Viene de: Roma, La Eterna (VIII)
El otrora imperio seleúcida está limitado ahora a Siria, porque en Judea los Macabeos se habían rebelado 30 años atrás y lograron salir del yugo de Antíoco IV Epífanes, triste descendiente de Seleuco.
En Italia, la situación infrahumana en que vivían los esclavos hacía muy tensa la situación social. Tratados como perros, hombres cuyo único crimen consistía en haber luchado o haber sido ciudadano de alguna nación en guerra con Roma estaban llegando a un límite tal, que preferían morir que seguir viviendo en esas condiciones.
Sicilia, la isla de Hierón y Dionisio, donde Roma y Cartago rompieron sus hostilidades, era a la sazón el granero de Roma, en el que miles de esclavos trabajaban para abastecer a la ciudad eterna. Era allí donde más cruel era la vida de éstos y por allí empezaría la historia.
En el año 135 ANE de marras,un esclavo de origen sirio llamado Euno, quién decía ser Antíoco, de la familia real seleúcida, se sublevó contra sus amos. Aunque posiblemente nadie tomó su origen en serio, demostró ser un jefe capaz y los demás esclavos le siguieron. Durante casi 3 años, Sicilia sufrió los embates de los esclavos, quienes proclamaron rey a Euno y tomaron como capital la ciudad de Enna.
Finalmente, en 132 ANE, los esclavos fueron derrotados. Sicilia fue pacificada y los rebeldes pagaron caro haberse rebelado contra el poder romano. Pero la terrible ira de los oprimidos conmocionó a Roma.
Las familias romanas estaban divididas con respecto al estado de cosas en la urbe. Dentro de la gloriosa familia romana de los Escipiones, Cornelia, la hija del vencedor de Zama, tenía 3 hijos (quizás tenía más, pero la historia no los menciona): Sempronia, Tiberio y Cayo Sempronio Graco. Sempronia se casó con nuestro ya conocido Publio Cornelio Escipión “el joven africano” Emiliano. Aunque este último era un ardiente defensor de la aristocracia romana, en contra de cualquier reforma social, los hermanos Graco si pensaban que la sociedad romana debía cambiar.
En 134 ANE, Tiberio Sempronio Graco había sido electo tribuno junto a Marco Octavio. El mayor de los Graco, que observaba como los latifundios iban minando la campiña italiana y miles de campesinos quedaban sin tierras, propuso adoptar una ley de reforma agraria. Dicha propuesta ¡SORPRESA! causó la indignación de la aristocracia romana. De inmediato, el sobornó entró en acción y Octavio fue convencido de no apoyar la proposición de Tiberio, lo cual anulaba cualquier votación sobre la ley, ya que era necesario para votar que los dos tribunos estuvieran de acuerdo.
Tiberio, tras tratar de convencer a Marco Octavio sin resultados satisfactorios, optó por someter a votación la destitución de su colega. Aún cuando lo logró, eso no significa que su destitución fuera legal, según los términos de la ley romana y por ello, fue duramente atacado por la plutocracia senatorial. El caso es que destituido Octavio, Tiberio no tuvo problema alguno en aprobar su ley.
Habíamos visto ya como en 133 ANE el reino de Pérgamo, por decisión de su último rey Atalo III, pasaba a ser la nueva provincia de Asia del poderío romano. Tiberio, apenas conoció esta decisión, propuso que el dinero fuera repartido entre los nuevos propietarios de tierras, lo cual provocó gran indignación del Senado, ya que originalmente ese dinero debía ir a parar al Estado (interprétese “Estado” como “bolsillos de los senadores”)
Tiberio, que sabía que su vida no valdría un céntimo cuando cesara como tribuno (mientras lo fuera era inviolable, según las leyes romanas), intentó presentar su candidatura para el 132 ANE, lo cual también fue considerado ilegal. Acusado por esto de intentar derrocar el gobierno de Roma y proclamarse rey, el día de las elecciones un motín propiciado por el partido senatorial, a cuyo frente iba Escipión Násicas, un primo de su madre, le asesinó y arrojó su cadáver al Tíber. Se estima que ese día murieron entre 200 y 300 partidarios del infeliz tribuno.
Su hermano Cayo no fue asesinado ese día, pues estaba en España sirviendo bajo las órdenes de su cuñado Escipión el joven, quién, fiel baluarte conservador, aprobó el asesinato de Tiberio. Poco después regresó a Roma y se puso al frente del partido conservador. En 129 ANE, a punto de pronunciar unos discursos en el Senado contra la reforma agraria, murió en su cama. Muchos atribuyen su muerte a su mujer, Sempronia, hermana de los Graco. Otros a partidarios de Tiberio. Por lo que sabemos, bien pudo haber muerto de muerte natural.
Tras su muerte, los reformistas continuaron ganando terreno. En 125 ANE se aprobó una ley según la cual un tribuno podía ser reelecto. Cayo Graco, quien cada vez ganaba más fuerza se presentó como candidato al cargo y en 123 ANE fue electo tribuno.
Cayo Sempronio Graco puso de inmediato en vigor la ley de reforma agraria e hizo aprobar una serie de leyes destinadas a mejorar la vida del proletariado romano. Por su labor en el 123 ANE, fue reelecto en el122 ANE.
Pero Cayo fracasó en su intento de extender la ciudadanía romana a habitantes de la península itálica a quienes los campesinos romanos consideraban extranjeros. También cuando intentó repoblar las ciudades destruidas, como Cartago, Tarento y Capua con colonos romanos, cuando la plebe estaba tan adaptada al pan y circo de la urbe romana. Estos nobles intentos fallidos de la política del tribuno hicieron que su popularidad cayese un poco y esto fue aprovechado por el Senado.
En 121 ANE, cuando Cayo Graco intentaba ser reelecto nuevamente para el cargo de tribuno de la plebe, se desencadenó una rebelión auspiciada por los propios cónsules y Cayo y sus partidarios, cerca de 3000, murieron. El propio Cayo se suicidó o fue asesinado por un esclavo suyo, a quien le ordenó matarlo.
La esperanza se esfumó de la República Romana. El régimen del Senado tenía sus días contados y cada día era más decadente. Si algún episodio de la historia romana sirve para ilustrar la corrupción que vivía Roma en aquella época, es la historia de Yugurta.
Yugurta era nieto de Massinisa, el rey de Numidia que tanto torturó a Cartago (recuerdan?). Cuando muy joven fue enviado por su tío, el hijo y sucesor de Massinisa, a España, para que sirviera bajo las ordenes de Escipión el Joven y aprendiera allí la carrera militar.
Desde 118 ANE, Yugurta gobernaba Numidia con sus primos, tras la muerte de su tío Micipsa. En 116 ANE, tras asesinar a uno de sus primos, Yugurta invadió el territorio del segundo y le envió al exilio. Luego, sin oposición alguna, se proclamó único rey de Numidia.
De inmediato Roma envió a una embajada a averiguar que había pasado en Numidia, que era protectorado romano desde los tiempo de Cartago. Pero Yugurta recibió a los embajadores, los colmó de regalos y estos regresaron a Roma hablando maravillas del rey númida.
No contento con esto, el senado pidió la presencia de Yugurta. El belicoso númida arribó a la ciudad eterna, sobornó a un tribuno y un par de senadores y volvió a retirarse llevandose un tratado según el cual Numidia sería dividida entre el y su primo Adherbal. Pero 4 años más tarde, en 113 ANE, asesinó también a éste y se proclamó nuevamente rey de Numidia.
Roma no podía permitir que Yugurta hiciese tal cosa y le declaró la guerra. El ejército romano, bajo el mando de los dos cónsules de turno, arribaron a Numidia. Yugurta, como era costumbre, se las arregló para sobornar a uno de los cónsules y el ejército romano se retiró de Numidia sin romper una lanza.
Las cosas no andaban bien por Roma, cuando un rey extranjero podía hacer lo que quisiera solo con soltar un poco de monedas en las manos del general romano de turno. Difícil era hallar un romano honesto, y en esta ocasión, lo hallaron en Quinto Cecilio Metelo, sobrino del general homónimo que ganó la cuarta guerra macedónica.
Metelo fue enviado a enfrentar a Yugurta y éste, frente a un general a quien no podía sobornar, optó por una guerra de guerrillas al más puro estilo de Fabio Cunctator. Dos años pasaron y Yugurta seguía resistiendo al ejército romano.
Uno de los subordinados de Metelo, Cayo Mario, había combatido también bajo Escipión el Joven y era partidario de la facción reformista de Roma. Enemistado con su jefe, ya que este pertenecía a la facción conservadora, divulgó en Roma que Metelo prolongaba la guerra para su provecho personal. Esto no era cierto, pero tampoco era difícil de creer en la Roma corrupta y el pueblo le creyó.
En 107 ANE, Cayo Mario fue electo cónsul e intentó usar su influencia para comandar un ejército hacia Numidia, en sustitución de Metelo. Al negarle su permiso el Senado para este propósito, reunió un ejército arengando al pueblo y lanzando discursos como pestes contra los conservadores. Tras tener su legión, partió rumbo a Numidia.
El lugarteniente de Mario, Sila, era partidario de los conservadores y también un buen guerrero, pero sobre todo más inteligente que su jefe. Entre ambos pactaron con Boco, rey de Mauritania y suegro de Yugurta, y éste entregó a su yerno a los romanos. Corría el año 105 ANE.
Yugurta se rindió a Sila y esto fue aprovechado por el senado, que sabía que contaba con las simpatías del subalterno de Mario. Así pues, divulgaron en Roma que era Sila quien había realmente ganado la guerra Numídica.
Pero Mario era el amado del pueblo y una nueva amenaza se cernía al Norte sobre Roma: Los pueblos germanos. Los cimbrios y los teutones, que habían desde hacía algunos años bajado del Norte de Europa sobre las Galias e Hispania, habían obtenido algunas victorias sobre Roma y aterrorizado a la Galia Narbonense, sin atreverse a atacar Italia. En 103 ANE, ambas tribus se unieron y dirigieron sus esfuerzos al valle del Po. Al mismo tiempo, estalló una nueva sublevación de esclavos en Sicilia.
Los romanos, aterrorizados, concedieron el título de cónsul a Mario durante 5 años sucesivos. Finalmente, en Aquae Sextia (La actual Aix francesa), Mario derrotó a los teutones. Luego se unió al ejército del Po, que se había retirado frente a los cimbrios y bajo su mando, se enfrentó a estos en Vercellae, aniquilándolos totalmente. Era el año 101 ANE y la amenaza había terminado.
Paralelamente a esto, la rebelión en Sicilia fue sofocada. En el año 100 ANE, Roma se encontraba en paz.
Mario, aprovechando la situación existente en la ciudad y su cargo de cónsul, intentó hacer aprobar las leyes de Cayo Graco. Pero el cónsul era un militar y no un político. Manipulado por tribunos ambiciosos y por el mismo Senado, se vio obligado a enfrentar a su propio partido en una guerra social que le defraudó totalmente y se retiró de la política, tras su sexto consulado (Alguien le había predicho en su juventud que sería cónsul por siete veces)
Poco después, en 91 ANE, un tribuno, Marco Livio Druso, intentó nuevamente aprobar las leyes de Cayo Graco sobre la ciudadanía romana. Pero el nuevo reformista murió misteriosamente y sus leyes fueron derogadas. Esto era demasiado para las ciudades italianas. Ese mismo año, un grupo de ciudades italianas (del grupo samnita)se separaron de Roma y formaron una república a la que llamaron Italia. Lucio Julio César y Cayo Mario fueron enviados sucesivamente a combatirlas, pero el primero por cierta incapacidad y el segundo por un problema de principios, lo cierto es que no dieron al traste con la rebelión.
Finalmente, en 89 ANE el antiguo lugarteniente de Mario, Sila, fue puesto al frente de los ejércitos romanos del Sur. Éste era el campeón del Senado, el partidario de la plutocracia conservadora y por tanto, además de su capacidad militar, tenía grandes ganas de derrotar a las ciudades italianas. Además, en 88 ANE, el Senado decretó que todos los italianos que en el término de 60 días lo pidieran podrían ser ciudadanos romanos. Esto acabó con la determinación de los rebeldes y ese mismo año, las ciudades samnitas que quedaban fueron derrotadas por Sila.
¡Justo a tiempo!, pues en el Este surgía una nueva amenaza que había de tener en suspenso a Roma: Mitrídates del Ponto. Y con dos generales que se disputaban el poder en la ciudad eterna, este conflicto prendería la mecha para el inicio de las guerras civiles.
Continua en: Roma, La Eterna (X)