indoarios que más adelante en la historia, en la época de los persas aqueménidas, tendrán a Buda como guía espiritual.

Pero volvamos con Roma. El reinado de Numa Pompilio fue un reinado pacífico. Durante los más de 40 años que duró (gobernó hasta el 674 ANE) desarrolló las bases de las leyes romanas, estableció acuerdos de paz entre Roma y las otras ciudades, creó las principales instituciones religiosas romanas, reformó el calendario romano, entre otras muchas tareas.

Se dice que mandó a edificar el templo de Jano. Este templo, según la costumbre romana, debía permanecer cerrado mientras Roma estuviera en paz. Durante todo el reinado de Numa Pompilio permaneció cerrado. Mucho habían de extrañar los romanos estas puertas atrancadas.

Años después los romanos, que habían adoptado el culto al dios sabino de la guerra, Quirino, deificando a Rómulo, y por cuyo origen, o al menos el que se atribuían, adoraban también al dios Marte, comenzaron a identificar a sus dioses con los mitos griegos. Así, Zeus se convirtió en Júpiter, Hera en Juno, Poseidón en Neptuno, Hades en Plutón, Atenea en Minerva, Heracles en Hércules, Ares en Marte, Afrodita en Venus, Hefaistos en Vulcano, etc.

Hacia el 673-674 ANE, Numa Pompilio murió, sucediendole otro sabino, Tulio Hostilio.

Tulio era tanto o más belicoso que el propio Rómulo, según nos cuenta Tito Livio, historiador romano. Durante su reinado Roma se expandió al Monte Celio, la cuarta colina, al sudeste del Palatino. Allí construyó el nuevo rey su palacio.

Roma estaba pues, hacia el año 670 ANE, en pleno apogeo. Ocupaba ya 4 de las colinas circundantes, estaba a orillas del Tíber, lo cual la hacía un próspero núcleo comercial en la región. Del otro lado del río, los etruscos, aún superiores en cultura y comercio, le imprimían aceleración a la palpitante ciudad.

Durante siglos, Alba Longa había sido la ciudad dominante en el Lacio, región itálica donde se encuentra Roma. Los albanos no podían menos que contemplar con envidia y recelos aquella pequeña aldea creada hacia menos de 100 años por uno de sus hijos, que cada vez prosperaba más y amenazaba seriamente la preponderancia de aquella, la que podríamos llamar su ciudad madre.

Si tomamos en cuenta además que Tulio era un rey belicoso, sabremos entonces que estallaría pronto un conflicto bélico entre ambas ciudades y esto sucedió hacia el año 667 ANE, dando origen a otra de las leyendas romanas.

Los Horacios de David.

Cuentan que Tulio Hostilio y el rey albano, en aras de evitar derramamientos de sangre entre ciudades con tantos lazos, decidieron enfrentar a tres hermanos romanos contra tres hermanos albanos. El bando que perdiera juraba servir en lo adelante a su contraparte. Los romanos eran llamados los Horacios (Horatii) y los albanos los Curiacios (Curiatii).

El combate inició con desventaja para Roma, con la muerte de dos Horacios. Los 3 Curiacios, heridos con diferentes niveles de gravedad, estaban aún vivos, mientras que el Horacio restante no había sido herido. La batalla continuó para este Horacio con una estratagema muy apropiada: Simuló la huída ante los Curiacios, los cuales le siguieron cada uno a una velocidad determinada. Cuando uno de ellos llegaba ante él, él lo aguardaba a pie firme, luchaba con él, lo mataba y volvía a huir. Así acabó con los 3 albanos.

Cuenta la leyenda, quizás un poco exagerada, que al regresar el Horacio victorioso tras las murallas romanas, su hermana salió al paso de él, mesándose los cabellos y llorando por uno de los vencidos, que era su prometido. Horacio, furioso, la apuñaleó hasta matarla, mientras exclamaba: “Así perezca toda mujer romana que llora a un enemigo”.

Alba Longa se sometió pues, a Roma, pero dos años después, en medio de una campaña contra Etruria, se insubordinó ante sus vencedores y fue destruida. No obstante, según dicen, los nobles albanos fueron recibidos amablemente por Tulio Hostilio, quien los hizo ciudadanos romanos, nombrando incluso senadores a los más encumbrados. Corría el año 665 ANE.

El rey Tulio Hostilio murió en 641 ANE, cuenta la leyenda que fulminado por un rayo por Júpiter, molesto por el carácter belicoso de su majestad romana. Mucho más probable es que los nobles romanos lo hayan asesinado, cansados de las guerras constantes. Estos mismos nobles pusieron en el trono romano a Anco Marcio, nieto de Numa Pompilio.

Este rey es el primero en ser constatado históricamente, aunque a veces se le confunda con el primer Tarquinio, su sucesor. Durante su reinado, nuevos colonos de las tribus conquistadas fueron establecidos en el monte Aventino, donde más de un siglo antes Remo habia querido fundar Roma. Era la 5ta colina en ser ocupada. Estos nuevos colonos formaron la clase de los plebeyos o gente común, ciudadanos romanos que carecían de varios derechos, entre ellos los de votar.

El reinado de Anco Marcio estuvo marcado por el fortalecimiento de la religión y la construcción de grandes obras, entre ellas varios templos religiosos.

Durante el reinado de estos 4 reyes de Roma, de los cuales sólo la existencia del último ha sido comprobada históricamente, el rey gobernaba con la ayuda de un consejo de 100 ancianos. Esta asamblea de notables era llamada Senado, de una palabra latina que significa “ancianos”. Los senadores eran llamados patricios, del latín pater, que significa “padre” y este nombre se extendió a las familias nobles romanas. En contraposición a los plebeyos, los patricios tenían todos los derechos en Roma, inclusive los de vetar la desición del rey como integrantes del senado, situación ésta que desencadenaría infinidad de conflictos entre estas dos castas o clases sociales.

Anco Marcio murió en el 617 ANE, sucediéndole Tarquino el Antiguo, de estirpe etrusca, sí leyeron bien, etrusca. Pero eso ya es material para otro artículo.

 

Continua en: Roma, La Eterna (III)

 

 


 

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