ROMA, LA ETERNA (V). En guerra con el Samnio.

Es el año 390 ANE (363 AUC). Los galos se han retirado de Roma, abandonandola arrasada y económicamente destruida (para goce de Elvira y demás foreros celtas ;-) Marco Furio Camilo, saludado como el segundo fundador de Roma, convence a los casi exromanos de no abandonar la ciudad.

 

 

ROMA, LA ETERNA (V). En guerra con el Samnio. Artículo enviado por Caesar.

 

Viene de: Roma, La Eterna (IV)

Imperio Macedonio

Marco Manlio, apodado “Capitolino” por su heroicidad en la defensa del capitolio, sufre los efectos de la gratitud de los patricios, supuestamente por sedición e intento de apoderarse de Roma y declararse rey. Cínicos pero inseguros, los patricios no tienen lo suficiente paraejecutarle al pie del Capitolio, teniendo que llevarle para ello lejos de la vista de éste.

Según la tradición popular romana (la cual me siento más inclinado a reconocer), Manlio fue ejecutado por liberar de la esclavitud con su dinero a un soldado que había servido bajo sus órdenes. El senado vio en él un ejemplo que podrían seguir otros, con la consiguiente toma de conciencia por el pueblo, cosa que desestabilizaría al gobierno gentilicio de la ciudad eterna. Y así era en efecto.

La plebe romana sufría cada vez más los efectos de la crisis económica en que habían dejado a roma los galos. Habían perdido, so pretexto de dicha crisis, sus derechos establecidos desde 494 ANE. La situación empeoraba cada vez más y Camilo, aunque patricio, lo comprendió así. Usando pues, su enorme influencia, hizo aprobar las leyes Licinio-Sextianas (de Cayo Licinio y Lucio Sextio, cónsules de ese año) en 367 ANE.

Estas leyes permitían a los plebeyos acceder al consulado y poco después, se hizo costumbre que al menos uno de los dos cónsules fuera plebeyo. También puso límites a la cantidad de tierra que podría acumular un solo hombre, terminando así las luchas entre los terratenientes y los pequeños agricultores.

En otro orden de cosas, la península itálica había cambiado para siempre. Etruria había caído como potencia y con Roma a dos pasos, nunca más se levantaría. Roma, digna adversaria de los galos, se había rehabilitado bajo la conducción de Camilo y su ejemplo inspiraba a las demás ciudades del Lacio. Además, en 367 ANE, el mismo año en que se promulgaron las leyes Licinio-Sextianas, Roma frenó una nueva invasión gala. Si a eso añadimos que salió de la invasión gala manteniendo Veyes y que apenas un año después de la invasión gala, en 389 ANE, había ganado la batalla del monte Mecio contra los volscos, se entenderá porque los herederos naturales del poder etrusco en el centro de Italia fueron los romanos.

En 354 ANE surgía, producto de esta situación una nueva supuesta “liga latina” donde en realidad Roma tenía la supremacía. Camilo había muerto ya hacía 11 años, en 365 ANE, pero las bases que había sentado daban sus frutos: Roma era una de las 4 potencias en la península itálica, donde sólo se le oponían los galos al norte, los samnitas al sudeste y los griegos en el sur.

Llegamos pues, a mediados del siglo IV ANE. El imperio persa, bajo Artajerjes III, aún es una potencia a tener en cuenta en Oriente, aunque los tiempos de Dario el Grande ya no volverán a Persia. Mientras, Egipto disfruta de un efímero medio siglo de libertad, que terminará en 7 años con la reconquista persa. Ya el desgraciado faraón de turno, Nectanebo II, ocupa el poder.

En un pequeño estado aledaño a Grecia, Macedonia, ocurrían cosas que darían un brusco giro a la historia de todas estas naciones. Filipo II, hijo de Amintas III, rey de aquella pequeña nación, avanzaba sobre Grecia y nada se le resistía. Un nuevo orden llegaba a Grecia y muy pronto, de la mano de su hijo Alejandro Magno, cruzaría el Helesponto y llegaría a Persia y a Egipto, a la antigua Babilonia de los caldeos y avanzaría en su increíble empuje hasta la misma frontera de la India.

Pero nada a esto le importa a Roma. De momento, sólo dos potencias empañan el futuro de la ciudad eterna: Los Galos al norte y los Samnitas al sudeste. Y pronto habría que luchar.

En 343 ANE la situación se presentaba adecuada para guerrear contra los samnitas. Las tribus Samnitas de la Campania estaban en guerra con las tribus del Samnio. Producto de una alianza concertada de antemano con la ciudad de Capua, las tribus de la Campania pidieron ayuda a Roma.

Desinteresadamente, por supuesto, como todo imperialista, el senado romano “se lanzó en defensa de la libertad de la Campania contra los invasores samnitas”. La lucha estuvo equilibrada entre ambos contendientes y finalizó con una paz de compromiso, donde tanto Roma como el Samnio firmaron sus respectivos acuerdos, pero lo más importante, los samnitas se retiraron de la Campania, región donde se hizo sentir entonces la influencia romana. Corría el año 341 ANE.

Mientras los romanos luchaban contra el Samnio, la liga latina conspiraba para derrocar el poder de Roma. Los ejércitos latinos se enfrentaron a Roma en el 340 ANE y fueron totalmente derrotados. Roma disolvió entonces la liga latina y se anexó el Lacio como territorio romano en 338 ANE.

Tras la conquista del Lacio, Roma no se quedaría con los brazos cruzados. Su objetivo era la conquista de Italia, eran herederos naturales de los etruscos en el dominio de la península. Los galos, en batallar constante con los romanos, habían acabado por convencerse de que no valía la pena guerrear contra estos estoicos soldados y habían optado por retirarse al otro lado del Po. En cuanto a los samnitas, abandonada la Campania, tenían un nuevo peligro hacia el Este.

El mismo año de la anexión del Lacio por Roma, Filipo II de Macedonia vencía a los ejércitos de Atenas y Tebas en Queronea, donde se distinguió notablemente su hijo Alejandro. Grecia caía así por completo bajo la hegemonía macedónica.

Bajorrelieve de Nectanebo II, procedente del Serapeum de Saqqara. Museo del Louvre.

Alejandro de Epiro, cuñado de Filipo y miembro de la familia real macedónica por ende, estaba atento a los sucesos en la península itálica. Hacia 332 ANE, Tarento, ciudad de la Magna Grecia, pidió ayuda a este monarca contra los samnitas, que empujados por Roma al Sur, quisieron seguir más al sur y apoderarse de los dominios griegos. Alejandro el epirota pues, al frente de un ejército, cruzó el Adriático y desembarcó en Italia, donde consiguió un pacto con Roma y pronto obtuvo aplastantes victorias sobre los samnitas.

Pero Tarento, que quería ayuda contra sus enemigos, no quería tanta y temía, seguramente con razón, que un Alejandro de Epiro triunfante sería más peligroso que las tribus del Samnio. Así pues, le retiraron su apoyo y resultado de esto, en 326 ANE, en la batalla de Pandosia, el rey epirota fue derrotado por los itálicos y murió en plena retirada.

Ese mismo año, con motivo de la ocupación romana de la ciudad de Neapolis (actual Nápoles), los samnitas declararon la guerra a Roma. Los lucanos y apulios, pueblos ubicados al oeste del Samnio, apoyaron a Roma, mientras los griegos del sur apoyaban a los samnitas.

Durante más de 4 años la guerra se mantuvo equilibrada para ambos rivales, hasta que en 321 ANE, los romanos, que habían acudido en ayuda de Apulia, producto de un falso mensaje difundido por los samnitas, fueron derrotados y obligados a capitular con el grueso de su ejército en las Horcas Caudinas, un desfiladero en pleno territorio del Samnio. Los generales romanos, enviados con su ejército en calidad de emisarios al Senado Romano para pedir la devolución de los territorios arrebatados al Samnio, conminaron al senado a que les entregara sin cumplir dicho tratado y dejara morir a los rehenes dejados en garantía con los samnitas. El senado aceptó el sacrificio y los samnitas mataron a los rehenes y perdieron la oportunidad de eliminar al ejército romano y con ésta, la guerra.

Roma estaba decidida a terminar con el poderío samnita en la región y en esta lucha cruenta jugaron un importante papel 2 hombres: Apio Claudio Caecus (El ciego) y Lucio Papirio Cursor.

El primero fue elegido Censor en el año 312 ANE. Su gran aporte consistió en la construcción de un camino desde Roma a Capua, para que los ejércitos romanos pudieran ir de Roma a la Campania con la rapidez requerida en estos casos. Este camino sería después bautizado como la Vía Appia. Durante el transcurso de los siguientes siglos, Roma construiría cientos de caminos, todos partiendo desde ella. ¿Algunas vez han escuchado decir “Todos los caminos conducen a Roma”? Pues esto es una muestra de lo apreciado que fueron estos caminos, hasta más de mil años después.

El segundo, Lucio Papirio Cursor, fue 5 veces cónsul y dos veces dictador entre 333 y 313 ANE. Impuso una férrea disciplina al ejército romano y terminó de organizarlo, a través de unas reformas que se consideran continuadoras de las de Marco Furio Camilo, que también hizo hincapié en esto.

Las legiones originales, anteriores a la lucha contra los galos, no eran más que masas desorganizadas de soldados, tan numerosas como el control que fuera a ejercerse sobre ellas lo permitiera. En ocasiones llegaban hasta 6000 ó 7000 soldados.

Durante los 10 años del sitio de Veyes por Camilo, éste organizó a la tropa de forma que pudiera servir para un asedio prolongado e instituyó la paga a los soldados, por lo que creó un ejército profesional. Pero un ejército no sólo se llama profesional por su paga, sino por su pericia y éste era el fin perseguido por los reformistas del ejército romano.

La moderna legión estaba conformada por líneas de soldados, donde la primera línea partía al ataque, después se retiraba y daba paso a la segunda línea, de tropas frescas y así sucesivamente. Si la antigua estrategia del ataque en masa alcanzó su máximo grado de perfección con la falange macedónica, la legión romana fue sin duda un paso más en la perfección del arte militar.

La falange estaba perdida en territorio montañoso. La legión podía expandirse y volverse a unir después, sin perder la cohesión de sus unidades. Esta organización militar le daría a Roma el dominio del mundo, como anteriormente a Alejandro la falange macedónica.

En 312 ANE, Etruria, despertando de su largo sueño, marchó sobre Roma aprovechando el conflicto samnita. Lucio Papirio Cursor estaba luchando al frente de las legiones contra los samnitas y ordenó al general Quinto Fabio Máximo que con parte de sus tropas avanzara sobre los etruscos al norte. Roma se enfrentaba con dos enemigos al mismo tiempo y el resultado fue: ¡ Una aplastante victoria ! Mientras Fabio Máximo sometía a los etruscos, que en 308 ANE abandonaron la lucha, Lucio Papirio Cursor expulsaba por última vez a los samnitas de la Campania, llegando en su persecución hasta el mismo Samnio. Desesperados, los enemigos de Roma pidieron la paz y en 304 ANE terminó la segunda guerra samnita.

El Samnio había sido derrotado en dos guerras sucesivas, apartando la humillante derrota de las horcas caudinas, pero Roma sabía muy bien que aún era un enemigo muy a tener en cuenta. Así pues, empleó los años de paz con los samnitas en fortalecerse adecuadamente. Expandió sus territorios, llegando por primera vez a las costas del mar Adriático, anexándose finalmente todo el territorio central que había pertenecido una vez a Etruria. Los galos y los samnitas, como potencias colaterales de Roma en la península, aunque cada vez más pequeñas al lado de la potencia advenediza no vieron esto con buenos ojos y en 298 ANE, una triple alianza etrusco-galo-samnita surgió, al calor de la invasión del Samnio por los Romanos, que venían a “cumplir el tratado defensivo” que tenían con los Lucanos, los cuales fueron agredidos por los samnitas. (Dónde habré escuchado antes algo parecido?)

Lo que siguió a esto fue la más grande de las victorias romanas hasta el momento. Quinto Fabio Máximo dirigió las legiones y mediante técnicas algo bajas, quizás (No olvidar que se enfrentaban a una coalición de enemigos) logró la victoria separando primero a los etruscos y después a los galos. En 295 ANE, en Sentinum, la triple alianza fue totalmente derrotada. Los galos se retiraron, después de haber sido totalmente barridos. En cuanto a los samnitas, fueron perseguidos hasta el mismo Samnio y derrotados nuevamente en la batalla de Aquilonia, en 293 ANE y esta vez la invasión exigió más que un tratado de paz. El Samnio, aunque no fue anexado definitivamente a Roma, no debía siquiera pestañear sin conocimiento de la definitiva potencia itálica. Roma imponía sus condiciones a los vencidos.

Tenemos pues a Roma, en 281 ANE, dueña de media Italia. Al norte, aún los galos, al sur, la Magna Grecia, que contempla temerosa como crecía una potencia militar al lado de sus fronteras. Y al Este, otro rey epirota, Pirro, estaba a punto de hacer historia romana. Pero creo que ya es suficiente por hoy.

 

Continua en : Roma, La Eterna (VI)

 

 


 

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