ROMA, LA ETERNA (VIII). El Mundo Griego.

Aún antes de que Roma desgastara a Aníbal y a si misma en Italia, dos reinos helenísticos se hacían fuertes: Macedonia y el imperio seleúcida. En 223 ANE, Filipo V accedía al trono macedonio. 2 años después, en 221 ANE, Antíoco III ocuparía el ya nombrado imperio.

 

 

ROMA, LA ETERNA (VIII). El Mundo Griego. Artículo enviado por Caesar.

 

Viene de: Roma, La Eterna (VII)

Mundo Griego

Los predecesores de Antíoco habían perdido gran parte de Asia Menor, originalmente parte del imperio de Alejandro. Antíoco III reconquistó estos territorios, y aunque de manera algo precaria, mantuvo la paz en el imperio. Por esto, sus contemporáneos (y aduladores) le llamaron “Grande”.

En cuanto a Filipo V, desde su ascenso al trono se preocupó por consolidar el dominio macedónico sobre Grecia. Divididas entre la liga Aquea y la liga Etolia, las ciudades estado griegas no eran ya ni la sombra de lo que una vez fueron. Con motivo de una guerra contra Esparta, Macedonia había entrado en las contiendas griegas a pedido de la liga aquea, en 224 ANE, esto es, un año antes del ascenso de Filipo. Contraria siempre a las inclinaciones aqueas, la liga Etolia entró en guerra con Macedonia.

Tras la batalla de Trasimeno, Filipo hizo una rápida paz con la liga Etolia y concertó una alianza con Aníbal. Pero la flota romana por un lado, y la rápida acción de Roma, que envió un contingente de soldados a Macedonia, hicieron desistir a Filipo y los macedonios no cruzaron esta vez el Adriático. Corría el año 217 ANE.

La mal llamada Primera Guerra Macedónica fue un intercambio constante de escaramuzas, de donde no salió ningún vencedor declarado y que cansó a todas las partes beligerantes. 12 años después, en 205 ANE, una triunfante sobre Cartago pero agotada Roma firmó la paz con Filipo, presionando a la liga Etolia para que también lo hiciera.

El imperio Seleúcida, aliado de Macedonia en el Este, tenía planes expansionistas a costa de Egipto. El país de las pirámides ya no estaba bajo la firme conducción de los primeros Ptolomeos. Un niño de 11 años, Ptolomeo V, gobernaba la nación de Ra. Así pues, en 203 ANE, Antíoco III se alió a Filipo V y ambos emprendieron una campaña contra Egipto.

Atalo I

En la costa Occidental de Asia Menor estaba Pérgamo, otro de los reinos helenísticos. Atalo I, rey de Pérgamo, había ganado el sobrenombre de Sóter (salvador) al derrotar a los gálatas y era un competente general. Tanto él, como la isla griega independiente de Rodas e inclusive la orgullosa Atenas (hacía tiempo ya no tan orgullosa), firmaron una alianza con Roma. Todos temían al imperio de Antíoco y creían, tal vez con razón, que Filipo y Antíoco pretendían repartirse el mundo griego.

En 200 ANE, como resultado de un pedido de ayuda de Rodas, Roma le declaró la guerra a Macedonia. Comenzaba así la Segunda Guerra Macedónica.

Tras una serie de batallas sin importancia, Roma envió al general Tito Quinto Flaminio, quien, en 197 ANE, se enfrentó al ejército de Filipo en Cinoscéfalos, resultando en un nuevo y completo triunfo de la legión sobre la falange.Paralelamente, Atalo derrotaba a otro ejército macedonio en Pérgamo. Este mismo año el rey de Pérgamo moría y era sucedido por Eumenes II, su hijo, quien ratificó la alianza con Roma.

Presionado por todos lados, Filipo firmó la paz con Roma. Durante el resto de su vida se dedicaría a fortalecer a Macedonia, para una tercera confrontación que no vivió para ver.

En cuanto a los griegos, “liberados” por Roma, se dedicaron a sus viejas rencillas nuevamente. Utilizaron a Flaminio para tomar Esparta. Flaminio la tomó, pero pese a los esfuerzos de los recalcitrantes aqueos, se negó a destruirla y después de restaurar a su rey, Nabis, en el trono y asegurarse la lealtad de éste para con Roma, se retiró dejando a los griegos a su aire en 194 ANE. Estos pues, continuaron haciendo lo que mejor hacían entre ellos cuando eran libres: guerrear.

Por su parte, Antíoco libró entre 200-192 ANE una victoriosa guerra con Egipto. Pese a los pedidos de Eumenes II de Pérgamo, Roma estaba atareada en Macedonia y no prestó atención al Este. Pero en 192 ANE, firmada la paz entre el imperio seleúcida y Egipto, nada impedía el enfrentamiento directo entre la potencia de occidente y la potencia de oriente.

Aníbal, huido de Cartago, se había refugiado en el imperio. Eterno enemigo de Roma, le había pedido a Antíoco un ejército para volver a invadir Italia. Pero el rey seleúcida no quería arriesgar un ejército en manos de un extranjero. Poniéndose el mismo al frente de un gran ejército, partió hacia Grecia en 192 ANE.

Pese a las promesas de la liga Etolia, enemiga de Roma, Antíoco no encontró en Grecia el apoyo que esperaba. Las ciudades-estado griegas hallaban mucho más fácil dedicarse a sus rencillas que unirse en contra de un enemigo común. Antíoco pues, con muy poca o ninguna ayuda griega, se enfrentó a un ejército romano en las Termópilas y fue totalmente derrotado, retirándose con los restos de su ejército a Asia.

Roma siguió los pasos de Antíoco y en 190 ANE, Lucio Cornelio Escipión, hermano de “El Africano” le derrotó en la batalla de Magnesia. El imperio perdió sus posesiones de Asia Menor, devolviendo el territorio de Pérgamo, recientemente conquistado y el fiel Eumenes II fue restaurado en el trono.

En cuanto a Aníbal, Roma exigió su entrega inmediata a Antíoco. Avisado el cartaginés, huyó a Bitinia, en Asia Menor oriental, donde su rey Prusias II le aceptó como consejero. Pero hasta allí le siguió el poderío romano. En 183 ANE, Tito Quinto Flaminio llegó a Bitinia para exigir la entrega de Aníbal a la justicia romana. Aníbal, enterado de esto, renunció a seguir huyendo y se suicidó, tomando un veneno que siempre llevaba consigo. Por caprichos de la historia, ese mismo año moría Escipión “El Africano”, su vencedor en Zama.

En Macedonia, Filipo V moría en 179 ANE. Su sucesor, Perseo, siguió la misma línea de gobierno que su padre, el fortalecimiento de Macedonia como potencia. Pero Perseo agregó unas pinceladas propias al asunto: Intentó crear una coalición greco-macedónica para enfrentar a Roma y llegó hasta a concertar una alianza con Bitinia. Además, intentó asesinar a Eumenes II de Pérgamo, pensando quizás que un sucesor podría no ser pro-romano, pero fracasó.
¡Triste ejemplo el de los reyes!, tan persistentes y tan desmemoriados. Como a Antíoco, Grecia y Bitinia abandonaron a Perseo a su suerte. Persistente hasta el fin, el rey de Macedonia llevó un enorme ejército a enfrentar a Roma.

La suerte se decidió en 167 ANE. El senado romano había enviado a Grecia a Lucio Emilio Paulo, hijo de aquel cónsul que había muerto en Cannas. En Pidna, en la zona costera de Macedonia, la legión romana derrotó una vez más a la falange macedónica. Perseo fue llevado prisionero a Roma y la monarquía macedónica fue abolida. Macedonia fue dividida en 4 repúblicas, con la prohibición expresa de comerciar entre sí. La Segunda Guerra Macedónica había concluído.

Catón

En Roma, desde 184 ANE ocupaba el puesto de censor Marco Poncio Catón. Ejemplo de rectitud y honestidad romana, Catón era frío, cruel y mezquino. Su constante lucha con los Escipiones nos muestra que criticaba el lujo y la altanería de los generales romanos.

En cuanto a los Escipiones, habían “adquirido” un nuevo miembro. Publio Cornelio Escipión Emiliano, hijo de Lucio Emilio Paulo, fue adoptado por el hijo de Escipión el Africano. Llamado Escipión “el joven” obtuvo éxitos en la pacificación de las tribus de Hispania y regresó a Roma, con un reputación propia como todo un Escipión.

Tras la derrota de Perseo, Roma se había llevado mil ciudadanos de la Liga Aquea como rehenes, en castigo por la tibieza en el apoyo de su causa por parte de la susodicha liga. Escipión el joven abogaba por la liberación de los griegos, pero siempre había encontrado la oposición de Catón, que era demasiado conservador para ser pro-griego, como lo eran la mayoría de los romanos (Entre los admiradores de las culturas y tradiciones griegas estaba el propio Escipión)

Cuentan que tras los triunfos de Escipión en Hispania, Catón ya no pudo negarle la liberación de los griegos. Parándose en medio del senado, el censor preguntó a los senadores: “No tenemos cosa más importante que hacer que decidir si un puñado de viejos griegos van a morir aquí o en Grecia?”. De inmediato, el senado acordó la liberación de los griegos. Así era Catón.

Massinisa, el viejo rey númida aliado de Escipión el africano en Zama, asolaba constantemente a la ciudad fenicia con el tácito permiso de Roma y Cartago, bajo el férreo tratado de paz concertado en 201 ANE, no podía hacer la guerra sin permiso de los romanos. Los púnicos pidieron a Roma que intercediera en un conflicto con los númidas y el senado mandó una embajada. En 157 ANE, el de una delegación visitó Cartago y entre los delegados, estaba Marco Poncio Catón.

El viejo censor se escandalizó con la prosperidad reinante en la ciudad. Roma no podía permitirle a la patria de Aníbal que renaciera de sus cenizas. A partir de ese momento, todos los discursos de Catón terminarían con la frase: “Ceterum censeo Carthaginem esse delendam” o sea, “Tambien opino que Cartago debe ser destruida”

En 149 ANE, cansada de las humillaciones constantes a que Massinisa la sometía, Cartago se levantó en armas contra Numidia. Los púnicos fueron derrotados, pero eso no contaba para Roma. Lo importante era que habían “hecho la guerra” sin permiso de Roma.

De inmediato el ejército romano desembarcó en África y exigió a los cartagineses que abandonaran su ciudad y construyeran una nueva ciudad a más de 15 km del mar. Aunque los cartagineses estaban dispuestos a capitular, aquello les pareció demasiado y se decidieron a morir con Cartago.

Por dos años se extendió la heroica epopeya cartaginesa contra el poderoso ejército romano. Catón y Massinisa no vivieron para ver la victoria. Sin apenas recursos, Cartago resistió valientemente y las armas romanas recolectaron derrota tras derrota. Pero eran torpes escaramuzas, extertores de una potencia moribunda frente a un imperio triunfante.

En 147 ANE, Escipión el Joven fue enviado a Cartago y un año después, en 146 ANE (607 AUC) Cartago fue tomada y arrasada. La que una vez fue la reina de los mares había dejado de existir. Todos sus habitantes murieron o terminaron de esclavos en Roma.

Viriato

Mientras esto sucedía, en Macedonia un impostor que decía ser Filipo, hijo de Perseo, levantó un ejército y declaró la guerra a Roma. Quinto Cecilio Metelo fue enviado por el senado y en par de escaramuzas derrotó al macedonio. Fue el fin de la independencia macedónica y el primer territorio del Este en ser anexado como provincia romana en 146 ANE. Este episodio suele conocerse como la Cuarta Guerra Macedónica.

En 149 ANE, Lusitania, en el extremo Oeste de Hispania, se levantó en armas contra el poder romano. Durante diez años, un pastor de nombre Viriato mantuvo a raya a los latinos. Pero en 139 ANE, Viriato fue traicionado y asesinado por su propia gente. No obstante, los lusitanos continuaron resistiendo hasta que, en 133 ANE, el ya habitual Escipión El Joven, ahora “El Joven Africano” tomó la ciudad de Numancia y pacificó totalmente la región.

Ese mismo año, Atalo III moría sin descendencia en Pérgamo. El monarca del siempre fiel a Roma territorio helénico dejó en su testamento el gobierno al senado romano. Roma, fiel a su costumbre, aceptó dicha responsabilidad y Pérgamo se convirtió en la provincia de Asia.

En Roma, el pueblo había sido liberado de impuestos desde la batalla de Pidna, en 167 ANE. El pueblo de Roma vivía de los tributos impuestos a los vencidos. Pero la democracia romana había cambiado. Los poderosos cada vez lo eran más y había surgido una nueva clase: Los terratenientes o poseedores de grandes extensiones de tierra, que la habían adquirido comprándosela a los pequeños propietarios, incapaces de competir con las grandes fortunas.

Los pobres cada vez eran más pobres, familias enteras de pequeños agricultores venían a Roma a vivir del “pan y circo” del senado romano, o sea, del trigo gratis y de los salvajes espectáculos de gladiadores, que surgieron por esa época e iban a hundir a Roma cada vez más en la barbarie y el salvajismo desenfrenado. Además, las guerras de conquista agregaron un nuevo ingrediente a la historia: los esclavos.

Roma se estaba convirtiendo poco a poco en una plutocracia, en una despiadada dictadura del senado, con senadores corruptos que sólo pensaban en como seguirse enriqueciendo. Esa situación explotaría en cualquier momento. ¡Vaya si explotaría!

 

Continua en: Roma, La Eterna (IX)

 

 


 

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